Tragedia en Texas: mal tiempo, política tóxica

El huracán Harvey llegó a Texas y luego vino de nuevo, trayendo La Gran Lluvia que ahogó a Houston, Beaumont, Port Arthur, y otras ciudades y otros estados a lo largo de su camino peculiar.

Pasarán semanas antes de que conozcamos el número total de muertos. El costo económico de reemplazar o arreglar tantas casas es enorme –mucho más de $100 mil millones–, pero peor es el dolor emocional para aquellos que perdieron seres queridos, hogares, autos, mascotas y recuerdos.

Todo esto ha sido bien informado, pero algo clave ha quedado fuera de las principales narrativas de los medios centradas en la pérdida, rescates heroicos y coraje desinteresado. Hay una gran parte que falta en la historia que los medios de comunicación cuentan sobre Harvey, una importante omisión que conduce a una imagen distorsionada.

Esa parte es el papel del modelo de Texas de capitalismo salvaje del Oeste –el modelo que por varias décadas los republicanos han estado promoviendo, demasiado frecuentemente con bastante éxito, para la nación.

Houston, para citar uno de los cientos de ejemplos, creció hasta convertirse en la cuarta ciudad más grande del país sin la molestia o el beneficio de las leyes de zonificación.

Ahora se saben los resultados. ¿Construir en un área que inevitablemente se inundará en algún momento? ¿Por qué no, si no hay regulación legal en contra, se obtendrá un buen beneficio y el propietario de la casa y las compañías de seguros cargan con las pérdidas?

¿Establecer fábricas que fabrican materiales peligrosos, explosivos e inflamables en medio de urbanizaciones residenciales, escuelas, hogares de ancianos y hospitales? No hay ninguna ley en contra de ello en Texas. El resultado es ahora evidente a medida que miles de residentes que viven cerca de instalaciones industriales peligrosas, ahora incendiadas y explotando, tuvieron que ser evacuados en medio de una inundación.

La lente a través de la cual los medios de comunicación ven todo esto es un desastre natural, pero no hizo falta un huracán para que una planta de fertilizantes en la ciudad de West Texas estallara repentinamente hace unos años, matando a muchas personas que por ausencia de  regulaciones de zonificación vivían en áreas adyacentes. Esa advertencia cayó en oídos sordos entre los republicanos predominantemente conservadores que gobiernan el estado en el interés del capitalismo libre para todos.

Los medios, cansados ​​de ser acusados ​​por los republicanos del presidente para abajo por el hecho de fomentar la división y distorsionar la realidad simplemente por cubrirla, saltaron sobre una historia que presentaba a gente que se unía para ayudarse mutuamente con gran emoción y excelentes imágenes como bonificación.

No hay duda de que Harvey fue una fuerza de la naturaleza, o para algunos un acto de Dios. Pero lo que siguió no fue simplemente el resultado de un desastre natural. Fue posible en parte por la acción humana fundada sobre una cierta ideología y política. El sociólogo Joe Fagin capturó el espíritu de esa ideología y esa política en el título de su libro acerca de Houston, publicado hace más de veinte años: “Ciudad de libre empresa”.

Texas es muchas cosas, algunas de ellas maravillosas como la difunta gobernadora Ann Richards, quien le dijo a George W. Bush en un debate que él había nacido en tercera base y se creía que había bateado un triple. Igualmente Molly Ivins, una columnista popular progresista que formó su agudo ingenio sobre las grotescas payasadas y el desdén por el interés público que son endémicos en la legislatura estatal. Actualmente se elogia al estado con razón por el valor de los ciudadanos que se enfrentaron a las inundaciones para salvar la vida de extraños totales.

Sin embargo, políticamente, Texas es importante porque está más cerca que nadie de la utopía republicana de cero gobierno, regulación cero. La utopía es siempre irrealizable, pero proporciona un horizonte hacia el cual mirar y marchar.

El mundo sumergido de grandes franjas de Texas es hoy el paisaje que resultaría, a escala nacional y global, si los republicanos tuvieran éxito en la formulación de políticas sobre el tipo de fundamentalismo de libre empresa y el negativismo al cambio climático que es tan texano como el Álamo.

Pero Texas también está en el proceso de marchar hacia un panorama muy diferente, un panorama que es paralelo al movimiento en la nación. Texas y Estados Unidos están pasando a un estado de minoría-mayoría, lo cual debería desembocar en una mayoría demócrata y una nación más progresista.

Por lo tanto, la pregunta es si los republicanos y otros reaccionarios lograrán rehacer a Estados Unidos a la imagen de la Ciudad de la Libre Empresa (construida no en una colina sino en una llanura inundada) o los demócratas, los progresistas y las minorías se les adelantan y avanzan hacia una nación post-racial y post-capitalismo salvaje.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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