Salarios e ingresos entre signos de interrogación

LAS TUNAS. ¿Cuánto ganan los cubanos? ¿Cuál es el verdadero alcance de esos ingresos? Ambas preguntas se reiteran en análisis sobre la realidad económica del país sin que haya una respuesta única ni muchos menos concluyente.

Aparentemente lo más sencillo sería conocer el monto de los honorarios de los trabajadores de las empresas estatales, aproximadamente el 70 por ciento de la fuerza laboral empleada. Reportes oficiales indicaron que el salario medio allí continuó creciendo a ritmos ciertamente inusitados. Si entre 2008 y 2013 se elevó apenas 63 pesos (moneda nacional o CUP), la entrada en vigor de sistemas de pago más justos en las unidades productivas no presupuestadas y nuevas normas salariales para las instituciones sí dependientes por completo de las arcas públicas, hicieron trepar los sueldos medios unas 269 unidades ubicándolos en los 740 pesos.

Pero los promedios son engañosos y ocultan las diferencias regionales o sectoriales. Eso la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) lo suple acotando que los jornales más altos van a los bolsillos de quienes trabajan en las minas, las canteras o en la industria azucarera. Mientras que ¡cosa rara! en los hoteles las mensualidades andan por los 556 pesos.

Las provincias de Villa Clara, Matanzas, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus y Pinar del Río serían las más prósperas para los trabajadores estatales porque allí han estado los mayores incrementos salariales. Lo contrario ocurrió en La Habana, que ya dejó de ser territorio con el salario medio más alto, primacía que era suya en 2006.

Sin embargo, analistas advierten varias insolvencias de los números hasta aquí citados.

Ariel Terrero explica que la información sobre el gasto salarial de las empresas deja fuera a las estimulaciones en pesos convertibles (CUC) que algunas entregan a sus trabajadores. Hace notar que “si constituye en Cuba una tentación trabajar en el turismo y hotelería es por sus estimulaciones en divisa”.

El vacío informativo se ahonda por otros datos que corren igual suerte. Así sucede con las entradas monetarias de los empleados estatales que ejercen algún tipo de trabajo por cuenta propia. En territorios como Ciego de Ávila, que según la ONEI tiene el salario medio más alto en el sector estatal desde hace por lo menos tres años, el 20 por ciento de los cuentapropistas figuran también en las nóminas del Estado.

Peor ocurre con el sector privado, cuyos salarios e ingresos están sujetos, hasta ahora, a estimaciones dispares y por ende cuestionables. Sobre el particular Terrero enfatiza que las estadísticas públicas disponibles los eluden por completo cuando, sobre todo los contratados por otros cuentapropistas, “en realidad constituyen un personal asalariado en términos similares a los de sus colegas de empresas estatales”.

Carmelo Mesa-Lago hace sus propias estimaciones combinando los datos de la ONEI y la observación directa en La Habana entre el 27 diciembre 2016 y el 2 de enero 2017.

“En 2015-2017, afirma, usando el salario medio estatal como base (1,0), el ingreso de un cuentapropista o trabajador en turismo era 5,8 veces mayor, el de un paladar (restaurante) de lujo era 285 veces mayor y el de un rentista de mansión de lujo 424 veces mayor”.

Sus datos, aunque válidos, no podrían ser generalizados para todo el Archipiélago. Nunca será lo mismo sacar adelante un establecimiento capitalino visitado por clientes de alto poder adquisitivo que hacerlo con un modesto puesto que vende las tan comunes “completas” (una ración de comida) al costado de la carretera central.

La Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT) informó que al final de 2016 los cuentapropistas legalmente obligados a hacerlo declararon ingresos brutos por cinco mil 100 millones de pesos, mil 275 millones más que en 2015. Eso permite conjeturar que o bien mejoró su disciplina fiscal o efectivamente se elevaron sus ingresos. La cifra sigue siendo incompleta pues ellos son aproximadamente unos 170 mil, mucho menos de la mitad de los 535 mil oficialmente registrados ante el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) a inicios de este año.

Saira Pons Pérez refiere que “en poco más de cuatro años, el número de emprendimientos privados se multiplicó por tres”. Algo que, explica la investigadora del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana, significa que incrementaron en tres puntos porcentuales su participación en el producto interno bruto nacional. En agosto ya son el 12 por ciento de la fuerza laboral activa del país. Hablamos de un segmento que probablemente no llegue a ser mayoritario, pero sí a tener en cuenta.

Esto sería particularmente relevante para algunas zonas del país. Digamos provincias como La Habana, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba que agrupan al 66 por ciento de todos los representativos del sector privado dentro de la economía. Si se quiere estimar los ingresos reales de quienes habitan esos territorios no parece muy inteligente quedarse solo con el dato de los trabajadores en el sector público.

¿Y qué hay del alcance de los ingresos?

Hasta ahora es imposible conocer con un rango de cientificidad aceptable cuánto ganan las cubanas y cubanos. Las particularidades de una economía segmentada en varios mercados y disímiles tasas de cambio enturbian, de nuevo, el empeño.

Ariel Terrero abunda en lo obvio para los nacidos aquí, pero a menudo incompresible para los visitantes foráneos: el mismo peso cubano (CUP) puede comprar algo en establecimientos de productos sujetos a racionamiento y muy poco en otros perteneciente a la red de tiendas recaudadoras de divisas (TRD). En sentido inverso la política social del Estado cubano confiere a la ciudadanía una capacidad de maniobra comparativamente diferente a otros países al asumir casi en su totalidad el costo de los servicios médicos y de educación y en menor medida de otros como electricidad y agua.

En 2012 el economista Raúl A. Sandoval González fijó el costo de la canasta alimentaria en Cuba en los 420 pesos. Al contrastarla con los gastos de alimentos más habituales indicó que la línea roja de los ingresos mínimos indispensables para una familia cubana (o línea de pobreza) eran los 841.40 pesos. De entonces a la fecha los precios han continuado subiendo en el mercado informal, mientras otras políticas gubernamentales bajaron mínimamente las cotizaciones de productos de alta demanda como aceite y pollo en las TRD. Por tanto, a cinco años ya parece mucho para tomar a pie juntillas los guarismos definidos por Sandoval González.

Un sondeo realizado en un barrio de La Habana en 2015 ubicó los gastos medios mensuales de los hogares en los mil 955 pesos. Redondeada a los dos mil pesos, el monto ha sido asumido por otros observadores como el mínimo necesario para costear la canasta básica. Hacerlo es, sin embargo, pasar por alto que sigue siendo una apreciación excesivamente apegada a la coyuntura de la capital del país, la cual no necesariamente es similar a las existentes en el resto del Archipiélago. No obstante, compare la citada  cifra de gastos mensuales con el salario promedio y…

A muchos debería preocuparle

La cuestión de por dónde andan los salarios y por extensión los ingresos no es ociosa para ninguno de los actores económicos de la Cuba contemporánea. A los representativos del sector público les toca muy de cerca pues la imprecisión de la información disponible le resta contundencia a la afirmación de que sus sueldos están subiendo.

Indagar sobre ingresos les sonaría a los cuentapropistas como intromisión en sus asuntos si no fuera porque algunos son de hecho pequeñas empresas y en el Parlamento cubano se anunciaron medidas tendientes a impedir que entren en un proceso de concentración de la riqueza.

A esos pequeños y medianos empresarios les es relevante incluso lo que ocurra con el salario medio del segmento estatal porque como detalla Saira Pons la base para aplicarles el impuesto sobre la fuerza de trabajo si bien es su nómina salarial, “esta no se deja a la libre declaración del contribuyente y se utiliza como referencia el salario medio de la provincia donde está registrado el negocio”.

Por otro lado ¿Es sensato valerse entonces de un indicador incompleto como el salario medio para catalogar a un cuentapropista de subdeclarante o no de sus ingresos personales? Hacer generalizaciones de esa índole con datos parciales, es cuanto menos simplistas si, como se ha visto, los salarios y los ingresos de la ciudadanía están sujetos a demasiadas interrogantes todavía.

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