“¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!”

“Vuestra causa es noble y Dios está con vosotros”, dijo Zbigniew Brzezinski, asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter, a sus criaturas, los yihadistas. En una entrevista de 1998 Brzezinski se vanoglorió: “¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!” Lo que acaba de suceder en Barcelona, es una consecuencia de aquella creación.

Hay palabras que irrumpen en los medios, subyugan al público y sustituyen a otras que significan exactamente lo mismo. Por ejemplo, los racistas estadounidenses blancos de toda la vida ahora ya no se llaman así, ahora se llaman “supremacistas”. En la década de los 80, si alguien era un talibán, es decir, un fundamentalista islámico que mataba por sus creencias, era un “muyahidín”. En la práctica, y puesto que el concepto de yihad aparece muchas veces ligado al combate militar, muyahid tiene un sentido de “combatiente musulmán” o “combatiente por el islam”. Desaparecida la palabra de los medios, el concepto es el mismo -combatiente islámico fundamentalista o talibán- pero ahora el muyahidín ha pasado a ser el yihadista.

En un libro de memorias que en su día causó sensación [1], Robert Gates, ex director de la CIA (1991-1993) y Secretario de Defensa (2006-2011) escribió que los servicios secretos estadounidenses comenzaron a ayudar a los muyahidines afganos seis meses antes de la intervención soviética de 1979. El entonces presidente Jimmy Carter aprobó una directiva secreta que puso en marcha la Operación Ciclón, el nombre en clave del programa de la CIA para reclutar a los fundamentalistas islámicos (luego conocidos como muyahidines) contra el gobierno socialista de la República Democrática de Afganistán (1978-1992) apoyado por los soviéticos.

Seis meses antes de la entrada del Ejército Rojo en Afganistán (víspera de Navidad de 1979), la CIA puso en marcha la Operación Ciclón, enviando a 30.000 mercenarios armados a Afganistán para arrasar el país, difundir el terror, derrocar el gobierno marxista del Doctor Nayibolá y tender una trampa a la URSS: convertirlo en su Vietnam, como escribió en una nota dirigida al presidente Jimmy Carter su asesor en seguridad, Zbigniew Brzezinski. Y lo consiguieron. A su paso, violaron a miles de mujeres, decapitaron a miles de hombres y provocaron la huida de cerca de 18 millones de personas de sus hogares, casi nada. Un caos que continúa hasta hoy.

“¿Qué es lo más importante para la historia del mundo? ¿El Talibán o el colapso del imperio soviético?” Esa fue la respuesta de Brzezinski, a la pregunta de la revista francesa Le Nouvel Observateur (del 21 de enero de 1998) sobre las atrocidades que cometen los yihadistas de Al Qaeda. Una escalofriante falta de ética de individuos como él que destruyen la vida de millones de personas para alcanzar sus objetivos.

El asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter: ¡Yo creé el terrorismo yihadista y no me arrepiento!

Los muyaidines “inventados” y generosamente armados y financiados por Estados Unidos son la piedra angular sobre la que se levanta el terrorismo “yihadista” y al que Samuel Huntington dio cobertura teórica con su Choque de Civilizaciones. Galgos o podencos, muyaidines, o yidahistas, consiguieron dividir a los pobres y desheredados haciendo que se mataran en Afganistán, Irak, Yugoslavia, Yemen, Libia y Siria.

Una vez probados en Afganistán, la OTAN envió a los “yihadistas” a Yugoslavia con el nombre del Ejercito de Liberación de Kosovo; luego a Libia con el nombre de “Ansar al-Sharia”, (Partidarios de la Sharia), una milicia islámica que aboga por la aplicación estricta de la ley islámica en toda Libiay, y luego a Siria, donde primero les denominó “rebeldes” y luego les dio otra media docena de nombres diferentes que culminaron con la creación del Estado Islámico.

Siria, finales del 2013. Los neoncons aumentan la presión sobre Obama para enviar tropas a Siria, y necesitan una causus belli. Obama y sus asesores se negaban a intervenir alegando varios motivos: El veto de Rusia y China a una intervención militar en el Consejo de Seguridad, la ausencia de una alternativa capaz de gobernar el país una vez derrocado o asesinado el presidente Asad, el temor a una situación caótica en la frontera de Israel. Los sectores más belicistas del Pentágono y la CIA, además de Qatar, Arabia Saudita, Turquía y los medios de comunicación afines contaminan a la opinión pública con las imágenes de decapitaciones y violaciones cometidas por un hasta entonces desconocido Estado Islámico. El presidente Obama pierde la batalla- Una vez que el mundo acepta que hay que hacer algo, y al carecer de permiso de la ONU para atacar Siria, el Pentágono, el bombero pirómano, diseña una especial ingeniería militar:

En junio de 2014 traslada a un sector del Estado Islámico de Siria a Irak, país bajo su control, dejando que ocupara tranquilamente el 40% del país, aterrorizando a cerca de ocho millones de personas, matando a miles de iraquíes, violando a las mujeres y niñas. Organiza una fuerte campaña de propaganda sobre la crueldad del Estado Islámico, semejante a la que hicieron con las lapidaciones de los talibanes a las mujeres afganas, para así poder “liberar” a aquel país. Cuando el primer ministro iraquí Nuri al Malikir se opuso al uso del territorio iraquí para atacar a Siria, Estados Unidos desata una ola de atentados terroristas que logran desestabilizar al país y provocan la caída del Gobierno Malikir.

Objetivo conseguido: Estados Unidos por fin logró bombardear, ilegalmente, Siria el 23 de septiembre del 2014, sin tocar a los “yihadistas” de Irak. Gracias al Estado Islámico, por primera vez en su historia Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Alemania cuentan con bases militares en Siria desde donde podrán controlar toda Eurasia. Siria deja de ser (tras la caída de Libia en 2001 por la OTAN) el único país del Mediterráneo libre de bases militares americanas.

Y lo sorprendente: desde esta fecha hasta ahora, el Estado Islámico mantiene ocupado el norte de Irak sin que decenas de miles de soldados norteamericanos hagan absolutamente nada. Al final, el ejército iraquí y las milicias extranjeras chiítas liberan Mosul, eso sí, cometiendo terribles crímenes de guerra contra los civiles.

En esta corporación terrorista internacional, la CIA se encarga del entrenamiento, Arabia Saudita y Qatar de “cajero automático” como dijo el ministro alemán de Desarrollo, Gerd Mueller, y Turquía, miembro de la OTAN, acoge, entrena y cura a los hombres del Estado Islámico. ¡Son los mismos países que forman la “coalición anti –terrorista!

Si es cierto que el Estado Islámico, el grupo terrorista mejor financiado de la historia, es la nueva amenaza para la paz mundial; que Qatar es su cajero automático y Arabia Saudita es, como revela Hillary Clinton, el pagador del terrorismo yihadista global, ¿por qué la OTAN y Estados Unidos no actúan contra estos patrocinadores del terrorismo? Respuesta: porque supondría morder la mano que te da de comer. Todos os países occidentales, incluida España, firman acuerdos de venta de armas con Arabia Saudí por valor de miles de millones. Y Riad ha utilizado la armas occidentales para aplastar las protestas democráticas de Bahréin y de Yemen, donde hay dos bases militares estadounidenses. Y todo ello sin la autorización de la ONU. © Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

[1] Duty: Memoirs of a Secretary at War. Alfred A. Knopf,2014.

Arriba foto de Zbigniew Brzezinski, quién fue asesor de seguridad del presidente Jimmy Carter. 

(Tomado del blog Cartas Desde Cuba que lo tomo de Última Hora Madrid)

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