LA HABANA. La noticia destapada por un medio estadounidense y posteriormente publicada en una nota oficial del ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba sobre la enfermedad auditiva que han presentado varios diplomáticos estadounidenses, pudiera convertirse en un serial de espionaje y misterio por capítulos.

Todo comenzó a finales de 2016 cuando varios funcionarios estadounidenses y sus familiares, según el Washington Examiner y la agencia AP, tuvieron que regresar con padecimientos en sus capacidades auditivas. Sin identificar cargos y funciones ni reportar los nombres de los afectados, suponen que la pérdida de audición en diversos grados podría haber sido ocasionados al estar sometidos a un ataque sónico. Vinculan la agresión acústica con las residencias en las que vivían ya que todas son estatales. Menos mal que no eran viviendas del sector cuentrapropista, de lo contrario echaría leña al fuego.

No obstante para dar mayor altura a la noticia dado que el mundo de la información viaja entre griterías amenazantes de Corea del Norte, con Trump respondiendo con una devastación nunca antes vista y el problema interno de Venezuela, que anda en el colimador internacional –al que se aspiró sumar al gobierno cubano–, un ingrediente de la isla vendría bien. Así reportaron que EE.UU. había decidido en mayo 23 la expulsión de dos diplomáticos cubanos.

Posteriormente (ayer agosto 09), el ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba publicó una nota oficial sobre el caso en la que reitera la disposición de la isla a colaborar en las investigaciones sobre los diplomáticos devenidos en hipoacúsicos y lamentaba la decisión de expulsar a sus funcionarios. No entiendo los motivos de enterarnos dos meses y días después de que nuestros diplomáticos estaban en la isla.

De ambos lados poca y tardía información lo cual mueve a la curiosidad y a la intriga.

¿Cómo un suceso iniciado en 2016 capaz de originar en mayo de este año la expulsión de diplomáticos cubanos se ha mantenido tan en “sió, callado”, hasta ahora? ¿Por qué no se les identifica? ¿Por qué ambas partes  no ahondan en los supuestos o reales hechos? ¿Acaso abrir las compuertas de la imaginación del público será el capítulo piloto concebido por los guionistas de Washington?

Mientras no haya claridad no me compro el esbozo de novela de intrigas. Estas se las dejo a Washington y a su Casa Blanca que bastante genera, posee y le investigan. Pienso mejor que todo puede deberse al auge que en Cuba ha tomado el reguetón –no estoy en su contra, sí repudio la saturación–, promovido con más fuerza, escuchado a todo volumen en cualquier hora y lugar, lo mismo público que privado.

Piense el lector en el titulado el “Palón divino”. ¿Los diplomáticos dañados auditivamente lo habrán estado escuchando una y mil veces  en cualquier esquina de La Habana Vieja o en sus viviendas? Ese “palón” al calentar y mover con fuerza la sangre puede ocasionar coágulos viajeros capaces de alojarse en los oídos de cualquiera. No importa si es diplomático o vive en Centro Habana.

Imagen de portada: LAZ / Juventud Rebelde.

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4 Responses to El reguetón y la sordera diplomática

  1. lo del reguetón y la sordera diplomática estaba ayer entre los comentarios de visitantes en cubadebate… al igual que la pregunta del millón: para qué iba el gobierno cubano a poner artefactos sónicos en las viviendas de los diplomáticos estadounidenses para dejarlos sordos?!…

    para hacer mejor la telenovela, una página web de noticias hablaba de la posibilidad de que no hubiesen sido los cubanos sino un comando extranjero que entró al país y colocó esos aparatos pa joder a los patiblancos, así de simple… adivinan de qué país se especula procede el comando que sin contar con el gobierno cubano y en operación sordera penetró en las viviendas de los yumas y les puso los tarequitos?…

    rusos… fueron los rusos!… wao!… qué original!…

  2. Yeyo: Calificaría como pujo que los cubanos nos enteraramos hace un par de días que dos diplomáticos nuestros habían sido expulsados el 23 de mayo? Cuando Rusia expulsó a unos 400 funcionarios estadounidenses enseguida fue publicado en nuestros medios. Por qué esperar a que el The Washington Examiner y la AP dieran algún que otro elemento para entonces conocer un tín más mediante nota de nuestra cancilleria? Calificaría de pujo que no se haga público las circunstancias, hechos y demás? No se quede con reguetón que es la coloratura. Saludos cordiales y gracias por opinar.

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