LA HABANA. Cuba es cada vez más un eterno verano, eso lo sabe incluso quien anda en su carro con aire acondicionado porque en alguna parte tendrá que bajarse a lidiar con este sol. También con el aire roto de alguna tienda a la que no han podido ponerle ventiladores, que es casi una especie en extinción cuando más falta hace, y cuando aparece llega el que acapara y se lleva entre cinco y diez de un tiro y el quinto en la cola no alcanzó. Incluso lo notará en la cuenta de la electricidad de este mes, si es que no es de los que le paga al cobrador de la empresa eléctrica esos 10 o 12 cuc que alivia el costo del consumo eléctrico del hogar.

Pero la calle a esta hora está que arde, y sale uno a irritarse, a lidiar con el otro que también tiene calor. Varias veces ha tenido Cuba que acortar las jornadas de trabajo porque el pico de electricidad es demasiado alto y es preciso priorizar el sector poblacional. Entonces llega uno a una oficina después de las dos de la tarde y ya no puede hacer su trámite. Pero agradézcalo: no es humano asistir al desgaste que provocan ciertas oficinas emplazadas en casas viejas con ventanales clausurados por el deterioro y escasa o ninguna fuente de ventilación.

Si ya usted llega molesto porque ha sudado todas las sales y minerales que necesita el cuerpo para sobrevivir a este calor, imagínese el humor de quien lo va a atender. Es importante tener en cuenta que nuestro cerebro funciona de forma óptima cuando la temperatura corporal está entre los 35 y los 40 grados centígrados. Superados estos niveles el cuerpo adquiere un estado de estrés que promueve la irritabilidad, la agresividad y la incapacidad reflexiva, esto, sumado al agotamiento físico, precisaría de un milagro de la comunicación para que no se dé allí al menos un malentendido.

Ya desde 1968 se habían realizado estudios sobre cómo afecta el clima la conducta de la gente. La flema inglesa no podría importarse a este Caribe, la exposición al sol y a las altas temperaturas cargadas de esta humedad no pueden sino impulsar ese carácter exaltado del cubano. Así puede encontrarse usted a una que pide a gritos al chofer que acabe de abrirle la puerta de atrás antes de que mate a uno ahí mismo. O tiene que apartarse del nudo que se ha formado porque aquella que se sentó en el asiento amarillo destinado a embarazadas, mujeres con niños o discapacitados, alude a su dolor de ovarios como defensa de su descanso y la que acaba de subir la amenaza con sacarla del puesto por los pelos. La gente se suma al evento y pide violencia, “métele, duro, métele”, dicen, y uno se queda de piedra esperando que se forme un caos avivado por el sudor y el exceso de personal en el ómnibus.

Y todo esto está bien para tenerlo en cuenta en caso de que le toque a uno lidiar con otro más acalorado, llenarse de paciencia y andar en perfecto equilibrio porque uno nunca sabe qué puede provocar un roce, un empujoncito de esos que se dan cuando abajo hay más de veinte personas y el chofer te dice que avances, que la guagua está vacía.

Pero resulta que hay muchísimas paradas que quedan al descampado, y hay que ver que la mayor parte del tiempo de un cubano ocurre entre una espera y otra de un P(algo) que lo acerque al trabajo, al hogar, a la oficina aquella de tal trámite. Y hay que ver que las mismas guagüitas que cobran cinco pesos porque tienen aire acondicionado y asiento bueno te siguen cobrando lo mismo y ya no tienen aire, y uno se pregunta que hasta cuándo.

Hay que ver que porque el porte y aspecto se había convertido en un desastre se decidió no dejar entrar jamás a un hombre en short a un establecimiento, pero habría que determinar en cuáles locales y bajo qué circunstancias hacemos cumplir esta ley que atenta contra la necesidad de andar holgados. Ningún extranjero viene a Cuba en pantalones largos y entran a todas partes, aunque claro, ya sabemos que el cubano tiende a exagerar y pronto habrá quien se pasee desnudo, pero hay vestimentas y vestimentas y por allí habría que mirar.

Pero el calor también nos trae la sequía, las infecciones respiratorias agudas, las enfermedades y accidentes cardiovasculares y cerebrovasculales, las crisis hipertensivas, las cefaleas, las enfermedades diarreicas agudas, las hepatitis virales, la varicela, y una intensificación del dengue, el zika y otros relacionados con el impasible Aedes aegypti. Hasta antes de que empezaran los meses de julio y agosto en Cuba se habían reportado 1847 casos de zika, y aunque no se reporta transmisión activa de dengue o casos de cólera, al menos no oficialmente, sí circulan cinco virus respiratorios con una notable incidencia: H1N1, parainfluenza, influenza A, H3N2 y Rinovirus coronavirus.

Yo misma tengo ahora una tos que me mata y solo encontré un expectorante en la farmacia del Mónaco después de andar todo El Vedado y Regla, y escuché a una médico residente ecuatoriana recetar a otro paciente con tos un antitusivo que nunca se ha comercializado en Cuba. Tengamos cuidado. El jarabe de orégano que conseguí en el Mónaco o cualquiera de estos logros de la medicina natural cubana no debería faltar por esta temporada en las farmacias. Campo tenemos, y los 0,02 gramos de cada uno de los otros ingredientes que hacen de la yerbita un medicamento comercializable no deben ser tan difíciles de producir o importar, o priorizar para estos casos agudizados por este sopor. A los residentes extranjeros habrá que informarlos mejor, ¿no?

No sesgamos en la batalla contra el mosquito, pero todavía quedan taaantos charcos y basureros y herbazales. No podemos bajarle la temperatura al ambiente, pero sí proveer de protección contra el sol a las paradas, revisar que el servicio de transportación no promueva la irritabilidad ciudadana con esa música estridente con la que se hace acompañar, no permitir que el pomo de agua que cuesta 45 centavos en CUC —que ya está caro a ese precio—, cueste en el puesto de al lado 20 pesos o 1 CUC y que sea allí donde único se encuentre. También se podría velar porque las frutas, esas refrescantes imprescindibles contra el calor, no cuesten ese desorbitar de ojos, y convendría estar más informarnos acerca de esos casos de epidemia que uno solo conoce porque a este y a aquel le ha dado el dengue o el zika y estaba más que lleno el hospital.

Mi recomendación: Lávese las manos, no ande bajo el sol sin protección, tome abundante agua, trate de no salir entre 11 a.m. y 3 p.m., consuma alimentos ligeros y mejor si no los come en la calle, y respire antes de interactuar. Todos tenemos calor, mucho calor, tratemos entonces de no descargar nuestro estrés térmico en los demás.

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