Dar crédito a Trump por crear el peor y más exitoso reality show de todos los tiempos

Démosle crédito al presidente Donald Trump por algo. Si es entretenimiento lo que desean, el Donald lo ofrece –a veces a diario y con historias en constante cambio. Y seguramente Estados Unidos, ahora dirigido por los Trump, ya no es considerado estable; pero si ustedes son ricos y pueden permitirse el lujo de perder el tiempo, este puede ser el lugar ideal. Nos hemos convertido en el equivalente de una de esas telenovelas en español, con una mezcla de la Amanda Pope de Kerry Washington en la serie de televisión “Scandal”, y sólo un toque de “Dynasty”, ese feudo familiar de amor y odio alimentado por la riqueza, en horario estelar de la televisión de la década de 1980.

Déjenlo de ver un día un día y estarán fuera del bucle de la Casa Blanca.

Bajo la administración Trump no podemos afirmar ser una nación mejor o más segura, en parte debido a las distracciones y la estupidez galopantes en Washington. Al mismo tiempo, la televisión y los medios de comunicación no se cansan de este melodrama escenificado y dirigido por el “Estás Despedido” en jefe de la nación.

Fue justo la semana pasada (¡vaya!, parece que hace más) que el jefe de personal de Trump, Reince Priebus, fue destituido, o puede que se haya separado del presidente, u… honestamente, nadie lo sabe realmente, pero quédense en sintonía y PUEDE que nos enteremos.

Se nos dice que Priebus, y antes que él Sean Spicer [¡Sí! El secretario de prensa de la Casa Blanca, famoso por la personificación que hizo de él Melissa McCarthy durante sus presentaciones en “Saturday Night Live”], había sido cesado por el nuevo director de comunicaciones de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci, el italiano mal hablado de Queens [él se jactó de su ascendencia italiana en cada oportunidad], quien le dijo a un periodista de la revista New Yorker que Steve Bannon, un asesor de Trump, se dio a sí mismo sexo oral (en lenguaje más crudo), entre otras descripciones valiosas de lo que estaba pasando en la Casa Blanca.

Entonces vino el general. John F. Kelly, un respetado general de cuatro estrellas de la Infantería de Marina, quien la semana pasada estaba al frente del Departamento de Seguridad Interna, nombrado jefe del gabinete en sustitución de Priebus. El general Kelly no perdió tiempo en sacudir las cosas y se deshizo del guapo del barrio Scaramucci después de 10 días en el trabajo. Scaramucci había afirmado ser tan leal y amar tanto a Trump que se perdió el nacimiento de su propio hijo y no acudió al hospital durante días, según los periódicos, antes de conocerlo. El viernes pasado, la esposa de Scaramucci presentó una demanda de divorcio.

Dicen que el próximo es Steve Bannon, lo que sería una buena noticia si no fuera por el hecho de que este presidente, en sólo seis meses –parece mucho más– ha drenado el pantano, tal como prometió durante su campaña, sólo para llenar el espacio vacío con lo que parece un montón mucho más peligroso de criaturas salvajes nunca antes visto, que están dispuestos a arrancarse la cabeza mutuamente por un hombre que no es leal a nadie más que a sí mismo.

Y la peor parte de este desastre no son los despidos ni los nombramientos. Es el hecho de que demasiados estadounidenses están preocupados porque no tendrán atención médica el próximo año, o hasta si el planeta sobrevivirá al calentamiento global. Demasiados estadounidenses no pueden creer que están teniendo dificultades para enviar a sus hijos a la universidad, a pesar de que una madre y un padre trabajen –a veces en dos trabajos cada uno. Demasiados estadounidenses no duermen por las noches pensando en envejecerán y no tendrán los medios para vivir decentemente como ciudadanos de la tercera edad en la nación más rica de la tierra. Y demasiados estadounidenses no pueden entender cómo una economía que nos dicen está tan boyante no se refleja en nuestro salario semanal y en un nivel de vida decente para la mayoría en este país.

La verdad es que todavía hay muchos estadounidenses que se niegan a creer que lo que llamamos una democracia se ha convertido en una plutocracia total en la que la economía seguramente está muy boyante –para el 10 por ciento al que parece preocuparle poco el 90 por ciento restante.

Ni siquiera hablaré de los desastres internacionales a los que Trump parece enfrentarse con la actitud de que dejar caer la bomba más grande desde las que diezmaron a Japón para terminar la Segunda Guerra Mundial resolverá todos nuestros problemas en el extranjero.

Sin embargo, hasta la fecha, el 35 a 40 por ciento que votó a favor de Trump para volver a hacer grande a Estados Unidos –la gran mayoría de la cual sentirá la ira de sus políticas en el futuro– sigue apoyando a un presidente cuyo único logro hasta la fecha es crear el más exitoso reality show de televisión que el mundo ha visto.

Y aunque la audiencia está en el máximo de todos los tiempos, el contenido que se proyecta es pobre, de mala calidad, obsceno y nos lleva por un camino de destrucción.

Foto de portada: Scaramucci a la izquierda y el General Kelly a la derecha.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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