LAS TUNAS. Junto a los titulares en las noticias las cosechas perdidas en Cuba dejan la impresión de que en cierta medida los involucrados en hacer funcionar los engranajes del proceso de recolección, traslado, venta o procesamiento de las producciones agrícolas no saben qué hacer cuando la tierra da alimentos en abundancia.

Dolorosamente cierto

No debe haber sido muy agradable para varios campesinos cubanos ser los protagonistas de los testimonios vistos o leídos en estos días. “¿Cómo puedo hacer valer el derecho a que se respete mi esfuerzo?”, se preguntaba Agustín Sanz Rodríguez, residente en el occidental municipio Madruga en Mayabeque. Él se quejaba porque a su cooperativa ya no le comprarían las 20 toneladas pactadas debido a problemas en la industria procesadora. En consecuencia, sus frutas no irían al destino previsto, o peor aún, se pudrirían.

A finales de junio en Guantánamo, al otro extremo de la Isla, dos cooperativas en el municipio Manuel Tames tuvieron que recurrir al “Plan B” cuando el destinatario planificado de sus mangos, la Fábrica de Conservas de Vegetales Guaso, les notificó que no los recibiría por carecer de los envases requeridos para almacenar la pulpa del fruto. Por suerte, la Empresa de Conservas y Vegetales del propio territorio asumió la tarea, pero no sin pasar por malos ratos también. Según la televisión local parte de la pulpa hubo que enviarla rápidamente hacia su homóloga en la provincia de Sancti Spíritus porque se venció la licencia del software que operaba las máquinas de su llenadora aséptica.

Un mes después la situación no había mejorado mucho, según denunció Orlando Bombalé Luna, presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Ángel Bouza Calvo: “Tenemos muchos problemas que no son nuevos en absoluto, ahora alcanzaron niveles más altos por la paralización de las industrias y la falta de envases”, dijo.

En total, hasta mediados de julio la provincia guantanamera dio por perdidas unas mil 600 toneladas de mango, indicaron fuentes de la Delegación Provincial de la Agricultura allí.

A inicios de año pasaron por una situación similar pero con el tomate, cuando las 12 mil toneladas acopiadas superaron con creces las estimaciones más optimistas. El corresponsal de la prensa nacional opinó que se hubieran colectado más de no ser por falta de previsión… ¡y de envases!

Segundas partes de lo mismo

En su sesión de mitad año el Parlamento cubano volvió a encarar el asunto de las cosechas perdidas. En el foro se escucharon, otra vez, las críticas de los diputados a una situación reiterada en el tiempo y lugares diversos.

“Algunos productos, como el mango, se pierden en el campo por insuficiencias en la minindustria”, expresó Graciela Rodríguez, parlamentaria por el municipio de Banes (Holguín), con una intensa trayectoria como directiva en los establecimientos de acopio agrícola. Allí mismo el también holguinero Jorge Antonio Pérez, campesino de la CCS Aracelio Iglesias, hizo notar la obsolescencia tecnológica de las plantas procesadoras de los productos agrícolas. “Se han destinado inversiones a la industria láctea, lo cual es bienvenido, pero la de procesamiento de vegetales, que demanda una inversión más económica con un alto valor agregado, no se ha tocado aún”, precisó el diputado. Su colega por la provincia de Granma, Yaqelín Puebla, dibujó un panorama similar y recalcó que “los productores y el pueblo nos han pedido explicaciones sobre esto”.

“El año que viene va a haber más producción y qué vamos hacer, ¿volveremos a decir el mismo problema?”, inquirió Israel Pérez. De hecho la voz de este parlamentario por el municipio espirituano Yaguajay (Santi Spíritus) es conocida cuando se aborda el tema. Aquí puede comprobarse que en julio de 2016 se expresó en términos muy similares.

Carencias y también desorganización

Un informe de la ONG vasca Mundubat fechado en mayo de este año aseguró que de la producción total de alimentos lograda por las cooperativas agropecuarias cubanas, un 30 por ciento se pierde durante la fase de cosecha y postcosecha. La evaluación, hecha de conjunto con la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), precisó que a otro 27 por ciento le ocurría lo mismo en la etapa distribución a los mercados interiores y a las ciudades. Hablamos de un 57 por ciento de la producción cooperativa —la mayor entre todas las formas productivas— sencillamente perdida.

A partir de los datos suministrados por el Grupo Nacional de Agricultura Urbana y Suburbana entre 2013 y 2014, la FAO concluyó que el promedio nacional de pérdidas en la poscosecha de frutas y hortalizas en el país era de un 2,6 por ciento, mientras en el comercio mayorista y los mercados locales se movieron en el rango entre el 3 y el 20 por ciento.

En enero de 2016 el Ministerio cubano de Agricultura comenzó un programa de medidas de reactivación de su infraestructura de comercialización con el propósito de recuperar el terreno perdido tras años en los cuales creyeron que las cooperativas por sí solas podrían asumir la distribución directa de viandas, vegetales y frutas en los mercados e industrias del país. Pesaban además los casos dados a conocer en 2012 y que revelaron mermas en el plátano cuantificadas en por lo menos cuatro millones de pesos.

Nelson Concepción de la Cruz, director general de la Unión Nacional de Acopio, afirmó que en año y medio se recuperó parte del equipamiento y del personal. Esas acciones elevaron considerablemente las cantidades colectadas. No puede decirse lo mismo de las plantas procesadoras, tal como admitieron ante el Legislativo cubano directivos del Ministerio de la Industria Alimentaria. Reconocieron que, si bien se modernizaron las manufacturas de Pinar del Río, Ciego Ávila y Sancti Spíritus, hasta el momento el énfasis estuvo en recuperar las capacidades productivas que respondieran la demanda de leche y carne.

Peor ocurrió con los envases, cuya demanda se triplicó en los últimos dos años a partir del crecimiento de las cosechas. “Para amortizar esta situación hemos decidido envasar en formatos grandes para proteger la mayor cantidad de pulpa, así como utilizar botellas en las minindustrias”, arguyó Eloy Álvarez Martínez, viceministro de Industrias.

La presión de la opinión pública dejó entrever las trabas que conviven junto a las carencias materiales. “Estamos claros de la situación tan dura de la economía del país, pero lo que vio la gente en el noticiero no tiene nada que ver si no con falta de organización. Eso desmotiva a los productores, (…) [luego] supieron que no son los únicos del país que pierden mango. Eso, sin hablar de otros fallos que empujan las desmotivaciones”, declaró Orlando Bombalé refiriéndose a las noticias de la televisión nacional sobre una situación muy parecida a la suya pero en la vecina Holguín.

Los datos oficiales señalan incrementos de la producción agrícola cubana, fundamentalmente en los tubérculos, hortalizas, plátano y frutas. Sin embargo, la industria alimentaria encargada de procesarla no está a esa altura, ni tampoco hasta ahora se observan números indicativos de progresos en proyectos inversionistas foráneos que reactiven los sistemas fabriles existentes.

La preocupación por las cosechas perdidas es compartida por todos. Los informes de los expertos y la presencia del tema en la agenda mediática doméstica dan cuenta de eso. Los fondos públicos dedican no menos de mil millones de dólares anuales a la importación de alimentos; consecuentemente la producción nacional de estos es una prioridad y una economía con niveles anémicos de crecimiento no puede permitirse el lujo de que lo cultivado se pierda sin remedio.

Fotos del autor: Mangos a la venta en las carreteras del municipio guantanamero Manuel Tames.

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