El voto de McCain podría darnos un poco de “torta” sobrante cuando se trata de nuestra atención médica

¿Ahora qué? Esta fue la pregunta de dos palabras que dominó la conversación ayer (martes, 25 de julio) después de la votación de procedimiento realizada en el Senado de Estados Unidos, lo que permitió a los miembros debatir la eliminación y reemplazo de la Ley de Atención Médica Asequible, conocida por la mayoría como Obamacare.

Dos palabras más vinieron a la mente después de la votación: cínico e hipócrita. Permítanme que las aplique al senador John McCain, quien se presentó ayer en el Senado de los Estados Unidos acompañado por entusiasmados aplausos, como si fuera un héroe conquistador.

La palabra héroe parece un sinónimo del senador McCain en estos días; pasó un tiempo en un campo de prisioneros de guerra y fue torturado. Curiosamente, con respecto a su heroísmo, durante la campaña presidencial Donald Trump minimizó y criticó el heroísmo de McCain, afirmando que no lo consideraba un héroe, porque los héroes no son capturados por el enemigo. En el propio estilo de Trump, contradiciendo lo que dijo anteriormente, y basado en lo que le sirve mejor en cada momento, el presidente se refirió ayer a McCain como un héroe – por presentarse a votar en el Senado después de haber sido operado menos de dos semanas antes, para ser diagnosticado más tarde de una forma de cáncer cerebral que será difícil de superar, especialmente para un hombre de 80 años de edad.

El voto de McCain fue crucial. El último voto que se necesitaba, el número 50, que junto con el del vicepresidente que como presidente del Senado emitió el 51, aseguró lo que algunos llamaron una “victoria” republicana y de Trump.

La verdad es que el voto ahora pone en duda la posición que el país tiene acerca de la asistencia médica para su pueblo.

Varias cosas a tener en cuenta. Aunque Obamacare sigue siendo la ley de la tierra, el voto de McCain pretende acabar con ella… sin tener plan en perspectiva. La idea es “debatir” las enmiendas propuestas que luego se remendarán a la carrera como una nueva ley de atención médica. Parte del cinismo de McCain se puede aplicar a los senadores republicanos que han sido críticos de Obamacare desde su inicio hace siete años, y que durante ese tiempo todavía no han producido una ley que la sustituya. De hecho, el documento que se utilizará como punto de partida en el proceso de enmienda antes mencionado es la ley propuesta y aprobada por la Cámara de Representantes a principios de este año, que hasta el presidente Trump calificó de “malvada”. Y es una ley que la no partidista Oficina Congresional del Presupuesto (CBO) dijo que dejaría a unos 24 millones de estadounidenses sin seguro médico.

Si fueran honestos, estos miembros del congreso nos dirían que quisieran eliminar Obamacare a fin ofrecer reducciones de impuesto para el 10 por ciento más rico en este país – las personas que menos la necesitan…

Así que, me pregunto, ¿es tan mala Obamacare? La respuesta la ofreció el año pasado un amigo que se ha ocupado de las idiosincrasias del sistema de salud en EE.UU.

Este hombre, ahora de 60 y tantos años, contrajo cáncer un par de años después de que la Atención Médica Asequible se convirtiera en ley. Está convencido de que Obamacare le salvó la vida. Si escuchan su historia, puede que tenga razón.

En el momento en que estaba en la segunda mitad de sus 50 y había estado pagando seguro de salud para sí mismo durante años, trabajaba como redactor de contratos, se ganaba la vida, pero su salario no superaba los $48 000 al año –y esos fueron los buenos tiempos. Su prima de seguro de salud había estado aumentando constantemente hasta el punto en que pudiera no poder darse el lujo de pagar, si el fuerte aumento de las primas continuaba. Pero ese problema se lo solucionó rápidamente su propia compañía de seguros de salud.

Un buen día mi amigo recibió una carta de su aseguradora. La compañía informó que había eliminado su contrato. No le dieron ninguna razón. Sugirieron que buscara otra aseguradora –a partir del mes siguiente.

Ahora permítanme presentar un cuadro más claro de la situación. Aquí tienen a un hombre de cincuenta y tantos años, con una hipoteca y otras deudas usuales que debe pagar, que también pagaba por la manutención de su hija y su cobertura de salud, y tenía lo que se considera un buen crédito. Estaba convencido de que las razones por las que había sido abandonado era su presión arterial alta (controlada con medicamentos) y que había tenido varias cirugías (nada terriblemente grave) en los últimos cinco años. Estaba cerca de los 60 años y probablemente se estaba volviendo costoso para la compañía.

Se pone mejor, de una manera siniestra. Buscando un nuevo seguro de salud, mi amigo se dio cuenta de que bajo sus circunstancias existentes sería casi imposible encontrar cobertura. Debido a su edad, condiciones preexistentes y su historia de cirugías en los últimos años, la mayoría de las aseguradoras no estaban interesadas en ofrecerle cobertura. Las pocas que lo aceptaban ofrecieron planes de deducibles altos con primas muy caras –más de $1 000 dólares al mes.

Él sacó sus cuentas y comprendió que tendría que vivir sin seguro, lo que hizo por más de un año.

Entonces intervino el destino para “salvar” su vida. Obamacare fue aprobado en el Congreso de Estados Unidos y mi amigo pudo comprar un seguro –las compañías ya no podían discriminar a nadie debido a condiciones preexistentes– por una prima mensual subsidiada y asequible.

Visitó con regularidad a su médico de cabecera, quien durante una de sus consultas detectó la posibilidad de cáncer. Mi amigo fue enviado a un especialista que corroboró el diagnóstico primario. A continuación, se sometió a cirugía.

Hoy está sano y ya no tiene cáncer en su cuerpo. Y como él me ha dicho más de una vez, si no fuera por Obamacare es probable que el cáncer no se hubiera detectado tan pronto como lo fue, y probablemente ya estaría muerto o muy enfermo.

Ayer me di cuenta de que el senador John McCain y tantos otros como él en este país –incluyendo a nuestro presidente– se adhieren a la filosofía de María Antonieta de política pública (*), donde los menos afortunados tienen la suerte de tener las migajas que dejan los muy ricos.

Como senador estadounidense y hombre rico, McCain recibió recientemente la mejor atención médica posible en un país donde la atención de salud se hace más costosa debido a los intereses especiales, los que lo apoyan en las elecciones. Su cinismo e hipocresía se exhibió en tamaño de valla de carretera cuando menos de dos semanas después de recibir lo que se considera una atención médica de lujo, voló a través del país, contra las órdenes del médico, para asegurar que su voto crítico fuera el que puede que niegue la atención médica a casi 24 años millones de estadounidenses en un futuro muy cercano.

En el caso del senador McCain, espero y deseo que los aplausos que recibió el martes por su “heroísmo” valieran la pena.

(*) Cuando la reina de Francia, en vísperas de la revolución, preguntó por qué protestaba el pueblo frente a Versalles, le dijeron que era porque no tenían pan. “¿Y por qué no comen torta?”, preguntó extrañada María Antonieta. (Nota del Traductor.)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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