Supervivientes de camión en Texas aseguran que chofer transportaba “entre 100 y 200” personas

Su nombre es James Mathew Bradley Jr, un hombre de 60 años. El conductor que llevaría a una muerte segura a una decena de inmigrantes indocumentados (entre ellos cuatro mexicanos) que se abrasaron a temperaturas infernales en el desierto fronterizo de Texas.

Hoy, Bradley enfrenta la pena de muerte o la cadena perpetua, según la acusación criminal presentada en su contra en una corte federal de San Antonio, Texas.

De acuerdo a los primeros testimonios arrancados a varios sobrevivientes, la tragedia ocurrida este fin de semana, ha sido peor de lo consignado y donde la codicia pudo más que la prudencia de este chofer que trabajaba como operario independiente de Pyle Transportation, una empresa con sede en la localidad de Schaller, Iowa.

A pesar de las elevadas temperaturas y a sabiendas de que sistema de aire acondicionado de su unidad se había descompuesto, Bradley aceptó transportar a un grupo de casi 200 personas que se amontonaron como ganado en su remolque, según los testimonios recabados entre los supervivientes por los agentes de Inmigración y Aduanas (ICE)

Una caja metálica que se transformaría en menos de dos horas en un horno ambulante para más de 200 seres humanos.

Tras un recorrido infernal, Bradley decidió hacer un alto tan urgente como inesperado en un estacionamiento de Walmart, en los suburbios de San Antonio. Al llegar, muchos de los inmigrantes consiguieron escapar antes de que llegaran los bomberos y la policía, en autos que llegaron para rescatar al mayor número posible de inmigrantes.

Este trasiego de sobrevivientes quedaría registrado en las cámaras de seguridad de Walmart.

Los muertos y los más debilitados por el viaje infernal, quedarían atrás para ser rescatados por la policía y los servicios de emergencia de San Antonio.

“Aun cuando el conductor está detenido, les puedo garantizar que hay muchas más personas a las que buscaremos para llevarlas a tribunales”, aseguró el director interino del ICE, Thomas Homan, al confirmar a la agencia AP que casi más de 100 personas habrían formado parte de este cargamento.

Una versión posterior que hicieron circular agentes de ICE elevó esta cifra hasta las 200 personas.

Según las declaraciones de las víctimas que consigna la agencia AFP, la persona que los llevó como contrabando dijo que “gente vinculada al cartel de los Zetas” estaba ofreciendo protección para el viaje por México y a través de la frontera estadounidense, y que una vez que estuvieran en Estados Unidos él pagaría 5.500 dólares.

Las pesquisas, para determinar si acaso Bradley formaba parte de una red de traficantes de personas, se pierden en testimonios nebulosos. Como el de Bryan Pyle el dueño de la empresa transportista que, en un testimonio ofrecido al diario The Washington Post, aseguró que “este era el primer viaje” de Bradley con la compañía.

“Este tipo de prácticas es muy común en nuestra industria (del transporte). Los camioneros llevan el nombre de mi empresa en sus unidades y yo pago por su seguro. Pero ellos hacen sus propias decisiones y compran su combustible”, aseguró en un intento por desmarcarse del cargamento del horror que James Mathew Bradley dejó en un estacionamiento de Walmart, en los suburbios de la ciudad de San Antonio.

Si James Mathew Bradley actuó por su cuenta o si forma parte de una red de traficantes, eso lo determinará un juez durante la investigación. Por el momento, se sabe que el conductor es culpable por el hecho de transportar a decenas de inmigrantes que habían cruzado a pie la frontera con México para luego ser encerrados en el contenedor de su camión como si se tratara de una lata de sardinas.

Su carga, bajo temperaturas candentes, no llegaría muy lejos del punto de recogida. El exceso de personas, la falta de agua y un sistema de aire acondicionado que estaba descompuesto, se encargarían del resto. Con escenas dantescas de inmigrantes gritando y suplicando salir de la caja metálica que los abrasó, todos ellos llegarían al estacionamiento de Walmart que se convertiría en la última parada para unos y una escala técnica para decenas de ellos.

Los cuerpos sin vida de los más desafortunados, aún estaban calientes cuando llegaron los bomberos. El brutal golpe de calor, los deshidrataría y elevaría espontáneamente la temperatura corporal, entre vómitos y delirios que marcarían sus minutos finales.

Entre los muertos, según confirmó la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (SRE), se encontrarían cuatro mexicanos. Y de los 29 hospitalizados, 21 también son de nacionalidad mexicana.

Los fiscales federales encargados del caso aseguraron que James Mathew Bradley Jr., de Clearwater, Florida, enfrentará la pena de muerte o la cadena perpetua por la muerte de estos inmigrantes indocumentados y por los daños irreversibles causados a una veintena más de personas que permanecen internadas en distintos hospitales de Texas.

A pesar de que Bradley se acogió al derecho de permanecer en silencio, un agente del Departamento de Seguridad Interna (DHS) presentó ante el juez un informe del interrogatorio practicado al chofer en el que éste aseguró que “desconocía el contenido de la carga” que transportaba.

Señaló, además, que el camión no era de su propiedad y que sólo recibió instrucciones para trasladar el camión y entregarlo a otra persona en la ciudad de Brownsville.

Pero, según declaró, los ruidos al interior del remolque lo obligaron a abrir y a descubrir que decenas de personas intentaban huir y otras más yacían muertas en el piso.

Al confirmarse este lunes la muerte de una décima persona, funcionarios policiales aseguraron que se trata de la más reciente y grave tragedia en un caso de contrabando de inmigrantes. En uno de los peores casos registrados en Estados Unidos, 19 inmigrantes que iban encerrados murieron en 2003 cerca de Victoria, Texas.

Foto de portada: El chofer del camión que transportaba a “más de 100” inmigrantes, al llegar a la corte federal en San Antonio, Texas. Hoy enfrenta pena de muerte o cadena perpetua /AP.

(Tomado de La Jornada)

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