LA HABANA. En Cuba la salud pública es gratuita y universal, de eso no le cabe duda a nadie. Cuando se miran indicadores como mortalidad infantil (4,2 por cada mil nacidos, cifra inferior a la de un país como Estados Unidos) o esperanza de vida (79, 4 años, superior a la de casi toda América Latina y a la de muchos países europeos), cuando se sabe que Cuba fue el primer país del mundo en eliminar la transmisión del VIH de madre a hijo, o que ya en 1985 desarrolló la primera y única vacuna contra la meningitis B, ha conseguido nuevos tratamientos para combatir la hepatitis B, el pie diabético, el vitíligo y la psoriasis, así como el desarrollo de una vacuna contra el cáncer de pulmón, entonces caemos en cuenta de la verdadera potencia médica y científica que es este país tercermundista.

El éxito de la medicina en Cuba se debe a la formación y al enfoque preventivo del sistema sanitario cubano. Las labores de promoción de salud y la asistencia comunitaria cuentan como de las más importantes incluso dentro de la formación de los estudiantes futuros médicos, y funcionan no solo como una estrategia de prevención, sino como una fuente de sostenibilidad. Al menos estos son los objetivos. Cuba es también el país que más médicos debe haber enviado a países con necesidades sanitarias, más de 50 000 de sus doctores prestan servicios en 66 países de América Latina, África y Asia, y aunque esto enaltece nuestro valor solidario e internacionalista, parte de la población lo ve como una las razones por las que el sistema de salud pública cubano se ha ido deteriorando.

Podría referirme a que un paciente con seguimiento debe cambiar de médico porque el que lo ha estado atendiendo hasta ahora ya se va la semana próxima para Sierra Leona por un contrato de trabajo, de esos que también necesita el doctor para dar alimento y calidad de vida a su familia, porque a pesar de que un salario mínimo de un profesional de la salud (entre 40 y 80 cuc mensuales) doble el de uno que recibe un salario medio, la economía ya supera a Hipócrates con creces. A menos médicos en Cuba más pacientes por atender y entra en juego esa parte oscura del cubano que aprovecha hasta las más sensibles oportunidades para hacerse de algún beneficio: “yo te puedo resolver una fecha de cirugía más para acá, por 30 CUC ya te puedes ir haciendo los análisis”, dice algún intermediario que casi nunca es un médico, pero bien que aprovecha la necesidad ajena.

Podría referirme a que uno nunca quiere ir a un cuerpo de guardia de un hospital porque teme encontrarse a un estudiante de tercer año que asista solito y sin supervisión a quien llegue de madrugada con un dolor que la experiencia diagnosticaría muchísimo más cercano a la verdad que la insipiencia de quien no se ha leído ni un tercio de los libros que habrá de beberse en la carrera. En Cuba la práctica del estudiante de medicina es parte de su formación, y eso hace que en el futuro un graduado tenga más horas quirófano que cualquiera de cualquier país del mundo, más experiencia, más ojo de buen cubero, pero mientras llega el futuro uno regresa a su casa sin el tratamiento adecuado, porque errar es de humanos y él estaba solo allí con sus pocas horas de vuelo galeno y luego viene la complicación.

Podría referirme a que por esto mismo la gente prefiere tener a sus propios doctores, que siempre tendrán amigos doctores de todas las especialidades, y para eso se cargan de regalos y bolsas de comida para agasajar, y cuando es en agradecimiento todo está bien, siempre queda mucho de ético en quien trata por igual a quien le ha traído un pernil entero hecho jamón y a quien no pudo traer nada o solo dos jaboncitos, pero ya sabemos que a veces entra primero a consulta quien más carga, o en el futuro se recordará más el rostro de quien más cargó, y ya dijimos que el médico es humano, y un agasajo mayor siempre promueve mayores empatías.

Podría referirme incluso a aquellos que no tienen material para los de la cola y sí pueden practicar la obturación a quien la paga a 1 CUC por pieza, pero ya esto no tiene tanto que ver con que haya casi más médicos fuera de Cuba que en Cuba, más bien por eso mismo no debería ocurrir así. Los médicos cubanos fuera de Cuba por misiones internacionalistas no constituyen solo una muestra de solidaridad y entrega para el reconocimiento de tal prestigio, son también una de las principales fuentes de ingresos del país. Si en 2014 se ingresaron por cuenta de este rubro más de 8 200 millones de dólares, una cifra muy superior a la generada incluso por el Turismo internacional, ¿cómo es posible que deban pagarse 25 pesos cubanos (lo que cuesta 1 CUC y lo que gano yo en dos días de trabajo), por unos miligramos de amalgama que la clínica no tiene, pero el estomatólogo sí?

¿Cómo es posible que las colas de los jueves (días en que entran medicamentos a las farmacias) doblen la esquina y siempre dejen a alguno insatisfecho?, ¿y que el resto de los días no encuentre usted dipirona si no está dispuesto a pagarla por debajo del telón a 1 CUC dos cajitas de tres blísters cada una que le costarían lo máximo un peso cubano a precio normal? La penicilina está en falta, ¡oh, Fleming!, pero puedes comprarla a 15 pesos cubanos el bulbo, y si compras 10 bulbos te lo dejan a 13 cada uno. Y 36 bulbos de cristalina te cuestan 16 CUC, y ese Complejo Vitamínico B que te costaría 27 pesos cubanos si se viera en el stand, te puede costar 5 CUC, cuatro veces su precio.

No voy a hablar de los trasplantes gratuitos de órganos ni de la quimioterapia o hemodiálisis que salvan a miles de cubanos porque eso lo tiene claro todo el mundo, y mientras veamos solo lo enorme se suscitarán cada vez más infartos en una población cuya causa de muerte más solícita es esta justamente, la relacionada con el órgano que no podrá soportar ciertas presiones. Amemos nuestro vino porque tiene una cepa excepcional, pero no lo dejemos tanto en el barril equivocado, que ya es bastante amargo.

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