Ernesto Limia y Raúl Paz: La Historia sin cortaúñas

Ernesto Limia y Raúl Paz parecen un dúo sin mucho sentido porque ciertamente no es común ver sentados y bajo el mismo propósito a un historiador y un cantautor. Los primeros más habituados a sus urnas académicas de verdades establecidas y discursos elevados, los segundos, ocupados en su arte y esforzados por no ser asociados con la política. Ambos quieren vencer esos esquemas y andan recorriendo Cuba para hablar con los jóvenes y con quienes no lo son tanto sobre Historia… o más bien ese sería solo el pretexto para, mirando desde donde venimos, saber hacia dónde vamos.

Más que las formas, los contenidos

Raúl Paz no parece tener razones para emprender una empresa tan agotadora como lo es ir desde Guantánamo hasta Pinar del Río no celebrándose a sí mismo sino motivando la reflexión colectiva en medio de una etapa que juzga como crucial.

“Un país se construye con brazos pero también con mentes, los dos tiene que estar juntos y creo que la cultura tiene que estar en el centro de nuestra humanidad misma. Por eso vamos a la historia”, explica el artista, refiriéndose al proyecto común que lo lleva por todas las universidades cubanas junto con su amigo Ernesto Limia.

“Historia, dice, tenemos todo el tiempo, desde los primeros grados, pero muchas veces no la dominamos desde lo profundo, no nos la creemos; la citamos, la recordamos pero no nos damos cuenta de que es parte de nosotros y sin ella no vamos a ningún lado”.

Paz habla con soltura y no se refiere a sus años fuera de Cuba desde la arrogancia sino como una experiencia de vida que merece ser compartida. Él, es embajador de buena voluntad de la UNESCO pero ni siquiera se refirió a eso, tal vez porque sienta que el activismo público no es una especie de título nobiliario sino un compromiso con sus semejantes.

“Viví muchos años fuera de Cuba y siempre digo que aprendí a ser cubano fuera de Cuba. Te das cuenta cuando estás viviendo en otro lugar que si  no sabes quién eres no puedes avanzar. Y tuve una necesidad imperiosa de revisar mi historia, de saber de dónde vengo, desde la de mis padres y mis abuelos hasta la historia real de mi país, de la música, de las artes, de la arquitectura. Y poco a poco gracias a eso fui encontrando mi propio camino”.

Él tiene un mensaje directo a los jóvenes: “no se puede avanzar con la misma agilidad si no sabemos de dónde venimos, si no tenemos claro por qué pasó esto o de qué manera. Por eso estamos aquí para dialogar y dar nuestra opinión sobre las tantas y tantas puertas que debemos ir abriendo todo el tiempo en nuestras vidas para llegar lo más lejos posible”.

Está convencido de que “vivimos en una época, no solo en Cuba, donde el contenido no importa, todo está en la forma. Todos los que estamos hoy aquí somos capaces de hacer un discurso de la boca para afuera, con todas las palabras y fórmulas, el tono de la voz, el gesto. Nos hemos ido adaptando a conformarnos con lo de afuera y ahí es donde está el famoso neoliberalismo del que estamos hablando: reducirlo todo. Cuando hablamos de lo malo que es el reguetón  y no nada de malo en bailar con él, pero alguien se da cuenta de que más allá de lo que dice es la reducción total a una música sin ninguna trascendencia, es ir a lo mínimo.

“Tuvimos un gran orador que se llamó Fidel Castro que era un orador impresionante y era capaz de convencernos con un discurso de cuatro o cinco horas por una sola cosa: porque sentía lo que estaba diciendo.

“Lo más importante para nosotros es discutir sobre el pensamiento porque siempre es mucho más interesante que no estemos de acuerdo y que tengamos opiniones diferentes y que las podamos debatir, a que todos estemos de acuerdo porque eso es mentira”.

Limia: las lecciones y las alertas

Inquisitivo, casi desafiante en sus afirmaciones Ernesto Limia apenas se califica como un guajirito bayamés al que le gusta la historia. Comienza tomando una frase de Eusebio Leal para alertar sobre la perniciosa práctica de seleccionar los hechos históricos según convenga. “Muchas veces hemos escrito la historia con cortaúñas”, subraya.

Tras la salida de Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural y Cuba Libre: La Utopía secuestrada el ensayista y licenciado en Derecho cuenta que está inmerso en los dos restantes libros que completarán una sui géneris serie sobre la historia nacional fuera de los moldes rígidos del academicismo sin que ello le aleje de  la rigurosidad investigativa. “Se trata de hacer algo que pueda leerse casi como una novela pero que los historiadores digan que es una cosa seria que aporte de verdad. Porque tenemos un problema complicado con el conocimiento de la historia”, insiste.

Si estuviera en sus manos, asegura, suprimiría los exámenes de ingreso a la Universidad  y haría una lista de los 30 libros imprescindibles para los jóvenes de entre décimo y duodécimo grados y sobre esa base los evaluaría.

“No hay manera de sacar lecciones de la historia sino poniéndola con la mayor sinceridad sobre la mesa. Y creo que el mayor valor que tiene la Historia es que os haga meditar desde el presente”, sentencia y añade: “Nuestra historia todavía nos tiene muchas lecciones, no solo de lo malo sino también de lo bueno, de errores que repetimos porque no vamos a ella”.

“¿Cómo usted va a decirle a alguien que algo es importante si el liderazgo no le da importancia?” se pregunta tras contar que muchos de los dirigentes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) no se habían leído el texto recién publicado  Cuba: ¿fin de la historia?

“Eso es algo sobre lo que tenemos que meditar”, señala. “No podemos hacer revolución si la vanguardia, el liderazgo que está marcando la pauta no es la más culta, la más sensible”.

“A cada generación hay que contarle la historia pero con su códigos. No son los códigos de ahora los de hace 20 años. Esa es una responsabilidad de los historiadores, de los filósofos y de quienes de alguna manera nos hemos metido en el empeño de contribuir modestamente a genera una polémica, un análisis.

“Nos corresponde sacar las ideas de los libros. Creo que mucho del academicismo, del distanciamiento de nuestras masas populares ha hecho un daño terrible. Entonces ¿cómo sacamos las ideas de los libros? ¿Cómo las ponemos a combatir? En el intercambio con la gente, en el diálogo. Tenemos que luchar por las cosas que queremos. El paternalismo no nos conduce a nada. Entonces se trata de repensar la manera de hacer política en estos tiempos de Revolución”.

Desde su punto de vista el distanciamiento de los jóvenes de la historia no es un asunto nuevo: “Hay que averiguar qué está pasando, cómo hacerlo mejor y pensarlo de manera estructural. Se dice que la culpa de los problemas de los jóvenes con la historia es de los maestros. ¡Me niego a creer eso! Un problema tan grave no puede tener un solo responsable. Dicen que hay problemas con la lectura y lanzo la pregunta ¿quién está estudiando eso científicamente? “, afirma.

(ISTVÁN OJEDA) Profeso Limia, tengo una preocupación muy grande. Siento que hay una tendencia a la idealización del pasado que resumo en una frase “En mi tiempo sí y ahora no”. ¿Comparte mi criterio? Por otro lado estamos en un escenario particularmente complejo que se me parece mucho a los finales del siglo XIX, principios del XX cuando lo norteamericano tuvo mucha importancia en la formación de lo cubano. De eso el profesor Louis A Pérez ha escrito un libro y tengo la impresión de que estaríamos en condiciones donde se expresarán con más fuerza ese componente norteamericano a partir del crecimiento de los contactos con los estadounidenses y los emigrados cubanos ¿Cree que estaría ocurriendo eso?

ERNESTO LIMIA: “Idealizar el pasado es mentir, es manipular la realidad. Martí y Maceo por ejemplo tuvieron grandes contradicciones. Después de la reunión de la Mejorana, Martí llegó a decir ¡me repugna! y Maceo que nunca hablaba en voz alta, ese día se le escuchó gritar. Nunca se pusieron de acuerdo en cómo organizar la guerra. Y hay que sacar reflexiones de eso.

“No hay algo que nos enseñe más que la carta que le escribe Martí a Maceo luego de su discusión en Nueva York en 1884 que mucha gente resumen en aquellos de que no se manda un país como se manda un campamento.  Pero esa no es la más importante, hay generales que mandan un país con la misma sabiduría de un civil, ahí está el caso de Raúl Castro.

“Lo más importante  es que en esa famosa carta Martí le dice: la patria no es de nadie y si es de alguien, será, y eso sólo de espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia. Esa es una frase para el presente: la patria no es de nadie, es de todos. Hay mucha gente que impone su criterio invocando al Partido y el Partido es cada uno de sus militantes o te pasa en una empresa cuando el director quiere hacer lo mismo. El socialismo es participación o no es socialismo. No podemos decir que estamos construyendo una democracia participativa desde otra representativa.

“Y si las personas que toman decisiones no son cultas ni sensibles, viene la apatía de decir déjalos a ellos y esa tampoco es la solución. La respuesta a esa desconexión hoy  es también migratoria. Muchos de nuestros profesionales más talentosos están emigrando. Ese es un problema serio. ¿Estamos trabajando con esos talentos?

“En nuestra generación nos mandaban a algo e íbamos sin preguntar mucho. Hoy nuestros jóvenes ya no piensan así sino en cuál es la visión. Entonces hay que negociar a partir de una propuesta, de un proyecto, de un diálogo. Cambiaron porque los educamos así. No podemos educarlos de un modo y tratarlos de otro porque no hay coherencia. No puedes decirle a alguien hazte máster y luego decirle que no te interesa lo que diga.

“Bueno pues la historia está llena de eso. Tenemos que pensar porque en otra época los filósofos eran tan importantes y ahora lo son menos que los músicos.

“¿Cómo vamos a construir un liderazgo si nosotros mismos menospreciamos a nuestros pensadores? Ah! También hay un desafío porque nos fuimos al academicismo y así no conectamos con nadie.

“Queremos ser tan científicos que ni siquiera somos entendibles para los decisores políticos y nos ocurre que los resultados de tesis son incomprensibles porque los escribimos con leguaje de élite. No nos percatamos que el pensamiento es para nuestras bases populares quienes son las que están construyendo al país.

“Si no rompemos esa barrera tan grande con nuestro jóvenes, nos desconectamos y espacio que no ganemos lo gana la seudocultura homogénea y neoliberal que le imponen al mundo entero. La historia está llena de polémica y verla para hacer trabajo político es un error. Es para construir patria.

“Me hablas del siglo XIX. Los yanquis se anexaron Filipinas y Puerto Rico y no pudieron con Cuba porque había mucha sangre derramada en los campos de Cuba. Y cuando ellos intervinieron ya habíamos ganado la guerra pero perdido la Revolución pues quien se había hecho del poder en la Asamblea de Jimaguayú era una burguesía mambisa que intentó marginar del poder a Gómez y Maceo que representaban los intereses más radicales de las masas populares. Pero esa burguesía mambisa no podía traicionar a esas masas que se habían ido al campo por el independentismo más radical.

“Los libros de Luis A Pérez Jr. son imprescindibles para un historiador, pero te recomiendo una reseña que le hizo Graziella Pogolotti muy interesante.

“Es cierto que se construyó influencia desde principios del siglo XIX. Había dos lugares para mirar, España o Estados Unidos y las familias con dinero miraban hacia EE.UU. entre otras cosas porque la metrópoli se había anquilosado en el absolutismo y su contraparte era sinónimo de democracia y se convirtió en un referente.

“Pero cuando se acaban las conspiraciones anexionistas de la década de los 50 tras la muerte de Narciso López, el anexionismo como proyecto ideológico para Cuba murió, no quiere decir que desparecieran los anexionistas. Siempre he dicho que en Cuba han habido siempre dos partidos: el de la independencia y el de la anexión.

“Al principio muchos de los líderes de la Revolución del 68 tenía una visión idealista de los EE.UU. y la vida los fue radicalizando.

“Hay influencias culturales pero recordemos que la música más cubana, la de Benny Moré se tocaba con una jazz band detrás. Hay una integración, una simbiosis, los cubanos hemos tenido eso. Cuba siempre fue un país de muchas culturas desde el primer instante.

“El comercio de Cuba en el siglo XIX fue girando hacia EE.UU. por razones obvias, la distancia, la complementariedad  y era también una manera de rebelarse contra España que no tenía un mercado en donde pudiéramos colocar todos nuestros productos. Y eso tuvo mucha más fuerza en el siglo XX.

“Pero la causa independentista cubana tuvo mucha popularidad entre el pueblo norteamericano y porque además en el Congreso solo pudieron lograr la intervención. El intento de anexión fracasó.

“Hay un siglo XX convulso que empezó con la desorientación porque la burguesía mambisa traicionó a las bases populares y porque en ese momento no había un liderazgo intelectual. No sería hasta la década del 20 en que un grupo de jóvenes: Mella, y Rubén Martínez Villena, Roa… se percatan de que la esencia de la relación con Estados Unidos es imperial y empieza generarse ese pensamiento al que se unió la cultura.

“Hoy el neoliberalismo tiene atascada a la propia cultura norteamericana, esa genuina portadora porque esa tampoco les conviene. Esa cultura que nos ha permitido un intercambio estrecho con Cuba también está en riesgo. Por tanto hoy la bronca es desde la diversidad.

“No tengo ninguna preocupación de que esa cultura auténtica norteamericana nos cercene el piso porque no es su propósito tampoco. Lo preocupante es esa seudocultura que nos están vendiendo por todas partes: por las series y el cine.

“Yo creo que el gran desafío es que todos pensemos que nos hagamos preguntas. Dicen que las repuestas más inteligentes salen de preguntas inteligentes.

“No me preocupa la anexión norteamericana. No creo que tengan cabida entre otras cosas porque son arrogantes. Mucho de la idealización aquí es porque están lejos pero cuando estuvieron cerca  lo hicieron todo en los primeros 50 años del siglo XX, el pueblo los despreciaba por ese excepcionalismo que les enseñan desde niños; de que están llamados a gobernar el mundo que empezó tan lejos allá como en el siglo XVI cuando venían los puritanos desde Inglaterra.

“Siempre le han dado mucho valor a las ideas y a la comunicación en función de sus propósitos por eso es que han logrado vender su ideología como lo mejor. A eso llamamos cómo nosotros que llevamos 60 años haciéndonos hombres y mujeres se ciencia, ponemos a la ciencia, a la cultura, a la comunicación en función de nuestros propósitos con la mayor creatividad, conectando con nuestras masas populares, con nuestros jóvenes, entre nosotros que a veces no nos leemos unos historiadores a otros creyendo que nos lo sabemos todo. Nadie tiene la verdad ni el universo de nada.

“¿Cómo abandonamos la arrogancia, la tontería? ¿Cómo aprendemos de todos? Eso es lo único que nos salva”.

(ISTVÁN OJEDA) Raúl, para mí es algo muy raro ver sentados juntos a un cantante  y un historiador. Mucha gente podría pensar que es algo anacrónico, raro. ¿Qué piensa Raúl Paz de las personas que dicen que los artistas no deben meterse en política?

RAÚL PAZ: “También creo que es raro pero eso no hace que sea imposible. Lo importante es que pensemos que creamos que hagamos cosas diferentes aunque incluso a veces pensemos cosas diferentes. Estamos apostando al mismo lugar y eso es más importante aún.

“Antes de responder tu interrogante pregunto ¿qué estamos haciendo nosotros, las instituciones que deciden y la gente de abajo? ¿Qué estamos haciendo, qué estamos exigiendo? Creo no basta decir que el neoliberalismo o los norteamericanos son los malos y nosotros los buenos.

“Creo que hay que hacer cosas. Si el Paquete Semanal existe es por algo, es porque hubo un carencia de comunicación, de poder llegar a la gente. Se nos adelantaron igualito que el reguetón. Jóvenes que querían hacer cosas y también ganar dinero. Se adelantaron a hacer lo que nosotros no supimos hacer. Lo único que hicimos fue asimilarlo, al principio no hablar o hacerlo con miedo, ahora hablar abiertamente, pero no se ha hecho nada. Nadie está haciendo documentales interesantes que hablen de la historia.

“Hay ciertamente el problema de que la gente ve programas contando cierta historia pero entonces no ve otro programa que se oponga a eso. La contraposición es una efeméride sencilla pero no se están haciendo cosas interesantes.

“Pienso que tenemos una responsabilidad más que política, social. No creo que los artista hagan política pura pero pueden contribuir como responsabilidad social a que las políticas sean posibles, a que podamos hablar abiertamente. Tenemos ese rol social de demostrarle a la gente que se puede hablar, compartir, no estar de acuerdo, para ir hacia adelante y encontrar un mundo mejor, para defender todos los valores que hemos logrado tener con tanto esfuerzo.

“Nos toca a nosotros, a los artistas dar el paso al frente. Pero también le toca a las instituciones darles espacio a los artistas porque ha sido de los dos lados. Las instituciones han tenido miedo de los artistas con cierta sinceridad y poco a poco los fueron apartando como bichos raros y escogiendo a quienes con mucha demagogia eran capaces de decir lo que ellos querían oír.

“Estamos en un momento en el cual todos tenemos que dar el paso al frente: los artistas, las instituciones, los profesores, los estudiantes si queremos defender y construir este país. Para eso hay que inventarse cosas. Nosotros lo encontramos en estos conversatorios, con los conciertos que decidimos hacerlos en no plaza sino en los teatros. Entre otras cosas para recuperar los teatros que son caros, recuperar el arte tal cual es. Para que la gente pague su entrada y aprecie lo que va ver.

“Si seguimos regalando tendremos jóvenes que creerán que todo se lo merecen, que dicen una cosa interesante y ya se creen poetas o hacen una canción más o menos buena y piensan que son el mejor músico del mundo.

“Yo tuve un compromiso conmigo mismo. Entendí que necesitaba para mí mismo el momento de aportar a mi país. Estuve prohibido en Cuba y fui de los “quedados” y eso no hizo que en cierto momento sintiera esa necesidad de venir  porque creo que hay una necesidad social, humanista de aportar a la sociedad que te creó por eso estoy aquí.”

(Tomado de Cubaizquierda)

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