El ingreso de Cuba en un banco de desarrollo multilateral regional

LA HABANA. El 27 de abril de 2017 una gran variedad de medios de prensa informó sobre la aprobación del ingreso de Cuba al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). El visto bueno final fue anunciado en la 57 Asamblea de Gobernadores del ente regional, reunida en la Ciudad de Guatemala.

El presidente ejecutivo del BCIE estableció que la incorporación de Cuba como nuevo socio extra regional cumple con la voluntad política de los estados miembros de fortalecer las relaciones económicas y la integración con el Caribe. Asimismo, la diversificación geográfica de la cartera del banco es un paso observado positivamente por las calificadoras de riesgo internacionales.

Cuba se incorpora por primera vez a un organismo de este tipo desde que integró el banco del Consejo de Ayuda Mutua Económica, algo que debe haber tenido lugar en la década del setenta. O sea, hace casi cuarenta años, sino más. Es mucho tiempo.

¿Qué es el BCIE?

El BCIE fue fundado en 1960 como el brazo financiero del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), uno de los mecanismos regionales de integración más exitosos hasta la fecha en el continente. En este sentido, de acuerdo al Convenio Constitutivo, tiene como objetivo primordial la promoción de la integración económica y el desarrollo económico y social equilibrado de la región centroamericana, que incluye a los países fundadores y a los socios regionales no fundadores.

En la actualidad, el banco cuenta con tres categorías de asociados: miembros fundadores (El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica), miembros regionales no fundadores (Rep. Dominicana, Panamá y Belice), y miembros extrarregionales (Taiwán, México, Argentina, Colombia y España). De acuerdo a la nota de prensa divulgada, Cuba se incorporaría dentro de esta última categoría.

Si bien el BCIE tiene un tamaño relativamente modesto en comparación con otras instituciones de similar corte, su contribución al desarrollo de los países miembros es muy significativa. Algunas cifras ilustran lo anterior. Desde su fundación, el BCIE ha canalizado alrededor de 24 mil millones de dólares hacia sus miembros, pero el 57% de este monto ha llegado en los últimos 10 años (hasta 2015).

En Centroamérica, el BCIE es el banco multilateral con mayor presencia, contribuyendo con alrededor del 50% de los recursos que han llegado a la región por esta vía, estos montos superan las aportaciones tanto del Banco Interamericano (BID) como del Banco Mundial (BM).

De acuerdo a diversas fuentes, en términos de proyectos financiados entre 2008 y 2015 a nivel mundial, los bancos de desarrollo contribuyeron con un poco más del 20% del total desembolsado. No obstante, en muchas ocasiones la importancia de estas instituciones es aún mayor por una serie de razones. En primer lugar, la mayoría de los proyectos de cierta envergadura consideran aportes de diversas instituciones públicas y privadas, por lo que el concurso de estas instituciones forma parte de un esquema mayor que no funcionaría en su ausencia. En segundo lugar, por su estructura y estatus, así como por la composición de su capital, en la mayoría de los casos los bancos multilaterales consiguen calificaciones de riesgo muy buenas, y sensiblemente superiores a la de otras instituciones privadas y también a las de los países miembros. Esto posibilita un mejor apalancamiento y reducción del costo de financiamiento.

En el caso del BCIE, la calificación actual otorgada por Moody’s es A1, mientras que el promedio correspondiente a los países miembros es de Ba3, lo que denota la buena gestión y el beneficio neto para estos países.

¿Por qué es importante para Cuba?

Los recurrentes problemas en la Balanza de pagos, y el pobre y costoso acceso al financiamiento externo se han señalado como dos de los obstáculos más importantes que enfrenta Cuba en su esfuerzo de desarrollo. Un aspecto distingue la situación cubana en el escenario internacional. Cuba constituye uno de los pocos países que recibe casi nulo financiamiento de bancos multilaterales de desarrollo, debido esencialmente a que no tiene membresía en ninguna de esas instituciones, con la probable excepción del Banco de Inversiones, que en todo caso no ha desempeñado un papel destacado en ese sentido.

La incorporación al BCIE tiene una enorme trascendencia para Cuba, tanto a nivel simbólico como práctico. La solicitud de membresía es una decisión soberana de los gobiernos, y presupone una evaluación previa de la relación costo-beneficio. Que haya tenido lugar en este momento, denota una evolución de las concepciones que tradicionalmente han dominado el debate sobre este asunto en Cuba. Y envía una señal muy positiva hacia los socios del país en el exterior. El mensaje es bastante claro. El gobierno cubano está comprometido con la agenda de reformas económicas, requiere recursos frescos para hacerla llegar a buen puerto, precisa diversificar las fuentes de financiamiento externo, y entiende y acepta las reglas y compromisos que se derivan de esta asociación.

Aunque la gobernanza de las multilaterales varía de acuerdo a la institución, todas comparten aspectos comunes derivados de sus propósitos y las reglas de juego de los mercados financieros internacionales. Esto facilitaría la incorporación a otras de corte similar en el futuro.

Asimismo, este acontecimiento constituye otro éxito diplomático de enorme calibre. El hecho de que todos los países miembros hayan apoyado la incorporación de Cuba refuerza la cooperación regional y el acompañamiento de América Latina del proceso cubano, más allá de afinidades políticas. Es un gran símbolo de cuánto han cambiado las cosas en la última década. De ser la parte del continente más hostil hacia Cuba, por razones de diverso tipo, la que más tardó en normalizar completamente las relaciones diplomáticas, se convierte en la primera que da la bienvenida a la Isla a un mecanismo de esta naturaleza.

Cuba se ha planteado una agenda de desarrollo ambiciosa hacia 2030, uno de cuyos flancos más débiles es la cuestión del financiamiento, particularmente el externo. Los análisis realizados por diversos grupos e instituciones dentro del país dan cuenta de que, en cualquier escenario previsible, el ahorro externo desempeñará un rol central en el cumplimiento de las metas de crecimiento, transformación estructural y elevación de la calidad de vida de la población cubana.

En ese sentido, el perfil de los recursos que aporta el BCIE se alinea muy bien con las prioridades establecidas domésticamente en al menos dos dimensiones importantes. En primer lugar, de acuerdo a las memorias del propio banco, el 79% de la cartera de préstamos corresponde al sector público. Esto constituye una fortaleza para el trabajo con Cuba, donde este sector es ampliamente dominante en el ámbito económico y social. Por otra parte, en relación a las áreas de destino de los fondos, se informa que más del 50% se asigna a infraestructura productiva y energía, dos actividades de gran relevancia y donde el país acusa un retraso notable. A esto se añadiría un 29% adicional que termina en infraestructura social, un sector priorizado tradicionalmente por el gobierno cubano.

Un beneficio adicional y de gran valor en las actuales circunstancias es la posibilidad de acceder a cooperación técnica en aspectos funcionales a la reforma cubana, y la probable triangulación de la cooperación para incluir a otras instituciones interesadas en acompañar la transformación económica cubana.

Sin dudas, es un gran primer paso en la dirección correcta, que deberá ser acompañado por otros muchos.

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