La 6 no solo da resultados…

Un año después de que la Resolución No. 6, sobre formas y sistemas de pago, entrara en el ruedo de la economía, algunos especialistas en Ciego de Ávila comentan su impacto en el territorio donde hay resultados y, también, facilismos, dudas y contradicciones.

“Los defectos que ven algunos en la amplitud, la imprecisión de la Resolución No. 6, yo los veo como virtudes porque le permiten a la empresa ajustarla a sus realidades.” Aclara Andrés Manuel Coello Blanco

Obviamente, quienes dictaron los “por cuantos y por tantos” no lo predijeron, y días después de implementada la Resolución No. 6, cuando todas las provincias calcularon su Valor Agregado Bruto VAP (una fórmula que intimida hasta a los más veteranos contadores y se traduce, a groso modo, en el valor de lo producido después de sumas y restas de variables que son en sí mismas cómputos enrevesados) el resultado disparó la alarma: a la única provincia que la operación le dio índices de desarrollo fue a Ciego de Ávila.

El resto, o lo había calculado mal o no creaba riquezas. Y ya sabemos que sacaron mal sus cuentas.

Fuente: Dirección Provincial de Economía y Planificación: El gráfico muestra cómo ha venido ascendiendo el salario medio en Ciego de Ávila, pero no necesariamente indica que las reservas productivas estén igualmente representadas.

Con tal presentación, parecía que el territorio comenzaba con ventajas la carrera por la eficiencia y que, al menos para los economistas, el asunto sería “pan comido”; pero las matemáticas llevan consigo demasiadas interpretaciones como para reducirlas a positivo o negativo. Incluso, el salario medio del sector empresarial y productivo en la provincia, el más alto del país con 1 115.00 pesos, deja entrever lagunas entre sectores que, aportando tanto o más que otros, no reciben iguales cuñas del pastel. De modo que ni los mejores indicadores (abiertos en un Excel) están exentos de segundos y terceros análisis.

Vea el comportamiento de salarios por organismos al cierre de 2016 en Ciego de Ávila.(imagen: salario 1, 2, 3, 4)

El salario es una de las variables con que se miden los resultados de la Resolución 6: porque para “incrementar la productividad del trabajo, reducir los gastos y los costos, elevar los niveles de producción (…)” los trabajadores deben sentirse motivados y recompensados. Ciertamente, en la actividad productiva y empresarial en el último quinquenio, el salario medio ha escalado la pirámide (de 534.00 a 1 115.00) que sigue invertida para el resto, pero… ¿será un reflejo de potencialidades y riquezas reales o de cálculos sesgados que podrían, en unos años, cobrarnos el perjuicio?

En un informe que presentara la Contraloría del territorio a la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba se indicaba que en 2016 las ventas de la provincia crecieron en un 35 por ciento y el fondo de salario en un ocho.

Visto así, se anuncia una desproporción que no apunta a enriquecer el bolsillo en la magnitud que, quizás, pudiera o debiera. Visto en un contexto menor, desde los documentos de la Oficina Nacional de Inspección al Trabajo (ONIT), el salario supera en aproximadamente un 10 por ciento las ventas netas de la mayoría de las 47 entidades que supervisaron en 2016.

“¿Y cómo pudieron hacerlo?”, especula el especialista principal e inspector de la ONIT, Máximo Fernández Pérez. “Tal vez confeccionaron planes con cierta holgura que les garantizaron cumplir lo planificado y asegurar el salario sin que se explotaran todas las potencialidades. Eso es ‘preferible’ a hacerlo muy ajustado y afectar la empresa que luego no cumplirá los indicadores directivos y, por ende, no pagará resultados satisfactorios”.

Sin embargo, ambas visiones, por exceso o defecto, son preocupantes y Andrés Manuel Coello Blanco, director provincial de Perfeccionamiento empresarial se atreve a adjetivar el fenómeno sin dificultad: “facilismo”.

“La comodidad viene porque aun cuando en la Resolución se explica que los salarios tendrán como único límite el gasto de salario por peso de valor agregado, muchas empresas han utilizado este indicador límite como formador del sueldo para cualquier actividad. Y lo que debe hacerse es identificar el trabajo específico de ese trabajador y cuando se vaya a pagar por ese resultado comparar si el valor es igual o menor que lo que se tiene aprobado gastar por cada peso. Si queda, entonces se redistribuye.”

Cuello no quiere ser absoluto, aunque asegura que en pocos lugares del territorio lo hacen así, y da una razón de peso. “Con el tiempo se perdieron los especialistas en la organización del trabajo y si no existen personas que definan las normas no se puede pagar a destajo, que es la forma que permite retribuirte por una actividad determinada. Lo ideal sería tener implementadas las dos (a destajo y por resultados) que no son excluyentes.

“Por un lado no implementan la adecuada y, por el otro, emplean mal la que usan. ¿Te imaginas a un mecánico de un taller cobrando por el gasto del VAP de la empresa? No tiene forma de entender su salario, si está bien o mal (la tablita se las trae), si la entidad tuvo un gasto excesivo de combustible y se comprometen los indicadores a él se le afecta su salario. Lo correcto, por ejemplo, sería vincularlo al índice de disponibilidad técnica de los vehículos y que cobre, incluso más, mientras menos trabaje, ¿o su objetivo no es que los carros estén rodando?”

La fórmula

Más claro no puede ser Yusmey Hidalgo Rodríguez, subdirector de Organización del Salario en la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social: “Soy especialista y me costó entender el cálculo del VAP, y si no existe una buena contabilidad se falsea el resultado. Así pasó en el Centro de la Música, parte de los gastos no se llevaban y enseguida lo detectamos. Creo que en las entidades deben seguir estudiando la Resolución y controlar mucho más su implementación, y no temerle al asunto, el cálculo del VAP es una fórmula internacional que emplean otras economías.

Según el directivo de la instancia, encargada de capacitar e instrumentar la política laboral, cuesta mucho lograr la permanencia en los puestos de las empresas y sin personas preparadas no puede aspirarse a un correcto sistema de pago con el cual se incrementen la eficiencia y la productividad.

De tal ¿suerte? todos resultamos implicados, pues los millones de pesos que mantiene como déficit el presupuesto del Estado, en espera de que las empresas aumenten sus arcas y aporten sus cuotas, terminan por postergar la posibilidad de que el sector presupuestado pueda, algún día, abultar sus bolsillos.

Aunque Ciego de Ávila es una de las provincias que mejores resultados económicos exhibe en el país, de las 76 empresas radicadas aquí, cifra que se redujo después de que 23 se convirtieran en Unidades Empresariales de Base, UEB), solo 27 se subordinan directamente al Consejo de la Administración Provincial. La mayoría responde a indicaciones y supervisiones “foráneas”.

“Nosotros no tenemos facultades sobre ellas, ni siquiera, tal y como está legislado, envían su plan con la anuencia del Gobierno; y me queda muy claro que hay intereses nacionales que están por encima de lo local, pero es que hay cuestiones locales que muchas veces no se tienen en cuenta,” confiesa Ileana Venegas Acosta, al frente de la Dirección Provincial de Economía y Planificación.

Sin embargo, esa dicotomía resulta más contradictoria cuando se analiza la implementación de la Resolución 6, en ambos escaños, que pertenecen, no obstante, al mismo país. Ileana lo ilustra: “De las 27 empresas de subordinación del CAP 13 son del Comercio y en ellas el salario medio está por debajo de los 500.00 pesos y, prácticamente, definen los indicadores del CAP. Por el contrario, los salarios de las que pertenecen a ese sector y se subordinan a la nación son superiores, aun siendo responsables del crecimiento de las de ‛abajo’.”

La Directora reconoce que existen actuaciones que conspiran contra los resultados de la economía local, y basta un dato para confirmarlo: de la propuesta inicial que Ciego de Ávila presentó para que se le aprobara el Plan de 2017, se le retiraron dos millones de pesos del fondo de salario. Tal reducción persiguió que el costo por peso fuera inferior a 2016 y, por tanto, la eficiencia mayor; solo que esa “lógica matemática” se esgrimió sobre los hombros de quienes deberían ganar más y estar motivados para ser más eficientes.

Sobre el buró Ileana no tiene las respuestas y deduce que la economía responde, a veces, a lógicas sociales, pero no deja de ver la contradicción de que se le ponga un coto al desarrollo cuando, justamente, la Resolución No. 6 busca lo contrario.

Foto de portada: Pastor Batista.

(Tomado de Invasor)

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