Basta mirar las últimas noticias, para percatarnos que analizar lo que acontece en Estados Unidos se ha convertido en una pesadilla para políticos, especialistas y periodistas de todo el mundo.

Hace unos días, nos enteramos que el gobierno norteamericano había descartado la prioridad de derrocar a Bashar Al-Assad en Siria. Algunos lo interpretaron como un paso positivo en la solución de la guerra que vive ese país. Otros, como una prueba más del supuesto contubernio de Donald Trump con los rusos.

La discusión duró poco. Apenas unas horas después recibimos la noticia que Estados Unidos había bombardeado una base aérea en ese país, alegando el bombardeo del gobierno sirio con gases tóxicos contra la población civil.

El gobierno sirio insiste en que no fueron ellos y en realidad es dudoso que hayan cometido un dislate de este tipo, sobre todo, cuando están ganando la guerra contra los terroristas y, como vimos, incluso Estados Unidos había dado señales de flexibilizar sus posiciones.

A favor de los sirios también cuenta el dictamen de la Organización Mundial para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), una entidad de la ONU que en 2013 obtuvo el Premio Nobel de la Paz, precisamente por garantizar la destrucción de este tipo de armas en poder del gobierno sirio.

Para colmo de dudas, ni siquiera se puede asegurar que se trató de un bombardeo. Los sirios plantean que pudo haber sido la explosión de un almacén de los terroristas, lo que introduce la interrogante de quién se las suministró. Un experto del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), durante años asesor de los servicios de inteligencia norteamericanos, confirma esta versión, a partir de las fotografías obtenidas.

Más aún, existe la tesis de que un ataque como éste nunca se produjo y los rusos están reclamando que la OPAQ explique las escenas de cascos azules de la ONU caminando sin ninguna protección a través de un humo que se suponía letal. Estados Unidos se opuso a esta investigación y hasta ahora la OPAQ, con Nobel y todo, no ha querido meterse en el rollo.

Lo otro que resulta desconcertante es que el bombardeo de 59 cohetes Tomahawk contra el reducido espacio de una base aérea, apenas haya provocado bajas, ni siquiera la destrucción de un número razonable de equipos bélicos, cuando se supone que miles de hombres, decenas de aviones y un sinnúmero de armas pesadas debían estar concentrados en ese lugar.

Se argumenta que los sirios previeron el ataque y evacuaron la plaza. La pregunta entonces es cómo se enteraron y a dónde fue a parar un número considerable de estos cohetes que no dieron en el blanco.

Lo primero que vino a la mente de mucha gente es que estábamos en presencia de un nuevo engaño, como las armas de destrucción masiva en Iraq, con el objetivo de iniciar una guerra en gran escala en el Medio Oriente, lo que parece insensato, pero no imposible, si se desatan las fuerzas belicistas en Estados Unidos.

No obstante, los voceros de Donald Trump descartaron esta posibilidad, reafirmaron que se trató de un hecho puntual y que su política hacia Siria no había cambiado. Pero entonces la embajadora en la ONU dijo que derrocar a Al-Assad era efectivamente una prioridad de su gobierno. Por fin, ¿dónde se sienta la cucaracha?

Se suponía que esto era el fin de la luna de miel con los rusos. Aunque se ha dicho que Estados Unidos les informó previamente del ataque, lo que pudiera explicar que la base estuviese vacía, tal acción minaba el proceso negociador e incrementaba las tensiones entre las dos potencias. Por esta razón, tanto los rusofóbicos domésticos, republicanos y demócratas, como la OTAN, aplaudieron el bombardeo.

Pero el secretario de Estado, Rex Tillerson, se encargó de confundirlos de nuevo. Llamó a su par ruso, Serguei Lavrov, y acordaron examinar la posibilidad de abrir una investigación objetiva sobre el incidente de las armas químicas bajo la égida de la OPAQ, así como crear un grupo de trabajo “encargado de buscar soluciones para eliminar los puntos de fricción en las relaciones bilaterales”. ¿A qué vino entonces el ataque a los sirios?

La cosa no termina ahí. De pronto, sin que ocurriera nada excepcional que lo justificara, Estados Unidos planteó su determinación de terminar con la amenaza que, según sus funcionarios, significa Corea del Norte y anunció la decisión de enviar una armada, encabezada por un portaaviones nuclear, a la península coreana. Los coreanos del norte respondieron que estaban listos para una “guerra total” y se disparan las alarmas de un posible enfrentamiento atómico.

Esto ocurría previo a la reunión de Trump con el presidente chino Xi Jinping, agregando conflictos a un encuentro donde se suponía que ambas delegaciones sacaran chispas, debido a las diferencias existentes. No sucedió así, se pasearon por los campos de golf de Trump en Palm Beach, el presidente norteamericano dijo que había ocurrido un encantamiento mutuo y los chinos desplegaron su sabiduría y paciencia ancestral.

Antes, en una declaración muy dura, el gobierno estadounidense había “exigido” a los chinos resolver el problema coreano o  Estados Unidos lo haría por sus propios medios, pero la cosa quedó en una inédita solicitud de colaboración, que la parte china aceptó de buena gana.

Ahora sabemos que el dichoso portaaviones no iba para Corea, sino para Australia, a miles de millas de su supuesto objetivo. Nada, que el fin del mundo puede esperar a que termine el paseo de los buques norteamericanos.

Si el propósito de Donald Trump era confundir a todo el mundo, sin duda lo ha logrado. Algunos estiman que hasta él mismo está confundido, lo que agregaría más temores por lo impredecible que pueden ser sus acciones. Pero las cosas resultan más claras si miramos hacia la política doméstica de Estados Unidos.

El gobierno de Donald Trump está en crisis. Ninguna de sus principales propuestas legislativas ha sido aprobada. No logra encontrar consenso ni siquiera dentro de su propio partido. Todavía no ha podido organizar su equipo de gobierno, sumido en escándalos y contradicciones internas. Su popularidad es la más baja de la historia norteamericana en una etapa similar. Se encuentra asediado por acusaciones de todo tipo, que los medios informativos se encargan de azuzar. Sus promesas grandilocuentes, no bastan para articular un programa de gobierno realizable de cara al futuro.

En verdad, su propio ascenso a la presidencia ha sido el resultado de los conflictos que vive la sociedad norteamericana, la enorme polarización existente y el descrédito de las instituciones gubernamentales. Cualquier gobierno hubiese tenido que enfrentar esta realidad, pero Trump aparece como el hijo indeseado de la política norteamericana y eso complica más las cosas.

Para los enemigos del imperialismo esto no debiera servir de consuelo. Lo menos que necesita el mundo es el caos en un país que puede hundirnos a todos. ¡Que falta haría un chino al frente de la política de Estados Unidos!

Foto de portada: USS Porter (DDG 78), nave destructora de misiles de la Marina de Estados Unidos, al momento de lanzar un cohete Tomahawk / Reuters.

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One Response to ¿Qué pasa en Estados Unidos?

  1. Ese último párrafo realmente es una invitaciòn a la carcajada: un chino dirigiendo la política exterior del imperio, lo que demuestra que individuos como el doctor Arboleya tienen una nostalgia de una China que ya no existe o solo existe en sus cabezas fijadas en la desaparecida guerra fría, cuando China todavía jugaba a ser Marxista o al menos maoísta. Pero peor dislate fue el del difunto Fidel Castro, que en una de sus últimas reflexiones aseguró ” que las tropas rusas y chinas están listas para hacer pagar un precio alto al imperialismo”, a raíz de la crisis financiera griega. Evidentemente, el difunto Castro y el vivo Arboleya se quedaron en una etapa del siglo veinte o algo más lamentable: padecía Castro y adolece Arboleya de una arterioesclerosis combativa y militante.
    Y a lo mejor, quién sabe, Arboleya todavía cree que Putin sigue de coronel de la KGB, ignorando que se trata de uno de los hombres más rico del mundo, gracias a aquella piñata que comenzó el curda Yeltsin y el continuuó sobre los despojos de la desaparecida URSS , imperio hecho añicos y que el pobre Putin quiere reverdecer, ahora con capitalismo puro y duro.

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