Por qué una estadounidense fue a Cuba para tratarse de cáncer

Judy Ingels y su familia están en Cuba por sólo seis días. Tienen tiempo para visitar lugares de interés y probar la cocina local. Judy, una entusiasta fotógrafa, disfruta capturando la arquitectura colonial de La Habana Vieja.

Y mientras está en el país, Ingels, de 74 años, recibirá sus primeras inyecciones de Cimavax, un medicamento que las pruebas clínicas cubanas demuestran que prolonga la vida de los pacientes con cáncer de pulmón por meses y a veces años.

Al viajar a La Habana desde su casa en California, ella está violando la ley.

El embargo estadounidense contra Cuba ha estado vigente durante más de cinco décadas, y aunque las relaciones se descongelaron bajo el presidente Obama, todavía no se permite a  ciudadanos estadounidenses recibir tratamiento médico en Cuba.

“No estoy preocupada”, dice Ingels. “Por primera vez tengo verdadera esperanza”.

Ella padece de cáncer de pulmón en fase cuatro y fue diagnosticada en diciembre de 2015. “Mi oncólogo en Estados Unidos dice que soy su mejor paciente, pero tengo esta enfermedad mortal”.

Él no sabe que ella está en Cuba. Cuando ella le preguntó por el Cimavax, él nunca había oído hablar del medicamento.

“Pero hemos investigado mucho –he leído cosas elogiosas”, dice Ingels. Desde enero, Cimavax ha sido probado en pacientes en Buffalo, estado de Nueva York, pero aún no está disponible en Estados Unidos.

Ingels, su esposo Bill y su hija Cindy se hospedan en el Centro Internacional de Salud La Pradera, al oeste de La Habana. Allí tratan sobre todo a pacientes extranjeros que pagan, como Ingels, y con su complejo de piscinas, palmeras y paseos abiertos, La Pradera parece más un hotel tropical que un hospital.

Este viaje desde su casa en California, junto con un suministro de Cimavax para llevar a EE.UU., le costará a la familia Ingels más de $15 000 (£12 000).

Cimavax ataca el cáncer mediante la estimulación de una respuesta inmune contra una proteína en la sangre que desencadena el crecimiento del cáncer de pulmón. Después de un período de inducción, los pacientes reciben una dosis mensual de inyecciones.

Es un producto de la industria biotecnológica de Cuba, cultivada por el expresidente Fidel Castro desde principios de la década de 1980.

Irónicamente, las innovaciones biotecnológicas cubanas pueden explicarse en parte por el embargo estadounidense –algo que Castro continuamente criticó. Esto significó que Cuba tuvo que producir los medicamentos a los que no podía acceder o que no podía pagar. Y los medicamentos como Cimavax –productos de baja tecnología que se podrían administrar en un entorno rural– se desarrollaron para adaptarse al contexto cubano.

Ahora la industria emplea a alrededor de 22 000 científicos, técnicos e ingenieros, y vende medicamentos en muchas partes del mundo, pero no en EE.UU.

Y aunque los cubanos no revelan el costo de producir Cimavax, es más barato que otros tratamientos.

Para los residentes de Cuba, todos los servicios de salud son gratuitos. Uno de los beneficiarios es Lucrecia de Jesús Rubillo, de 65 años, que vive en el quinto piso de un bloque de edificios en el este de La Habana

En septiembre pasado le pronosticaron dos o tres meses de vida. Lo que comenzó como un dolor en la pierna de Lucrecia, fue diagnosticado como cáncer de pulmón de fase cuatro que se había extendido.

Recibió tratamiento de quimioterapia. “Eso fue muy duro”, dice. “Sentía náuseas y me dolió, pero mis hijos me pidieron que peleara, así que lo hice”.

Después de la radioterapia, Lucrecia comenzó las inyecciones de Cimavax. Ahora es lo suficientemente fuerte como para subir los cinco pisos de escaleras a su casa, y su tos persistente ha disminuido. Se siente mejor, más esperanzada, y está pensando en qué hacer después.

“Quizás vaya a España a visitar a mi hijo”, dice. “Me siento feliz, y todavía estoy soñando con el futuro, pero también siento tristeza. He tenido muchos amigos que han muerto de cáncer y nunca tuvieron la oportunidad que tengo con estas inyecciones. Me siento privilegiada”.

Su médico es Elia Neninger, oncóloga del Hospital Hermanos Ameijeiras de La Habana. Neninger es una de los principales expertos clínicos para el ensayo de Cimavax en pacientes desde la década de 1990.

“Lucrecia llegó incapacitada por su enfermedad en una silla de ruedas”, recuerda Neninger. “Ahora el tumor en el pulmón ha desaparecido y las lesiones en el hígado tampoco están. Con Cimavax, está en fase de mantenimiento”.

En Cuba, especialistas como Neninger no hablan de curar el cáncer –hablan de controlarlo y transformarlo en una enfermedad crónica. Ha tratado con Cimavax a cientos de pacientes.

“Nunca pensé que trabajaría en algo que mejorara la vida de tanta gente”, dice. “Tengo cuatro pacientes con cáncer de pulmón en fase cuatro que todavía están vivos 10 años después de su diagnóstico”.

Pero sobre todo, se demuestra que Cimavax prolonga la vida durante meses, no años. Y no ayuda a todos. En algunos ensayos, alrededor de 20% de los pacientes no han respondido, dice Neninger, a menudo porque la enfermedad está muy avanzada, o tienen enfermedades asociadas que hacen que el tratamiento sea más difícil.

No obstante, el Dr. Kelvin Lee está impresionado. Él es el jefe de Inmunología en el Instituto del Cáncer Roswell Park en Buffalo, Nueva York, donde se realizan las pruebas estadounidenses de Cimavax.

Es la primera vez que un medicamento cubano ha sido probado en Estados Unidos, y se requirió de un permiso especial, porque el embargo prohíbe la mayoría de la colaboración y el comercio.

La inmunoterapia del cáncer se está haciendo más cara en EE.UU., dice Lee. Una vacuna barata que pueda administrarse a nivel de atención primaria es muy atractiva. Y piensa que es posible que Cimavax también pudiera ser utilizado para prevenir el cáncer de pulmón.

“Si pudiéramos vacunar a los fumadores de alto riesgo para evitar que desarrollaran cáncer de pulmón, eso tendría un enorme impacto en la salud pública, tanto en Estados Unidos como en todo el mundo”.

Sin embargo, esto no ha sido probado, y los ensayos iniciales en EE.UU. de Cimavax sólo comenzaron en enero.

También hay incertidumbre política. En la campaña electoral antes de su elección, el presidente Trump dijo que daría marcha atrás al deshielo con Cuba que comenzó bajo la administración de Obama, a menos que haya un cambio en la isla, gobernada como un estado de partido único.

“Nuestras exigencias incluirán la libertad religiosa y política para el pueblo cubano, y la liberación de los presos políticos”, dijo Trump durante la campaña electoral en Miami.

Hasta ahora, Cuba no ha llegado a la parte más alta de su bandeja de entrada. Hay un gran número de electores estadounidenses que creen que Cuba no merece el tipo de reconocimiento y estatus que trae la relación con el Instituto del Cáncer de Roswell Park.

Pero Lee piensa que los argumentos políticos contra la colaboración entre Estados Unidos y Cuba están equivocados.

“La gasolina que ponemos en nuestros autos, los IPhones desde los que enviamos los tuits, los zapatos que compramos a nuestros hijos –todo eso proviene de países con los que Estados Unidos tiene diferencias fundamentales respecto a los derechos de las mujeres, la libertad de expresión, las libertades personales. Pero eso nunca nos ha impedido trabajar con ellos en  áreas que benefician a los pueblos de ambos países”.

Por ahora, Bill Ingels, el esposo de Judy, no está preocupado por violar las disposiciones de las autoridades estadounidenses”.

“Les dije que venía con fines educativos”, dice. “Y yo estoy aprendiendo acerca del cáncer y la medicación. Básicamente soy una persona muy honesta, pero si tengo que mentir, lo haré”.

Ingels no sabrá si la vacuna ha tenido algún efecto hasta que se haga un escaneo dentro de tres meses. “Nos sentimos muy positivos y pensamos que esto sería una gran experiencia y un gran viaje para mi familia. Es la primera vez que me siento arriba desde que me diagnosticaron”.

Cindy Ingels, la hija de Judy, es enfermera. Ella administrará a su madre en California las inyecciones de Cimavax.

“Incluso si se mantiene estable –que se mantenga el tamaño del tumor, y no empeore– estaríamos contentos con eso”, dice. “Si el tumor disminuye en relación a como está ahora, eso sería realmente un milagro”.

(Tomado de BBC News)

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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