MIAMI. Los políticos y los burócratas que administran la maquinaria del homicidio patrocinado por el estado legalmente sancionado rara vez tienen un sentido de ironía.

“Abril es el mes más cruel”, escribió el escritor estadounidense T.S. Eliot, quizás el más grande poeta de la lengua inglesa del siglo XX. Este año, el estado de Arkansas está dando a esas palabras un significado literal y macabro. El estado está compitiendo para llevar a cabo una orgía de ejecuciones — ocho en menos de dos semanas — antes de que finalice el mes en que una de las drogas que usa para matar al condenado —midazolam — llegue a su fecha de vencimiento.

En varias ocasiones, el cóctel letal que Arkansas pretende utilizar ha dado lugar a ejecuciones extremadamente dolorosas, que han durado hasta dos horas de pura tortura. Un estado y un juez federal han emitido sentencias separadas deteniendo la horrenda fiesta de la muerte que las autoridades de Arkansas pretenden llevar a cabo este fin de mes.

A pesar de ello, el gobernador republicano de Arkansas, Asa Hutchinson, está impaciente por llevar a cabo esta carnicería y ha apelado las decisiones judiciales. Está lo suficientemente ansioso como para haber engañado al fabricante a fin de que este venda al estado el producto de uno de los otros dos fármacos que componen el cóctel — cloruro de vecuronio. Lo hicieron poniendo la orden mediante la licencia de un médico particular en vez de la del estado.

El subterfugio tenía la intención de arrojar la falsa impresión de que la droga sería utilizada para un propósito médico legítimo. McKesson Corporation prohíbe el uso de su medicamento para las ejecuciones. No ha tenido éxito en que el estado le devuelva la droga.

Abril puede o no ser el mes más cruel, pero Estados Unidos es la sociedad más cruel entre los países que siguen el imperio de la ley, eligen a sus líderes a través de elecciones, son lo suficientemente ricos como para proporcionar un nivel de vida mínimamente decente a sus ciudadanos más pobres y cuidado de la salud y educación para todos. En comparación con sus pares democráticos y desarrollados, Estados Unidos es la sociedad más cruel, no sólo en abril, sino en cada mes del año.

La evidencia es abundante y convincente. Estados Unidos se destaca de otros países desarrollados en su entusiasmo punitivo. ¿Cómo?

  • Es el último en proscribir la pena de muerte.
  • Su red de seguridad social tiene huecos tan grandes que hasta un elefante podría caer a través de ella.
  • No tiene cuidado de salud universal, y ningún reconocimiento a la atención de la salud como un derecho humano: es pura mercancía y negocio.
  • Tiene un sistema educativo subfinanciado por los gobiernos estatales y cada vez más segregado por clase y raza. Esto carga los dados de la vida a favor de los niños de la gente blanca y rica que asiste a universidades como Harvard y Yale. Los mismos que a menudo terminan como socios altamente pagados en grandes bufetes de abogados o importantes  ejecutivos en poderosas corporaciones. Los niños del 99 por ciento — negros, blancos y latinos — generalmente asisten a escuelas menos prestigiosas o no asisten a la universidad. Las trayectorias de carreras universitarias de los niños del 99 por ciento tienen poca semejanza con los de la prole del 1 por ciento.
  • Muestra el mayor número de asesinatos de civiles por parte de la policía, incluyendo a los desarmados, muchos de ellos negros y estos casos casi siempre terminan con impunidad para los oficiales, a pesar de videos condenatorios y testigos presenciales.
  • Revela la tasa más alta de homicidios.
  • Posee la tasa más alta de muertes por armas de fuego, incluyendo homicidios, suicidios y accidentes.
  • Tiene la mayor población carcelaria del mundo, superando incluso a China, que es un estado autoritario y tiene casi cinco veces más población.
  • Grave desigualdad.
  • Más armas de destrucción masiva y un presupuesto militar que prácticamente supera a los de  todos los otros países del mundo combinados.

Estados Unidos es la más cruel de las sociedades que salieron del tiempo de la Ilustración. No me da alegría decirlo, me duele, es un sentimiento muy impopular. Pero es la verdad.

Los ejemplos individuales, a nivel de la crueldad más básica son demasiados numerosos para solamente proporcionar una pequeña muestra.

El domingo pasado, por ejemplo, en un artículo en la portada del Miami Herald este diario informó sobre el inminente desalojo de su casa de una familia con una hija con parálisis cerebral. Irrazonable, sí. Cruel, sí. El mismo cuento de siempre, también.

Y está el caso de los guardias de una prisión del estado de la Florida que quemaron vivo con una ducha de agua caliente a un recluso. Recientemente supimos que fueron liberados de todos los cargos en su contra. Cruel, sí. El mismo cuento de siempre, también.

Hay miles de otros ejemplos, pero no hay suficiente espacio. Y las cosas van a empeorar aún más en los próximos años debido a la elección de un presidente que se pronuncia a favor de la ley y el orden como el código para liberar a las fuerzas represivas; la campaña republicana para aplicar más castigo aún a la gente pobre y de la clase media mediante la reducción de personal, la bonificación y la privatización de cada programa que les brinda ayuda; la búsqueda cada vez mayor de inmigrantes indocumentados encabezada por un formidable perro de caza y racista fiscal general; y el plan del presidente Trump de gastar más dinero en el ya hinchado presupuesto militar para facilitar que este país lleve a cabo unilateralmente sus tendencias punitivas a nivel global.

La imagen de los Estados Unidos como una sociedad cruel y castigadora no es la que la abrumadora mayoría de los estadounidenses tienen de su país. Pero es la precisa. Los estadounidenses se engañan cuando creen ciegamente en su propia benevolencia como pueblo y país. De no ser así, ¿por qué se alegran tanto cuando un presidente bombardea, invade o ataca a otro país y se molesta cuando se evita una ejecución?

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