LA HABANA. “Queríamos venir para ver el país de mis padres y mi abuelo”, me dicen los dos hermanos a cuyo padre conocí hace muchos años cuando éramos niños y después adolescentes. Hablan español con ese dejo propio de quienes nacieron en los Estados Unidos, pero lo aprendieron en la casa, degustando arroz con frijoles con carne “de cerdo”.

“Estamos contentos porque pudimos visitar la casa del abuelo y padres y ver el colegio donde estudió “Dad”, papá”, se corrije sonriendo, mientras caminamos calles de Centro Habana.

Son Frank y Charlie, hermanos, cuabanoamericanos de segunda generación, para quienes la Isla era hasta hace poco patria prohibida de sus mayores. Ahora montaron en un avión y zas: Cuba.

Me cuentan que los dejaron entrar a la casa paterna y también a la escuela donde estudió el padre. “Fueron amables todos, no vi hostilidad alguna”, dice Frank, que es el mayor de los dos. Él es graduado en Ciencias Políticas. Pero Charlie, el menor, graduado en Administración, anota que hay quienes los asedian para vender tabacos o servirles de guía, “eso molesta”. No obstante ambos coinciden en que el cubano es “gente bonita”.

Mientras regresamos por la calle Obispo hacia el malecón dicen que les da pena ver el estado de muchas casas, más si le añaden el contraste con las del barrio donde vivió su padre: Miramar… Ambos opinan que se debe a la dejadez, “todo necesita mantenimiento y aquí es más evidente”.

La música nuestra nos asedia por La Habana Vieja. Con eso tienen cierta familiaridad, pues “allá, en casa, el abuelo tiene discos de su tiempo, mucho Benny (Moré), de ‘cha cha’ (por cha cha cha) y también de los que allá siguen produciendo música estilo cubano, que es pegajoso, aunque no sabemos bailarlo bien”, coinciden ambos.

Pero hay muchos problemas, “primero económico, es visible, con la infraestructura, calles, conexiones web muy lentas y a un precio caro”, apunta Charlie. Sin embargo, “la gente nos dice que todo va a ir cambiando”, anota Frank. Y Charlie, ya más suelto, añade que “otras (personas) se quejan de que va muy lento” (los cambios)…

“Para conocer la realidad hay que venir y hacerse una idea más cierta de todo, de lo que está bien y lo que necesita arreglarse. No podemos guiarnos por todo lo que dicen los medios, cada cual lo mira desde su… no sabría la palabra adecuada en español”, dice. Perspectiva, posición editorial, política, le digo. Mueve la cabeza en signo de más o menos eso.

Hablando de política, qué me puedes decir de Trump, me intereso. Responde con una expresión en inglés que no capto. Más no rehuye el punto.

“Trump es un desastre, pero es parte de América (Estados Unidos) y él nos lleva para peor, es mi punto”, señala Frank. “Mi padre votó por Hillary, yo soy Independiente, como muchos de mis amigos. Voté por Bernie (Sanders), un hombre decente, con buena historia, pero… no way. Toda la política en el mundo está fuera de foco, las cámaras están en manos de poderes no interesados en ir a lo principal: la gente. Ustedes, en Cuba, han buscado algo diferente”. ¿Lo hemos logrado?, pregunto. “Me parece que les falta mucho, aunque el intento vale, solo hay que ponerlo en perspectiva y empujar”.

¿Con qué? La interrogante me salió automáticamente.

“De acuerdo con las estadísticas poseen una fuerza de trabajo bien calificada… he conocido algunos, pienso que podrían abrirles las puertas a ellos… mover recursos internos”, responde.

Charlie interrumpe diciendo “percibo demasiado control estatal… regular el mercado, bien, pero ahogar, no, no… claro –añade—no somos comunistas, pero creemos posible allá (en Estados Unidos) y en Cuba también, hacer algo diferente y más humano”.

Frank pasa página y confiesa que además de los motivos de su viaje, ya dichos, sentía curiosidad por conocer la realidad de Cuba. Sobre ella se habla mucho desde diferentes posiciones. “En La Florida no dicen nada bueno o publican impresiones muy parciales. Yo, por ejemplo, busco blogs cubanos en la web. Allá, ahora con Trump, anuncian el caos en Cuba… bye bye Obama”.

Charlie sonriente dice rápido que el caos “es Trump, lo tenemos en casa”. “América tiene que cambiar, pero no con Trump, nececitamos políticos eficientes y humanistas (…), el nivel de pobreza aumentará y el de gente sin amparo también”.

Le señalo que el Trumpcare fue derrotado. Responde sonriendo: “eso fue el primer ining, ya buscarán otra manera y también con Cuba, no confiar”, afirma.

Así, entre, caminata y charla, nos despedimos. Cumplí con su padre, mi amigo de la niñez y disfruté de un intercambio interesante con estos dos muchachos, que a mi juicio, bucan encontrar experiencias que les puedan enriquecer.

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