Obamacare sobrevive; Trump lloriquea; los republicanos sangran

Vinieron. Vieron. Se derrumbaron.

Los republicanos, con Trump en la Casa Blanca y una cómoda mayoría en la Cámara de Representantes, no pudieron derogar la Ley de Atención Médica Asequible (Obamacare), un objetivo que han perseguido con celo y persistencia de acosador desde que la ley fue promulgada hace siete años.

El jueves, el presidente trató de intimidar a miembros recalcitrantes de su propio partido para que aprobaran un proyecto de ley que derogaría Obamacare y lo reemplazaría con casi nada. No funcionó.

Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes dominada por los republicanos, no pudo reunir los votos. La razón principal es que Ryan no fue capaz de convencer a sus miembros más extremistas, el “Caucus de la Libertad” generado por el movimiento Tea Party de hace unos años, para que apoyaran la legislación.

Fue una batalla de voluntades entre aquellos que querían reducir al mínimo el seguro de salud para millones de estadounidenses (Ryan) y aquellos que querían diluir todo el asunto (el Caucus de la Libertad). En esta batalla de los espíritus mezquinos y los tacaños ultra mezquinos ganó el más mezquino y el proyecto de ley perdió.

Los mayores perdedores fueron Trump y Ryan. En su campaña, Trump prometió la derogación de Obamacare como su primera y más importante meta legislativa. Fracasó. Después de dos meses de una debacle tras otra, una mentira escandalosa tras otra, Trump necesitaba esa victoria para demostrar que podía gobernar. No lo pudo hacer. Ahora sus bajas cifras récord de aprobación pública probablemente se hundirán aún más.

Trump estaba visiblemente preocupado por el resultado y furioso con los republicanos rebeldes. Sin embargo, incapaz de afrontar la realidad o admitir la derrota, recurrió a disimular. “Lo mejor que pudo suceder fue exactamente lo que pasó –esperen”, dijo en una entrevista telefónica justo después de que Ryan tiró la toalla y retiró la legislación. Es curioso, eso es exactamente lo opuesto a lo que transmiten las fotos de Trump y Pence. Una imagen vale más que mil palabras, y Trump es un mentiroso mil veces. Pero las imágenes no mienten.

La parte más patética de la reacción de Trump fue su lloriqueo por no obtener un solo voto “del otro lado”. Trump tiene las agallas de intentar hacer tragar a los demócratas una abominación de proyecto de ley contrario a sus valores y luego quejarse de que no le dieron apoyo. Es análogo a un violador que se queja de que se vio obligado a matar a su víctima porque ella se resistió.

El resultado también fue un golpe especialmente duro para Ryan. Durante años, Ryan ha realizado una cruzada contra Obamacare. Las circunstancias después de la debacle demócrata en noviembre no podían haber parecido más prometedoras para que el presidente de la Cámara pudiera cumplir finalmente su deseo. Fue la prueba más grande para Ryan como líder y fracasó miserablemente.

Ryan había llegado a la cima del montón republicano sin haber logrado aprobar nunca una legislación significativa. Ahora se vio obligado a admitir que “Obamacare es la ley del país” y que tendremos Obamacare con nosotros para rato. Puede ser una emoción pueril, pero soy humano, y reconozco que recibí una gran satisfacción al ver a este odioso pseudo prodigio republicano obligado a comer estiércol.

Como consecuencia de la caída del proyecto republicano para destruir Obamacare, las facciones e individuos republicanos están involucrados en una despiadada guerra civil, políticamente dañina en especial para las personas que lograron la victoria con la promesa de “arreglar Washington” y en su lugar han logrado crear un lío mayor y destrozar a su propio partido en el intento.

No puedo dejar de decirlo: Se lo tienen bien merecido.

Digo eso porque el análisis objetivo y no partidista de la Oficina Congresional del Presupuesto encontró que la derogación eventualmente haría que 24 millones de personas perdieran su seguro de salud. Les costaría la vida a un número sustancial de estadounidenses. Otros se enfrentarían a la bancarrota y la privación económica severa para permitirse el astronómico precio del seguro de salud “basado en el mercado”. Muchas personas vivirían asediadas por el miedo y la ansiedad, e irónicamente el “reemplazo” republicano ni siquiera cubriría la salud mental.

Algunos buenos chicos

La ley de atención de salud de Trump / Ryan fue un desastre de todos los ángulos, mala política, innoble, simplemente errónea. Me alegro de su desaparición.

Pero no bajemos la guardia ni por un segundo. El Plan B de Trump es aún más malévolo que el Plan A. Él dice que debemos dejar que “Obamacare explote”. Lo que él y otros republicanos que dicen que Obamacare inevitablemente entrará en una “espiral de muerte” significa que harán todo lo posible para hacerlo explotar y nada que le impida entrar en una “espiral de muerte”. Entonces pueden culpar a Obama y a las fallas de diseño en el programa cuando la gente comience a perder su cobertura de salud.

No es inevitable que Obamacare explote o caiga en una espiral mortal. El programa se ha expandido mucho después de un comienzo incierto y ha producido un porcentaje récord de estadounidenses sin seguro médico. No hay nada en Obamacare que no se pueda arreglar e incluso mejorar con relativa facilidad. Por supuesto, un sistema de un solo pagador, como Medicare para todos, sería mucho mejor. Pero Obamacare fue el mayor paso en la dirección correcta que se podía tomar en aquel momento, dada la resistencia de los intereses creados (corporativos) y de sus lambiscones en el Congreso.

Trump y los republicanos querían ejecutar a Obamacare, pero en su lugar se colocaron a sí mismos en un pelotón circular de fusilamiento. Que sangren por mucho tiempo.

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