Inspirado a las 4 de la madrugada pensando que me quedare sin seguro muy pronto…   

MIAMI. Siempre me gustó observar las dos caras de una misma situación como quien mira una moneda de un lado y del otro. Porque las cosas en realidad siempre tienen dos caras. Sin ser la excepción de muchos, me sumo a la mayoría y juzgo de forma espontánea —equivocadamente a veces— tomando elementos superficiales y poniéndome a mí como centro de la situación. Cómo esto o aquello me afecta o afectará.

Esta forma de razonamiento —que en realidad es prejuzgar sin un mínimo esfuerzo mental— me lleva a solo mirar la superficie del lago, desconociendo la profundidad del mismo. Creemos que lo que vemos es la realidad, pero en sí misma no es más que un espejismo. Así caminamos por este sendero, llamado vida, como rebaño, creyendo que las cosas son de determinado color, pero atrás de todo esto, ni los colores existen.

Los políticos son expertos en manejar esta forma que tenemos los humanos de pensar. Mejor dicho, saben aprovechar esta situación sicológica de esa primera opinión, de esa forma natural de prejuzgar. Esto lo vemos a través de toda la historia de la humanidad.

Cuando vi la noticia de que los republicanos tienen un plan que llevará a que, en el 2026, 52 millones de americanos estén sin seguro de salud, me vino pánico. Ya expliqué cómo funciona nuestro cerebro. Pensé en mí primero, yo el centro. La vejez es inevitable, la salud se deteriora, también inevitable. ¿Qué sucede si no tengo un trabajo fijo y un seguro de salud que me lo pueda proveer, o si no tengo suficiente ingreso como para costearlo? Me vino miedo. Así es como funcionó mi mente frente a esta noticia. Así es como muchos de nosotros lee esto.

Este es otro miedo sumado a los muchos que ya tenemos. Nosotros los americanos somos víctimas del miedo, de la inseguridad, de la manipulación por parte de estos políticos, que solo se enriquecen a sí mismos y a sus pares.

Desde que Trump decidió jugar a ser político, no ha hecho más que asustarnos. Iba a decir amenazarnos, pero esa palabra es muy fuerte, ya que muchos pensarán —por eso del prejuzgar— que mi opinión debe estar teñida con tintes partidistas. Pero en realidad, este monstruo nos ha amenazado de mil formas.

Tenemos que salir a ganar guerras porque hay enemigos amenazándonos, tenemos que crear un muro porque tenemos vecinos delincuentes, tenemos que deportar a todos estos criminales que viven con nosotros, tenemos que pagar más impuestos para solventar esos recortes que tendrán los que tienen mucho, y así una lista interminable… Incluyendo quedarnos colgados en este sistema de salud que,prometieron, iba a ser mejor que el de ese intruso que tuvo la Casa Blanca, según ellos. Opinión racista también, que sirve para incrementar el miedo y atrás el odio.

Quiero ahora olvidarme de mi, de mi miedo a enfermarme, en realidad de morirme, y pensar en lo que esto genera en mí y en todos los que están en la misma situación… Voy a pensar en la inseguridad que estamos viviendo, la cual crece a pasos agigantados con este gobierno. Esta inseguridad en todos los aspectos, no solo en la salud, la economía, y hasta para el futuro de este país, que no es más que otro garabato ubicado en una de las caras de la moneda. Este es solo un lado. No se olviden.

Pues bien, pasemos a la otra cara de esta moneda llamada Trump. Olvidémonos del miedo y de la inseguridad. Veamos ahora que estos elementos son solamente el fertilizante para el plan maquiavélico de este personaje retorcido, que se levanta a las tres de la madrugada con una ocurrencia para joder a alguien. El miedo y la inseguridad nos hacen vulnerables para la manipulación. Es eso nada más lo que busca Trump. Eso es lo que ha hecho toda su vida, en los negocios, ahora en la política y en todos los medios en que se ha metido.

Manipular es la herramienta que usan los que ansían el poder. En otras palabras, poder y manipulación van de la mano. Ambos se alimentan mutuamente.

Esto del nuevo seguro de salud se implementa para quebrarnos, para hacernos aún más débiles ante este loco, sobre quién no sabemos todavía su plan para nosotros, el rebaño. Si razonáramos un poco, si no nos quedáramos con lo que nuestra mente nos quiere hacer ver a primera vista, pues bien que reaccionaríamos. Cosa que ya nadie hace aquí: reaccionar.

Así nos quedamos todos en un rincón temblando, sin hacer nada. Así pasó también con la crisis económica. Cuando los bancos se apoderaron de nuestros hogares, cuando nos quedamos sin trabajo. Nadie mueve un dedo. Es fatal la inercia que tenemos muchos criados en este sistema de miedos: miedo de salir a la calle, miedo a una revolución, miedo a terminar preso o muerto por defender lo que en realidad nos pertenece.

Miremos lo que pasa en el mundo —no solo en países pobres, también en el primer mundo, Europa— cuando los gobiernos tocan un ladrillo de nuestra casa, cuando el gobierno nos saca el pedazo de pan de nuestra mesa, la gente sale a la calle a protestar, a hacerse escuchar. Mueren a veces… pero no importa. Hay inseguridad, pero no hay miedo. Muchos de esos políticos que usan la herramienta de la manipulación pagan caro, a veces, con un pueblo que no se deja engañar así no más.

Quizás, eso de estar siempre buscándole la quinta pata al gato esté mal. Quizás sea un desconfiado, un retorcido, pero este cuento del TrumpCare no lo paso tan fácil. Ya sé que seré uno más sin seguro médico, muy pronto, e integraré el grupo de los 52 millones que estaremos a la deriva mañana. Reconozco también que tengo miedo, pánico a enfermarme y que debería estar realmente preocupado por eso. Pero, en cambio, me quiero concentrar en la otra cara de esta moneda. Entonces, veo solamente la exacerbada manipulación de un presidente para seguir quebrándonos.

Si hasta mi camisa también tiene un derecho y un revés, entonces, ¿por qué no podemos ver esta situación con dos lados, dos caras?

(*) Daniel Pontet es artista plástico que reside en el sur de la Florida. Es el autor de la sección Grafito y Tinta de Progreso Semanal.

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