Clásico Mundial: ¡Chirrín chirrán!

LA HABANA. El IV Clásico Mundial de Béisbol, al menos para Cuba, ha terminado. Y lo ha hecho de la peor manera posible: con la mayor paliza que han recibido los antillanos en las cuatro ediciones del evento, un doloroso nocao en siete entradas y pizarra final de 1-14 ante Holanda.

Holanda, Tokyo Dome, eliminación… deja vú completo. Por mucho, el escenario nipón se ha convertido para Cuba en un potro de tortura, y los holandeses en nuestros verdugos recurrentes de los últimos años.

Apenas cinco días atrás escribíamos que Cuba, por doloroso que fuese aceptarlo, era la plantilla con menos posibilidades de avanzar en el grupo asiático. Desgraciadamente, la realidad se empeñó en confirmar las sospechas. Tres derrotas en igual número de salidas, siete carreras anotadas y 26 permitidas, un nocao y la última imagen de un equipo desorientado, es el saldo que deja la segunda fase del certamen para el béisbol cubano.

Tras el partido del martes en la madrugada contra Japón, algunos recuperamos las ganas de creer. Por mucho, fue el mejor choque de los cubanos en su incursión de 2017, sin importar el resultado final. Marcador pegado hasta el último inning, destreza y seriedad en la defensa, bateadores haciendo swing… contra Japón, por momentos, los dirigidos por Carlos Martí parecieron un equipo Cuba. Pero solo por momentos.

Medio día más tarde, la imagen desapareció a fuerza de los batazos holandeses, y el grupo de jugadores volvió a mostrar su verdadero rostro: el de un elenco confeccionado a retazos, concebido como parche para camuflar una rotura y nunca pensado para ganar.

Holanda saltó al Tokyo Dome con la seguridad que recordaba a nuestros equipos de antaño. Bate en ristre su alineación despachó batazos a diestra y siniestra. En cada entrada ampliaron su ventaja, en cada entrada conectaron con fuerza los envíos de todos los lanzadores cubanos; en cada entrada los holandeses nos restregaron en la cara nuestra incapacidad para ganarles —algo que frisa ya con lo patológico.

I Clásico Mundial

1ra Fase (Mar.9.2006) Estadio Hiram Bithorn

III Clásico Mundial

2da Fase (Mar.8.2009)

Tokyo Dome

III Clásico Mundial

2da Fase (Mar.11.2009) Tokyo Dome

IV Clásico Mundial

2da Fase (Mar.14.2017) Tokyo Dome

Cuba 11 2 6 1
Holanda 2 6 7 14

Al cierre del cuarto episodio, Holanda había marcado 12 carreras y todos, incluido Carlos Martí, sabían que el choque estaba definido. Pero, por reglamento, Cuba y Holanda debían quedarse sobre el terreno hasta completar siete innings. Habría que negociar con los organizadores del Clásico algún tipo de salida decorosa para este tipo de situaciones. No sé, quizá algún gesto de rendición como en el judo o la lucha, o una toalla como en el boxeo; algo para no tener que soportar la frustración reflejada en el rostro de nuestros jugadores, o el desconcierto de un equipo que estaba de más en el Tokyo Dome.

La imagen de fragilidad dejada ante Holanda es un reflejo exacto de nuestro actual estado beisbolero. No estamos hoy a la altura del Clásico Mundial, al menos no a la altura que deberíamos. Y lo peor es que, al paso que vamos, llegará el día en que tengamos que jugar la ronda de clasificación para asistir a este evento. Orula mediante, espero no tener que ver semejante cosa.

Asumir desde un inicio que la expectativa de Cuba en el IV Clásico era avanzar a la segunda fase y, una vez allí, hacer lo que se pudiera, es denigrante. Es probable que China y Australia se conformen con ese resultado, pero para los cubanos la segunda fase es apenas el comienzo del Clásico. En esta isla cada vez quedan menos cosas por las que enorgullecerse, menos asideros que como nación nos aglutinan, y todo indica que también nos van a arrebatar uno de nuestros últimos puntos de consenso: la pelota.

Ahora podrían hallarse muchas variables para explicar el fracaso rotundo de esta segunda fase: el pitcheo no aguantó —ni abridores, ni relevistas—, batearon poco, se cometieron errores, la dirección demoró en tomar decisiones evidentes, había demasiada iluminación en el Tokyo Dome, nuestros jugadores estaban desconcertados con el lirismo de las congas japonesas, nadie se imaginó que hubiese tantos judíos en franquicias de la MLB o tantos mulatos en Holanda… Pero todo ello solo serviría para esconder una verdad como templo: tenemos un equipo débil, con el cual es imposible construir estrategias, porque, básicamente, carece de materia prima para hacerlo.

Si el IV Clásico y la apabullante despedida que nos dispensó Holanda sirven para impulsar el regreso de nuestros mejores peloteros a las nóminas cubanas, y con ellos mostrar nuestra mejor versión como equipo, entonces el sufrimiento habrá valido la pena.

Si, por el contrario, nada cambia, Holanda y el nocao de este martes serán otra raya en el estrepitoso desmoronamiento del béisbol cubano, otra señal que intentaremos esconder con artificios y las palabras de autocompasión ya ensayadas. Sigo esperando que me digan el metal con que fabrican las medallas de la dignidad, para saber si puedo ponerlas junto a la treintena de títulos mundiales que archivó Cuba.

Si, por obstinación, seguimos creyendo que la solución a la debacle de la pelota en Cuba se basa en movimientos endógenos y nuevas estructuras en la Serie Nacional, entonces lo más sensato sería extirpase el corazón y poner en su sitio cualquier trozo de víscera. Probablemente el hígado de los cubanos sea menos propenso a los sentimientos y a las subidas de presión.

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