LA HABANA. Aguardo con paciencia china, que no me es muy abundante que digamos, por los análisis correspondientes de nuestros especialistas deportivos acerca de las razones y pareceres del descalabro —otro más— de nuestro equipo nacional en el IV Clásico Mundial de Béisbol.

Mientras tanto llegue algo meridiano, honesto y valiente, me atengo a lo que con frecuencia nuestros comentaristas aseguran con razón: que en las gradas de los estadios sobran managers y umpires, que aquí todo el mundo dice conocer y saber de pelota. Soy uno de ellos.

El descalabro en la arena internacional de nuestro pasatiempo por excelencia no viene dado ni por una mala selección de una tercera base ni mucho menos por la designación de un director que en tal o cual momento del juego, según algunos, no hizo lo que tenía que hacer, apreciación discutible.

El problema lo menciono por segunda vez, porque estamos nadando contracorriente desde hace años. En la primera ocasión en que lo sostuve ni se sabe cuántos “palos” de la ultraizquierda beisbolera recibí por tal atrevimiento.

Pues que vengan de nuevo los reproches, que no serán deportivos, sino políticos.
Y he aquí el pollo del arroz con pollo de la problemática: las consideraciones políticas en torno al béisbol y otros deportes de igual manera.

Si, hipotéticamente, hubiéramos conformado una selección tal y como lo hicieron todos los equipos en lidia, de seguro el papel de Cuba hubiera sido completamente diferente por la calidad expresa de muchos que juegan fuera de nuestras fronteras.

El propio Alfredo Despaigne, bien nombrado el caballo de los caballos, que juega en la liga profesional japonesa, le dio su parecer a un colega cuya respuesta apareció en la edición del diario Granma el sábado 11 de marzo al referirse a los cubanos que jugaban en la Major League Baseball:

“Sigo su labor en aquella pelota, ellos tomaron la decisión de irse a jugar allá. Veo sus éxitos, me alegro, fueron muchos años compartiendo juntos. Y sí, ojalá algún día halemos en el mismo equipo, este de Cuba”.

Pues sí, mi admirado Despaigne, me sumo al ojalá para “halar” bajo la misma bandera. Para eso será necesario un gran y revolucionario cambio que nada tiene que ver con la táctica ni la estrategia en un terreno de pelota, sino en la política.

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One Response to Papelazo en Tokio Dome

  1. La propaganda es algo increible y cuando esta monopolizada al final el resultado es espeluznante. Cuba esta pagando las consecuencias.
    Donde esta la excepcionalidad del difunto Mesias? Sin quitarle los meritos justamente ganados,buena parte de su ejecutoria se baso en el monopolio de la decision y la expresion. Cuantas y cuantas cosas como estas debio haber previsto “Nuestro Iluminado”?
    Ahora estan muertos de miedo y nada van a cambiar,no se atreven ni a mover una coma! Se demuestra que el “COMUNISMO” es contrarevolucion,al fin y al cabo los extremos se tocan. Cual es la diferencia entre la extrema izquierda y la derecha?
    Habra que esperar a que pasen los extremistas para lograr un entendimiento nacional. Solo asi tendremos un team unificado!

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