SANCTI SPÍRITUS. Con el niño de un año y medio en brazos y, en el bolso, una kilométrica lista de cuidadoras con sus respectivos nombres, seudónimos y direcciones, Dariela Álvarez peinó durante días la ciudad de Sancti Spíritus: subió y bajó edificios multifamiliares, comprobó la higiene de las “candidatas” y hasta revisó los patios de las casas con un rigor que hubieran envidiado los operarios de vectores.

Estaba desesperada por comenzar a trabajar, pero tampoco iba a dejar a Abel Ernesto con cualquiera”, explica ahora, mientras su pequeño pone patas arriba la sala de la “tía” que cumple todos los requisitos: limpia, dulce y con pocos niños a su cargo.

Visitó más de 20 mujeres, algunas con licencia emitida por la Dirección Municipal de Trabajo y Seguridad Social; otras, que ejercen sin autorización y, por tanto, no pagan patente. Sin embargo, no visitó, porque no estaba para perder el tiempo, ninguno de los 11 círculos infantiles que existen en la capital provincial.

Dariela no trabaja ni en Salud ni en Educación, sectores tradicionalmente priorizados en el otorgamiento de capacidades para estos centros, sino como mesera en un paladar, con lo cual ella misma descartó la remota ilusión de que le concedieran una plaza a su hijo.

Pero laborar en Salud y Educación no asegura a nadie por default en el reñido casting de los beneficiados con una plaza, y que las trabajadoras en el sector no estatal también pueden optar por ellas.

Así sostiene Yanexsy Moreno Pérez, jefa del Departamento de Preescolar en la Dirección Provincial de Educación, quien reconoce la demanda insatisfecha en el ingreso a estas instituciones educacionales y puntualiza que el órgano facultado para establecer prioridades es el Consejo de la Administración Municipal (CAM).

La resolución que norma lo relativo al ingreso no dice que las madres trabajadoras de Salud y Educación tienen derecho de por sí —argumenta—; pero sucede generalmente que los CAM señalan en cada lugar a estos dos sectores como priorizados. Esa decisión ya es a nivel municipal”.

Por la gran responsabilidad social de quienes trabajan en estas esferas, creo que es una determinación muy justa”, opina Moreno Pérez, y a seguidas ejemplifica con otros sectores privilegiados según los intereses de cada municipio: en Cabaiguán, la rama tabacalera; en La Sierpe, la arrocera; en Yaguajay, el sistema del Poder Popular… Paradójicamente, en Trinidad el sector no estatal, pese a aportar más del 50 por ciento de los ingresos al presupuesto del Estado, no figura entre los priorizados para el otorgamiento de plazas en círculos infantiles.

Ni en Trinidad, ni en el resto de los territorios espirituanos, con lo cual vienen como anillo al dedo los dos decretos-leyes y cuatro resoluciones aprobadas por estos días, en los cuales se precisan beneficios para las madres de este sector de la economía.

Aún así, la lista no da con el billete. No hay capacidades estatales para los niños de todas las madres cubanas.

Círculos infantiles: la demanda insatisfecha

Aunque las últimas cifras publicadas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información en su sitio web oficial datan del 2014, bastan para comprobar una lamentable tendencia: desde el 2009 hasta esa fecha, la cantidad de círculos infantiles en Cuba decreció, un movimiento a la inversa de lo que recomendarían las políticas de fomento de natalidad.

En Sancti Spíritus, las estadísticas tampoco son demasiado halagüeñas. Para más de 28 000 niños entre 0 y 6 años que viven en la provincia, según estimados de Educación, solo 4 582 ocupan plazas en alguno de los 33 círculos infantiles del territorio. Resulta ostensible hasta qué punto la oferta no satisface la demanda.

Sin inversiones que amplíen los círculos ya existentes, mucho menos que levanten otros de la nada, cada día es más evidente la necesidad de conciliar la educación preescolar que garantiza el Estado con el hasta ahora poco regulado mundo de las cuidadoras particulares.

Tarifas de otra galaxia

Para sacar la patente que la autoriza a ejercer la actividad 11 de 201 aprobadas para el trabajo por cuenta propia. O sea, para asistente en el cuidado de niños, Mildrey Rodríguez solo debió presentar su carné de identidad, dos fotos y una licencia sanitaria emitida por Higiene y Epidemiología.

Desde entonces han pasado tres años, período en que esta espirituana ha pagado puntualmente a la ONAT. La documentación me la muestra sin que se la pida, mientras seis pequeños juegan en la sala. “La gente de Salud me chequea con frecuencia, hasta dos veces al mes, y me fiscaliza lo relativo a la higiene de la casa, los alimentos que le doy a los niños, si tienen el espacio necesario…”, enumera.

Tanto Mildrey como su hermana Maribel Rodríguez cobran lo que, según sondeos de Progreso Semanal, pudiera considerarse el mínimo de las tarifas al uso para la provincia en este tipo de negocios: 150 pesos en moneda nacional. De ahí para arriba, los precios se disparan.

Si te encuentras a una que, como Maribel, sea limpia, agradable, dedicada a los niños y les caliente la comida que tú le llevas de la casa, te puedes dar con una piedra en el pecho —explica una de las madres consultadas—; yo tengo amigas que pagan 250 o 300 pesos por mucho menos”.

Ya en Trinidad, como en casi todas las esferas, el mundo de las cuidadoras parece de otra galaxia: desde las “baratas-baratas”, que cobran 10 CUC por semana en modalidad de todo incluido —“niños con manilla”, les dicen—; hasta la versión contemporánea de las antiquísimas nanas: señoras que por salarios sobre los 50 CUC cuidan al niño sin que este deba moverse de su casa.

Hasta el mismísimo Paquete Semanal han llegado las promociones a este tipo de negocios que, a medida en que aumentan las tarifas, comienzan a transfigurar sus nombres, al punto en que ya no solo son cuidadoras, a secas, sino también guarderías, jardines de la infancia y “daycares”.

La reciente disminución en un 50 por ciento del pago de la cuota consolidada por esta actividad, ¿hará bajar los precios del servicio que brindan las cuidadoras? Ante la pregunta insistente, esta reportera solo ha recibido como respuesta una mueca de incertidumbre.

¿Sistemas educativos paralelos?

No hay que ser cartomántico para adivinar que detrás de las 111 licencias emitidas en todo Sancti Spíritus para ejercer como cuidadores de niños, se solapan centenares de personas que realizan la actividad al margen de la ley.

A semejante conclusión llegaron los especialistas de la Dirección Provincial de Trabajo y Seguridad Social, quienes han notificado a los inspectores integrales para que estén a cuatro ojos.

Valga un ejemplo para ilustrar: ¿cómo es posible que en un municipio como La Sierpe, que apenas cuenta con un círculo infantil, no haya ni una sola cuidadora de niños registrada?

El llamado a la legalidad, si bien es impostergable en todos los ámbitos de la vida nacional, en lo concerniente al cuidado y la protección de los niños entre 0 y 6 años debería pasar a primerísimos planos. Ya bastante cordel se le ha dado a una actividad que solo chequea Higiene y Epidemiología y sobre la cual Educación no tiene jurisdicción alguna.

Más que el control formal, urge integrar a las cuidadoras privadas, esa especie de sistema educativo paralelo, a los mil y un programas científicamente fundamentados de la enseñanza preescolar cubana.

En definitiva, lo que pide Dariela Álvarez es simple: “Que mientras trabajo en el paladar el niño esté bien atendido y, por supuesto, que no me lo maltraten”; un reclamo universal que todos los padres hacen por igual a círculos infantiles, guarderías —alias “daycares”— o a las reemergentes nanas.

Foto de portada: Carlos Luis Sotolongo Puig.

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