Ileana, Marco, Curbelo y Mario: Facilitadores lisiados de Trump

MIAMI. Finjamos por un minuto que estamos de vuelta en 2013 y el presidente Obama acaba de ganar su segundo mandato. Los medios de comunicación están saturados con la fuerte posibilidad de que varios funcionarios de la administración Obama, incluyendo más de un miembro de su gabinete, hayan estado en connivencia con los rusos. Hay evidencia de que los rusos pueden haber pirateado los archivos del Comité Nacional Republicano, y que también hayan ayudado a las posibilidades del presidente de ganar las elecciones de 2012.

Recuerden, estamos simplemente fingiendo, así que sigamos este viaje de fantasía… El secretario de Estado del presidente, quien fue exdirector general de una gran compañía petrolera y ha hecho negocios con los rusos en el pasado, ha sido condecorado por Vladimir Putin con la Orden de Amistad de Rusia por su “gran contribución al desarrollo de la cooperación en el sector energético”. En este caso imaginario, incluso el procurador general de Obama aparentemente tuvo conversaciones con los rusos justo antes de las elecciones, pero lo negó ante un subcomité del Congreso, solo para alegar ignorancia, negar que mintió y admitir que su respuesta puede haber sido sacada de contexto. Este mundo imaginario del que estoy escribiendo tiene a Obama trabajando con una mayoría del Partido Demócrata tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Curiosamente, los demócratas en ambas cámaras están haciendo todo lo que está en su poder para mirar hacia otro lado. Están tratando de dirigir el foco a las filtraciones “ilegales” a los medios de comunicación procedentes de los burócratas dentro de la administración. Todo el tiempo, los republicanos están gritando hasta desgañitarse. “Nuestro país está en connivencia con los rusos”, dicen. “Putin está manejando los hilos de Obama, ¡y ​​los demócratas no nos dejan investigar!”

Este hecho novelesco parece provenir de un libro escrito por Robert Ludlum. Es, por desgracia, lo que está sucediendo actualmente en Washington, excepto que el presidente es Donald Trump y los republicanos están haciéndose de la vista gorda ante demasiadas coincidencias que merecen ser investigadas. Y los demócratas… bueno, algunos están gritando, pero los demócratas todavía quieren culpar a los rusos de la derrota de Hillary…

Lo que me lleva a los propios miembros del Congreso de Miami: el senador Marco Rubio y los representantes de Estados Unidos Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo. ¿Dónde diablos han estado durante este escándalo acerca de Rusia que casi puede desbaratar la Casa Blanca de Trump que a ellos tanto les gusta criticar en público (cuando es conveniente), pero a la que en privado están tratando de acercarse?

¡Es Rusia! Si el actual inquilino de la Casa Blanca hubiera sido Obama, el Pequeño Marco, Ileana, Mario y Carlos probablemente serían vistos en cada esquina de Miami culpando a Obama por venderse a los comunistas y vomitando mensajes de 20 segundos a los medios de comunicación que les permitan confundir a sus electores. Fidel y Cuba habrían desempeñado un papel prominente, estoy seguro.

En cambio, el 28 de febrero, horas antes del primer discurso del Estado de la Unión de Trump, Ros-Lehtinen, Curbelo y Díaz-Balart, junto con otros 226 republicanos, en una votación procesal en la Cámara de Representantes, bloquearon un intento de los demócratas que habría obligado al presidente Trump a dar a conocer sus declaraciones de impuestos, algo que han hecho todos los presidentes desde Gerald Ford en 1973. Trump se ha negado a hacerlo.

¿Por qué son importantes las declaraciones de impuestos?

Las razones son muchas, pero para empezar, en el caso Trump, permite que el público estadounidense examine atentamente el lugar donde el presidente está haciendo negocios, y si puede haber un conflicto de interés en el negocio que está haciendo. Por ejemplo, acuerdos que podrían incluir al gobierno ruso, o intereses que involucran a Rusia, en detrimento de los Estados Unidos.

A Ros-Lehtinen, Curbelo y Díaz-Balart no parece importarles… o una vez más están demostrando que su único interés son ellos mismos y el avance de sus carreras políticas, y cómo podría beneficiarlos. En cuanto al senador Rubio, cuyo apodo de el Pequeño Marco le viene muy bien, me resulta difícil creer que se respete incluso a sí mismo.

Y Ros-Lehtinen y Curbelo, que optaron por no votar a favor de Trump para presidente, incluso contra la odiada Hillary Clinton, se han convertido en facilitadores de un presidente que miente y engaña y se opone a los principios en los que afirma creer.

O cómo se puede ser más hipócrita que Ros-Lehtinen, quien dijo después de la decisión de la administración Trump de eliminar las protecciones para los estudiantes transgénero: “Esta decisión lamentable puede conducir a un tratamiento hostil de los estudiantes transgénero y los estudios han demostrado que el abuso y el acoso pueden ser perjudiciales al bienestar emocional y físico de adolescentes”. El hijo de Ros-Lehtinen, Rodrigo, es una persona transgénero.

Ros-Lehtinen y Curbelo han hablado en contra de la administración Trump en asuntos relacionados con la inmigración. Sin embargo, siguen votan con la línea oficial republicana.

Sus acciones en el Congreso y aquí en Miami me recuerdan algo que John Lennon escribió una vez sobre personas como ellos: “Una cosa que no puedes esconder -es cuando estás lisiado por dentro”.

Aquí va una advertencia justa para las próximas elecciones en que estos nombres aparezcan en las boletas: Ros-Lehtinen, Curbelo, Díaz-Balart y Pequeño Marco (él prefiere esto a Rubio): Voten por su cuenta y riesgo.

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