Miami no es una ciudad santuario, escribe un juez, pero EE.UU. es un país santuario

MIAMI. Hubo un suspiro de alivio el viernes, 3 de marzo, luego de una decisión del juez del Circuito de Miami, Milton Hirsch, quien falló a favor de los seres humanos por la amenaza de la pérdida de dólares federales para las arcas del condado de Miami-Dade.

Y, sin embargo, nada ha sido verdaderamente decidido. El Miami Herald informó que “el impacto inmediato del fallo no estaba claro. Por una parte, el juez no ordenó explícitamente a los carceleros de Miami-Dade que dejen de cumplir las peticiones del gobierno federal de detener a las personas que estén marcadas para ser deportadas o sospechosas de violar las leyes de inmigración”.

En una sentencia que rechaza la cobarde actuación del alcalde de Miami-Dade Carlos Giménez y de nueve de los 12 comisionados del condado (uno no asistió a la reunión), el juez Milton Hirsch se puso de parte de los derechos básicos de un ser humano y declaró que Miami-Dade violó la Constitución de EE.UU. cuando acordó encarcelar a inmigrantes indocumentados programados para su deportación. “Por supuesto, debemos proteger a nuestro país de los problemas asociados con la inmigración no regulada”, escribió el juez Hirsch. Pero enfatizó que “debemos proteger a nuestro país de muchas cosas; pero sobre todo de la pérdida de nuestros derechos y libertades históricos”.

Según informó Patricia Mazzei, del Miami Herald, a fines de enero el alcalde de Miami-Dade, Carlos Giménez, ordenó a las cárceles del condado cumplir con las solicitudes federales de detención de inmigrantes, eliminando la posición del condado como un ‘santuario’ de los inmigrantes ilegales.

Agregó que “Giménez citó una orden ejecutiva [firmada] por el presidente Donald Trump que amenazaba con recortar las subvenciones federales para cualquier condado o ciudad que no cooperara plenamente con el Servicio de Inmigración y Aduanas”.

Al hacerlo, Giménez se convirtió en el primer alcalde de una ciudad grande en hacer cumplir la decisión de Trump y fue criticado por muchos por hacerlo sin que se lo pidieran. En ese momento, su acción tuvo una reacción rápida en Twitter por parte del Presidente Trump, quien escribió: “El alcalde de Miami-Dade elimina la política de santuario. Decisión correcta. ¡Fuerte!”

Pero muchos en la comunidad del sur de la Florida estaban insatisfechos y lo demostraron protestando y asistiendo a varias reuniones de la comisión del condado donde se discutió el tema –en vano. El 17 de febrero, en una audiencia pública a la que asistieron más de 100 personas, muchos de los cuales hablaron en contra de la medida del alcalde, el Herald informó que “los comisionados del condado rechazaron horas de testimonio apasionado por parte de residentes que imploraron al consejo enfrentarse al alcalde y a la Casa Blanca. Más de 150 personas pasaron el día en el Ayuntamiento ofreciendo una defensa a menudo elocuente de la inmensa diversidad de inmigrantes del sur de la Florida. Sólo un pequeño número apoyó la acción de Giménez”.

Después de la votación de 9 a 3 en favor de la decisión de Giménez, muchos en la audiencia gritaron “¡Qué vergüenza!” mientras salían de la cámara de la Comisión.

Al hablar más tarde con los reporteros, el alcalde Giménez, un cubano-americano y por lo tanto un inmigrante, dijo que “Miami-Dade no es –jamás se ha considerado– una comunidad santuario”. Seis de los nueve votos emitidos a favor del alcalde también fueron emitidos por inmigrantes –cubano-americanos, para ser específicos. Dos de los nueve votos provienen de afroamericanos, y uno de una mujer blanca de ojos azules, cuyos antepasados, estoy seguro, fueron en algún momento inmigrantes recién llegados a este país.

En la decisión del viernes, el juez Hirsch escribió que la política violaba la Décima Enmienda, que limita el alcance del gobierno federal sobre los estados.

El Herald informó que el condado inmediatamente presentó una apelación ante el Tribunal de Apelaciones del Tercer Distrito.

Cuando el Presidente Trump asumió el cargo en enero, amenazó con recortar fondos federales de las llamadas ciudades “santuarios” que no cooperaron con las autoridades federales de inmigración. Fue entonces cuando Giménez y compañía tomaron medidas contra la comunidad que representan. Más de la mitad de la población del condado de Miami-Dade está compuesta por personas nacidas en otro país. Las estimaciones del número de indocumentados en el condado varían.

“Miami no es, y nunca ha sido, una ciudad santuario”, escribió el juez Hirsch. “Pero Estados Unidos es, y siempre ha sido, un país santuario”.

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