Trump-Netanyahu: el baile de los abusadores

Cuando Donald Trump se reunió con Benjamin Netanyahu la semana pasada, fue un festival de amor. Cualquier sitio de citas en línea podría haber notado la gran afinidad entre los dos hombres. Son, sin duda alguna, los dos líderes más desagradables y arrogantes de cualquier país que se autodenomine una democracia. [1]

De forma casi despreocupada, Trump puso de cabeza décadas de política estadounidense e internacional abandonando una solución de dos estados como principio fundamental de cualquier acuerdo de paz global entre Israel y los palestinos y, por extensión, entre Israel y la mayor parte del mundo árabe. Como de costumbre, Trump parecía estar improvisando a medida que avanzaba. Mientras Trump decía a los israelíes que una solución de un solo estado le parecía bien, Nicky Haley, nombrado por Trump como embajador estadounidense ante las Naciones Unidas, estaba diciendo al organismo mundial que Estados Unidos “absolutamente” apoya una solución de dos estados.

Aunque Netanyahu estaba encantado con la flexibilidad de Trump, no todos los israelíes estaban complacidos. Desde hace algún tiempo, generales israelíes jubilados y otros altos oficiales han estado enviando un sencillo mensaje a sus conciudadanos: “Si Israel no actúa para separarse de los palestinos, será menos seguro, menos democrático y menos judío”. (The New York Times, 17 de febrero de 2017). Para enfatizar su opinión, el grupo ha erigido una enorme valla en árabe en Tel Aviv. En ella aparece una multitud amenazante de palestinos haciendo el signo de la victoria junto con las palabras: “Pronto Seremos la Mayoría”.

La valla capitaliza los estereotipos negativos israelíes de los palestinos y exagera la velocidad de los cambios demográficos en curso en el espacio Israel / Palestina, eficazmente controlado por Israel –todo el territorio a ambos lados de la frontera formal entre Israel y la tierra palestina.

Sin embargo, en lo esencial los generales tienen razón. Las tendencias poblacionales son claras e inexorables. Dentro de unas pocas décadas, los palestinos serán la mayoría en la tierra que los extremistas israelíes reclaman como el Gran Israel. Entonces la opción para Israel será compartir el poder con los palestinos o convertirse en un estado paria de apartheid.

A pesar de que los casos de Sudáfrica e Israel son significativamente diferentes de muchas maneras –por ejemplo, en Sudáfrica, desde hace mucho tiempo los negros han superado en número a los blancos y con un margen mucho mayor de lo que nunca será en Israel / Palestina– las perspectivas de cualquier estado de apartheid son sombrías.

Con el Partido Likud de Netanyahu y los partidos aún más derechistas de la coalición en el poder, Israel se está moviendo constantemente hacia el tipo de ostracismo global que plagó a Sudáfrica en la era del apartheid antes de Mandela. Al permitir que Netanyahu continúe en lo que muchos israelíes ven (entre ellos no sólo los ex generales y jefes de inteligencia, sino también algunos de los principales escritores e intelectuales del país) como una carrera hacia el suicidio nacional, Trump no está haciendo favores a Israel. Él es el tipo de “amigo” que le dice a uno que ignore el diagnóstico de su médico de que tiene un tumor maligno y necesita  cirugía inmediata. En su lugar, le insta a continuar con los tratamientos de medicina alternativa.

Y no son sólo los aliados de Estados Unidos y Nicky Haley los que deben estar rascándose la cabeza acerca del viraje de 180 grados de Trump. Los medios de comunicación describieron a muchos en Israel, tanto palestinos como israelíes, como igualmente confundidos acerca de lo que todo esto significa para su futuro.

Las políticas de Netanyahu, por otro lado, han dejado en claro desde hace mucho lo que él pretende para el futuro cercano. The New York Times lo expresó sucintamente: “mantener la situación actual de los cantones palestinos divididos por los asentamientos israelíes cada vez mayores y rodeados por fuerzas israelíes”. The New York Times, sin embargo, no se da cuenta de la ironía de que otra palabra para estos “cantones” palestinos es “guetos”.

La creación de Israel representó simultáneamente muchas cosas, buenas y malas. Fue un experimento socialista idealista. Era parte del proyecto colonial de Occidente basado en la falsa ilusión de que Palestina era una tierra sin pueblo, perfecta para un pueblo sin patria, excepto que los árabes estaban y habían estado allí por mucho tiempo.

Más tarde fue un refugio para personas golpeadas por el genocidio más malévolo de la historia, personas que querían un estado propio donde tal horror nunca podría volver a suceder. Más tarde aún, se convirtió en una minisuperpotencia, respaldada casi incondicionalmente por la macrosuperpotencia, maltratando, ignorando el derecho internacional, robando progresivamente pedazo a pedazo la tierra palestina, encerrando a los palestinos en guetos de varios tamaños (Gaza el más grande) y comenzando a parecerse geográficamente a una versión subtropical del Archipiélago Gulag.

Nunca las cosas fueron en blanco y negro y todavía no lo son. Pero lo que no está en duda es que a los palestinos siempre les ha tocado la mala y cada vez es peor. Donald Trump, sin siquiera pensarlo ni un segundo, puede que haya terminado con la última oportunidad.

Nada de esto puede ser bueno para los israelíes, mucho menos para los palestinos. ¿Quién quiere vivir en un estado paria al lado y en estrecho contacto con un pueblo insultado, agraviado y amargado? Además, las personas apátridas tienden a plantear incontables problemas de seguridad. Vean a los kurdos. Los palestinos habían dejado de creer en una solución de dos estados mucho antes de Trump porque lo ven por lo que es, una distracción continuada por los sucesivos gobiernos israelíes de derecha, que no tienen la intención de conceder a los palestinos un estado, para apaciguar a Estados Unidos  y Europa y ganar tiempo hasta que Israel pueda crear los “hechos sobre el terreno” que harían imposible una solución de dos estados. Ese punto ya se ha alcanzado o está muy cerca.

[1] Utilizo esta formulación para indicar que cada país carece al menos de un componente importante de democracia. Para Estados Unidos, es la regla de la mayoría. Donald Trump perdió el voto popular a nivel nacional por casi tres millones y ganó la presidencia. Las democracias modernas no funcionan de esa manera. Los israelíes niegan a los palestinos en los territorios ocupados casi todos los derechos, incluido el derecho a votar en las elecciones en el país (Israel) que es su soberano de facto. Los árabes en Israel, que son ciudadanos israelíes, tienen el derecho a votar, pero se enfrentan a la discriminación por todos lados en la única “democracia” no seglar del mundo.

El caso de la desobediencia y arrogancia de Trump no requiere de ninguna prueba. En cuanto a Netanyahu, en una reunión internacional, el ex primer ministro británico Tony Blair y el ex presidente estadounidense Barack Obama fueron sorprendidos intercambiando quejas sobre Netanyahu ante un micrófono abierto. Blair hizo un comentario sobre la intransigencia de Netanyahu y Obama, cansadamente, dijo lo que ya es famoso: “Yo tengo que lidiar con él más que tú”.

Traducción de Germán Piniella.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.

Leave a reply

Progreso Semanal, fundado por Francisco G. Aruca, es una publicación independiente con carácter progresista.
Editor: Álvaro Fernández
1602 Alton Road, Suite 28 Miami Beach, FL 33139.
Copyright © 2016 Progreso Weekly, Inc. Todos los derechos reservados