LA HABANA. Los cubanos, que conocen de crisis y revoluciones energéticas, entienden cuanto depende la vida cotidiana del petróleo y de sus fluctuaciones económicas internacionales; por eso a mediados de 2016 cuando comenzaron los ajustes y recortes de combustible, que solo se aplicaron al sector estatal, se generó una tensión y una incertidumbre social por un posible regreso de los apagones en el país.

Para Cuba, que alcanza el 99,2 % de electrificación, la soberanía energética, como la alimentaria, es un asunto medular. Cambiar la matriz energética y avanzar en el uso de Fuentes Renovables de Energía (FRE) es un objetivo declarado del Estado cubano.

Las palabras de Raúl Castro en el último Período de Sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) lo ratifican: “Sin renunciar al incremento de la producción nacional de petróleo, para lo cual también se necesitan inversiones, debemos acelerar el desarrollo de las Fuentes Renovables de Energía, que actualmente sólo significan un 4,65% de la generación de electricidad. Condiciones para ello tenemos más que suficientes en las energías solar o fotovoltaica, eólica y la biomasa”.

Por eso, la “Política para el Desarrollo Perspectivo de las FRE y el Uso Eficiente de la Energía” y su programa, aprobados el 21 de junio de 2014 por el Consejo de Ministros, se propuso para el 2030 aumentar a un 24% la utilización de las FRE para producir electricidad, no incrementar la dependencia de importaciones de combustibles, reducir el costo de 21.1 centavos USD de la energía entregada por el Sistema Eléctrico Nacional a 17.7 centavos USD, y reducir la contaminación medioambiental de 1 127g por cada KiloWatts (KW) servido a 993g.

En la actualidad para producir electricidad en Cuba se utilizan aproximadamente 8 millones de toneladas de combustible y de ellos solo se producen aquí 3 millones y medio de toneladas, el resto hay que importarlo, explicó en julio a la ANPP Alfredo López, Ministro de Energía y Minas. Esto supone que el Presupuesto del Estado subsidie la diferencia entre el costo de generación y el cobro de electricidad, en el año 2016 el monto planificado fue de 303 millones.

Sin dudas, la apuesta cubana por las energías renovables tiene beneficios innegables y cumplir lo planificado es una urgencia. Desde el punto de vista ambiental es la mejor alternativa: no generan contaminación ni agota los recursos naturales a largo plazo. Además, alivian los costos de producción de la electricidad y permiten cierta independencia energética. Pero, ¿es la solución definitiva de los problemas del país?

En 2013, antes de la aprobación de la política, ya existían en el país 34 678 instalaciones que utilizaban FRE, según datos del MINEM. Ello constituía el 4,3% del sistema de generación eléctrica en ese momento. Tres años después, la situación no ha cambiado mucho, aunque el Ministerio de Energía y Minas proyectaba que en 2016 oscilaría sobre el 10%.

Según Ricardo Cabrisas Ruiz, vicepresidente del Consejo de Ministros y Ministro de Economía y Planificación, el 27 de diciembre último en la ANPP: “En el Plan 2017 se logra un incremento de la generación eléctrica de solo hasta un 4,65% por la vía de las FRE, en lo fundamental por la biomasa cañera e incremento de la fotovoltaica, que compara con el estimado de 3,62% que se alcanza en el año 2016”.

Aunque la cifra exacta de consumo de electricidad en el pasado año no está disponible, y los ajustes del segundo semestre deben modificar lo previsto, resulta imprescindible considerar la relación entre producción y consumo. Para lograr los objetivos propuestos no basta saber cuánto más se está produciendo, o cómo se sustituye una tecnología por otra, sino cuáles son las necesidades de la sociedad, porque el consumo no es estable.

Cabrisas explica también que “la generación de energía eléctrica crece un 4,2% respecto al estimado 2016 y la participación del consumo total en el sector residencial, es del 58,8%, con un crecimiento respecto al estimado 2016 del 4,5%”. Esta situación es natural ante un escenario de futuro desarrollo económico, donde los negocios privados se contabilizan dentro de este sector.

Entonces, ¿ese 24% de producción de electricidad a partir de FRE para 2030 cuántos GW significan?, ¿tal cifra tiene en cuenta el progresivo incremento del consumo en el país? Porque, de acuerdo a la proyección publicada, la suma de 750 MW (bioenergía), 633 MW (energía eólica), 700 MW (energía solar) y 56 MW (energía hidráulica), apenas alcanza los 2 144 MW: mucho menos de lo deseado.

Según el Dr. Armando Nova González, “las mayores diferencias entre los países ricos y pobres en su estrategia para solucionar la crisis energética y el cambio climático global, no está en que les reste o no valor a las Energías Renovables y que estas no jueguen un papel estratégico en sus economías, sino en la acción directa de los gobiernos en programas de ahorro, rediseño económico y regulación del consumo, en síntesis ir a un cambio progresivo de la matriz de consumo energético, sobre la base del ahorro y la racionalidad en el consumo”.

Medidas como la iluminación con LED en el sector residencial y el alumbrado público, la introducción progresiva de cocinas de inducción, calentadores y paneles solares también se implementan paulatinamente.

La situación actual de la generación de energía eléctrica es compleja, la disminución del alumbrado público y los llamados permanentes al ahorro lo confirman. No es posible sustituir los combustibles fósiles ni transformar la matriz energética nacional con un incremento tan discreto de las FRE. Los resultados, incluso los futuros, son todavía muy modestos. Hasta hoy, y probablemente durante bastante tiempo más, seguirá siendo el petróleo quien determine.

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