Aunque reconoció que no existe una solución única o ideal para garantizar la seguridad fronteriza con México, el general retirado John Kelly, actual Secretario de la Seguridad Interna (DHS), aseguró hoy que, en los próximos dos años, el Muro podría estar completado o muy avanzado.

Interesante forma de explicar la imposibilidad de garantizar el blindaje absoluto de más de 3,200 kilómetros de una de las fronteras con más tráfico (legal e ilegal) en todo el mundo.

O de reconocer de forma implícita (como ya adelantaron los “polleros” a La Jornada), que a los más de 15 mil millones de dólares que piensa invertir EU en el Muro, se sumarán las millonarias ganancias de los traficantes de personas en su próspero negocio de contrabandear con los destinos de aquellos no tienen nada que perder en su desesperado intento por cruzar la frontera.

Como ya se sabe, a mayor altura y ampliación del Muro fronterizo, las ganancias de los “polleros” siempre se disparan, mientras los riesgos para los inmigrantes, que son obligados a explorar rutas o métodos más arriesgados, crecen de forma exponencial.

Si tomamos en serio las proyecciones de Kelly, los próximos dos años de intensa obra en la frontera permitirán a Donald Trump asegurar (aunque sea sólo a medias) que ha cumplido con la más importante de sus promesas de campaña.

Una que le permitió reagrupar a la base más conservadora, a los electores más racistas y nativistas, a las fuerzas vivas del partido republicano y al poderoso grupo de los intereses creados que siempre han visto en la frontera con México la receta mágica para chantajear a una nación vecina, al mismo tiempo que agitan la bandera de la seguridad nacional y el fantasma terrorista para ganar elecciones.

En este sentido, el recurso de la frontera con México se ha convertido en la fórmula más infame y desgastada de los políticos y los oportunistas de siempre.

En el año 1994, bajo la presidencia de Bill Clinton, Estados Unidos puso en marcha la denominada “Operación Guardián” (Gatekeeper Operation). El objetivo de esta campaña fue el de contener la amenaza de los carteles de la droga y la inmigración indocumentada.

En ese año, los gobiernos de México y Estados Unidos festejaban el nacimiento del Tratado de Libre Comercio mientras los efectivos de la Guardia Nacional y las empresas contratistas convertían la franja fronteriza en un laberinto de cercas de metal y en un terreno sembrado por sensores sísmicos, miras infrarrojas y luces de estadio para poner coto a la inmigración ilegal y combatir al narcotráfico.

Sólo 7 años después, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el objetivo del Muro fronterizo cambió de “sospechoso habitual”. Desde entonces, la amenaza del terrorismo de Al Qaeda o el Estado Islámico, ha estado detrás del discurso de todos y cada uno de los líderes demócrata y republicano; de los representantes del Congreso y la Casa Blanca.

Desde entonces, la frontera sigue siendo uno de los más formidables negocios para políticos sin escrúpulos y empresas contratistas siempre ávidas de devorar los presupuestos del gobierno federal.

En este sentido, John Kelly, uno de los más entusiastas colaboradores de la CIA, la DEA y las fuerzas militares de todo el hemisferio, ha sido uno de los más fervientes defensores de la seguridad en la frontera.

Durante una audiencia realizada el 15 de marzo de 2015, ante el comité senatorial de servicios armados, el general John Kelly consideró como “extremadamente seria” la amenaza de células terroristas infiltrándose a través de la frontera con México:

“Si un terrorista o cualquier persona quiere entrar en nuestro país, sólo pagan la tarifa (que les piden los coyotes, polleros o miembros del crimen organizado para cruzarlos). Nadie revisa sus pasaportes. Nadie. No pasan por detectores de metales. A nadie le importa por qué están viniendo. Simplemente viajan en esta red (que se dedica a traficar inmigrantes)”, aseguró Kelly quien entonces se desempeñaba como Jefe del Comando Sur de EU.

A pesar de las advertencias de Kelly, lo cierto es que desde los atentados del 2001 no se ha producido ni una sola detención de un terrorista en la frontera con México. Y, desde 1994, se han producido en cambio más de 10 mil muertes de inmigrantes (según los cálculos aproximados de distintas organizaciones) que han huido de la violencia, de la pobreza o la falta de oportunidades para tratar de encontrar un futuro mejor en Estados Unidos.

(Tomado de La Jornada)

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