El estadounidense feo[i] en su trono

MIAMI. La semana pasada, Donald Trump lanzó su versión del Proyecto Manhattan contra la Constitución de los Estados Unidos. Esta semana, jueces de todo el país vieron las órdenes ejecutivas para impedir que los refugiados, residentes permanentes legales y ciudadanos de siete países musulmanes entren en este país por lo que son: ilegales, inconstitucionales. Detuvieron la aplicación de esas órdenes.

Frustrado por ahora en ese frente, esta semana Trump dirigió su furia y agresión contra  países más pequeños, aunque aliados firmes y grandes socios comerciales de Estados Unidos.

Australia ha derramado y sigue derramando sangre luchando con Estados Unidos durante un siglo. En el siglo XIX, México derramó mucha sangre luchando contra Estados Unidos cuando este país mintió para entrar en guerra al presentar una escaramuza que tuvo lugar en el lado mexicano de la frontera como una agresión contra Estados Unidos en su propio suelo. Ese fue el pretexto utilizado para justificar la guerra de agresión estadounidense contra México por medio de la cual este país se robó casi la mitad de México. [ii]

Los mexicanos nunca han olvidado ni perdonado, pero los últimos presidentes de México han sido amistosos, a veces en demasía, con Estados Unidos. El presidente actual, Enrique Peña Nieto, encaja a la perfección en ese molde.

Sin embargo, ni una alianza de larga data forjada en sangre ni una serie de presidentes que han tratado de enmendar una relación estropeada por la agresión y el desprecio por parte del norte hacia el sur le importan a Donald Trump.

La semana pasada Trump telefoneó al presidente mexicano y amenazó con enviar tropas estadounidenses al país para ocuparse de los “malos hombres” que el ejército mexicano teme, pero las fuerzas armadas estadounidenses no.

La mente se asombra de cuántos insultos (por ejemplo, a la soberanía mexicana), cuántas puyas (el ejército mexicano es cobarde), cuánta arrogancia e ignorancia histórica Donald Trump puede poner en una corta llamada telefónica. Fue un tour de force de agallas y la estupidez aumentó a la enésima potencia por la certeza de que el ejército de EE.UU. puede  infligir con impunidad daños desgarradores contra México. Fue la acción de un abusador y un cobarde.

La llamada telefónica al primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, fue casi suave en comparación, aunque no a la luz de la historia o en ojos de los australianos. Trump se burló de la insistencia del PM de que Estados Unidos cumpla un acuerdo realizado durante la administración Obama, para capturar a cerca de 1 200 refugiados actualmente detenidos por las autoridades de inmigración australianas.

Fue un pequeño favor concedido a un amigo que proporciona inteligencia invaluable y apoyo militar a Estados Unidos. Los países serios cumplen sus promesas, independientemente de la administración en el poder. Los líderes serios tienen claros sus hechos y sus cifras. Trump exageró seriamente las cifras involucradas en el acuerdo, calificó erróneamente a los refugiados como inmigrantes ilegales y dijo que estaban detenidos en prisión en vez de en detección inmigratoria temporal. Al no poder intimidar a Turnbull, Trump le colgó.

“¿Es esto lo que conseguimos”, el pueblo australiano debe estar preguntándose, “por estar frente a las espaldas de Estados Unidos todo el tiempo?”

La estupidez de las acciones de Trump reside en el hecho de que tanto el presidente mexicano como el PM australiano representan el lado del espectro político en Australia y México que favorece una relación íntima con Estados Unidos. Las acciones de Trump sólo pueden reforzar las posibilidades de las partes en Australia y México que favorecen una línea más dura hacia Estados Unidos. Excelente estrategia.

Cabe señalar con vergüenza que aquí mismo en el condado de Miami-Dade, el área metropolitana más grande de la nación con una mayoría nacida en el extranjero, tenemos a nuestro propio estadounidense feo, en nuestro caso, para empeorar las cosas, un cubanoamericano feo.

El alcalde Carlos Giménez se ha distinguido por ser el único alcalde de una ciudad tan diversa en ceder cobardemente ante la amenaza de Donald Trump de retener los fondos federales discrecionales de cualquier ciudad que no convierta a sus policías y cárceles en armas de facto del aparato de deportación del nuevo régimen.

La ironía es que Giménez, un inmigrante él mismo, vendió a la comunidad por muchas menos piezas de plata de las que espera obtener. El Congreso, con Paul Ryan y su alegre   banda de republicanos al frente –Robin Hood a la inversa–, se está preparando para cortar hasta la médula la mayor parte de esos fondos. ¿Trump hará una excepción con Miami-Dade para recompensar a nuestro alcalde lameculos? Giménez debería preguntarle a Peña Nieto y a Turnbull qué recibieron a cambio de agacharse ante Estados Unidos.

(i) El sitio web del editor del libro “The Ugly American” [El estadounidense feo] (1958) explica que el libro acuñó la frase para los trágicos errores estadounidenses en el extranjero y es “una drástica denuncia de la arrogancia, la incompetencia y la corrupción estadounidenses en el Sudeste Asiático”.

(ii) “Hechos alternativos”, mentiras flagrantes, siempre han sido parte de la historia estadounidense. Pregunten a los americanos nativos que firmaron todos los tratados que el gobierno nunca cumplió.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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