En medio de la ofensiva de Trump contra México, la distancia entre este país y América Latina y el Caribe se ve enorme.

Nada es casual, sino resultado de la historia reciente. Una consecuencia de la alianza con Estados Unidos, al surgimiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, fue el alejamiento de México del sur del continente.

No es que México haya tenido una gran afinidad con los gobiernos del área durante las décadas de la guerra fría. Por el contrario, son mayores los tramos de lejanía que los de concertación.

Pero los gobiernos mexicanos conservaron márgenes de maniobra y capacidad disuasiva para actuar cuando lo requería un imperativo de seguridad nacional.

La relación especial con Cuba, la política de asilo y refugio y el esquema para pacificar Centroamérica son ejemplos.

Como escribió el desaparecido investigador mexicano Mario Ojeda, en su conocida como Tesis Ojeda: “Estados Unidos reconoce y acepta la necesidad de México a disentir de la política norteamericana en todo aquello que le resulte fundamental a México, aunque para los Estados Unidos sea importante, mas no fundamental. A cambio de ello México brinda su cooperación en todo aquello que siendo fundamental o aun importante para los Estados Unidos, no lo es para el país”.

Pero ese tiempo pasó. La alianza en torno al TLCAN (y en buena medida el fundamentalismo neoliberal de los gobiernos recientes) movió los reflectores de la diplomacia mexicana hacia el norte.

Sólo que, como en la figura clásica, tiraron al niño junto con el agua de la bañera. Los espacios disponibles y la capacidad de gestión en el sur se redujeron a su mínima expresión.

En años recientes, los intentos por relanzar los espacios de maniobra de México en esa región han sido formales y tímidos.

Simbólicamente, Peña Nieto canceló a última hora su asistencia a la cumbre de la Celac en Santo Domingo el pasado 24 de enero.

Ese día viajaban a Washington el canciller Videgaray y el secretario Guajardo, de Economía, cuando un tuit de Trump anunció la inminente orden para levantar el muro fronterizo. Ahí se precipitó la masacre, que no cesa.

No es retórica, ni poses para la foto, ni exabruptos lo que tendrían que buscar México y sus vecinos del sur, en particular los centroamericanos. Necesitan alianzas para enfrentar una amenaza real y galopante a la seguridad nacional de todos ellos.

(Tomado de Medium)

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