LA HABANA. Hace años conocí a uno de los hombres más audaces y temerarios en el campo del “intelecto”. Alto, corpulento, piel carbón mineral, poseedor de una locuacidad impresionante, capaz de brindar una conferencia lo mismo sobre energía atómica –de la cual nada sabía—que sobre filosofía o teología. De estas disciplinas solamente mencionaba los nombres aunque fuese capaz de afirmar haber hablado con Dios.

Sin duda alguna era un gran estafador y tanto que en 1959 fundó una revista (la llamó UPLA, Unión Popular Latinoamericana) en la que por su cuenta puso en el consejo de dirección a casi todos los presidentes latinoamericanos de la época. Con ese aval llovieron los anuncios y plata para su bolsillo.

Un día en que un grupo de amigos nos encontrábamos conversando en la cafetería La Pelota apareció para darnos una disertación sobre las fronteras que dividían al mundo, todo a cambio de un café con leche. A juzgar por el precio estaba “en baja”. Él se manifestó contrario a todos los límites, quizás a causa de su aspiración de hacer su trabajito por cualquiera de los países del planeta. El punto culminante de su exposición fue cuando afirmó con una seriedad conmovedora recordar el día “en que me oriné sobre la raya blanca, pitada con cal sobre la tierra, que dividía a Francia de Alemania”. Jamás había viajado.

Si este personaje viviera hoy, el trabajito de miccionar probablemente le sería más complicado, pues haría falta, necesitaría, en el caso de la frontera mexicanoestadounidense de una potencia de micción impensable y de que la composición química de su orina tuviera unos misteriosos componentes capaces de agrietar y derruir el concreto.

Este divertido estafador hoy tendría como oponente a un personaje de marca: el presidente Donald Trump, decidido a construir un muro de unos cuantos miles de kilómetros a fin de contener la avalancha de migrantes.

Recurro al personaje real de mi relato para dialogar sobre el tema.

“Tremendo negocio ese de construir muros; ahí si hay billete”, sonríe. “Dicen que costará unos 10 o 15 mil millones de dólares. Nada que ver con pintar rayitas con cal y brocha”, remata con brillo en la mirada, quizás pensando en si le dieran un chance para obtener una tajada del presupuesto.

“Si los obreros son mexicanos les pagas en su moneda”, mueve los dedos como sobre una calculadora imaginaria. Pero no queda ahí. “Los muros o murallas crean vicio, como el cigarro o el ron y habrá que hacer otros, tal vez cercar desde el mar los cayos de La Florida y hasta el mismo Miami” pues por ahí no solo entran inmigrantes, también la coca, digo yo como resumen de su pensamiento.

¿Terminó? Qué va. Los buenos estafadores, que los hay, piensan en grande y superan las murallas de concreto, esas visibles y palpables, por otras más sutiles, como las de ir creando cercos a los medios de comunicación considerados inconvenientes así como en el ámbito del pensamiento y la creación. “Ahí tendría mi espacio, ya no con una revista impresa, que no es lo de hoy, ¿me comprendes?” Claro que sí y tanto que de pronto lo veo vendiendo pócimas y remedios para todos los males como era bastante común en los westerns de Hollywood.

De nuevo pasa al intento de darme una conferencia sobre los secretos de internet, el mundo de la publicidad, las teorías de la comunicación –“léete a McLuhan”–, me invita y seguro que solo ha visto la caratula de alguno de sus libros. “Este presidente con su nacionalismo, discriminación a todo lo que se le venga en ganas o le convenga, creará unos muros que cuando la gente se dé cuenta va a estar tan presa como yo cuando inventé aquella revista, pero no se dará cuenta. Ese es el éxito de los pícaros”.

Lo miro desde el recuerdo de aquella charla de hace tantos años y me parece escucharle decir: “Después de ver cómo Trump llega a la presidencia de los EE.UU., pienso que yo no tuve tiempo. Yo hubiera sido el primer presidente negro de Cuba”.

Lo imagino diciendo estas últimas palabras con una sonrisa enigmática. Luego hubiera dado media vuelta y se habría marchado por ahí, buscando alguna inexistente frontera pintada con cal o a algún ingenuo anunciante que contratara publicidad en su nueva revista, esta vez en Internet, llamada quizás, por ser otros los tiempos, UGAF (Unión Global Anti Fronteras). U otra, según convenga, que podría titular Unión Global Pro Fronteras (UGPF). Todo depende de cómo ganar poder.

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3 Responses to El muro y los “muros”

  1. Tan buen artículo y tan jodedor, que te recomiendo se lo envíes a algunos defensores incondicioles del régimen cubano aquí, en el imperio: andan con el cuento truculento de que hay que esperar, que no se debe atacar a Tramposki, pensando, tal vez con razón, que éste les va a proponer un ” good deal”, mano de obra barata escogida por los descendenientes de Biràn.

  2. Tan buen artículo y tan jodedor, que te recomiendo se lo envíes a algunos defensores incondicioles del régimen cubano aquí, en el imperio: andan con el cuento truculento de que hay que esperar, que no se debe atacar a Tramposki, pensando, tal vez con razón, que éste les va a proponer un ” good deal”, mano de obra barata escogida por los descendenientes de Biràn.

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