LA HABANA. En poco menos de dos meses regresará la mayor fiesta internacional del béisbol. A partir del 6 de marzo de 2017 se abrirán las cortinas del IV Clásico Mundial de Béisbol y será 16 los equipos que disputen la fase regular del evento, repartidos por estadios de 4 naciones. Cuba, ubicada en la llave B, jugará la primera fase en el impresionante Tokyo Dome, y lo hará con una nómina en extremo renovada.

El IV Clásico Mundial marca para los nuestros el regreso a los escenarios japoneses, pues fue en la sede de los Gigantes de Yomiuri donde el elenco cubano vió frustradas sus intenciones de avanzar a las semifinales en la tercera edición de este certamen al caer frente a Holanda.

Además, Cuba repite en el mismo grupo con los equipos de Japón y China, dos de sus acompañantes en la primera ronda en 2013 —jugada también en territorio nipón, en Fukuoka. La diferencia es que, en lugar de Brasil, en esta edición el cuarto pasajero de la llave es el potente elenco de Australia, equipo que cedió ante los cubanos en 2004 en la discusión del título olímpico.

En 2013, durante la clasificación, la nave cubana terminó invicta al derrotar a Japón 6-3 y vapulear a los chinos 12-0. Contra los australianos Cuba solo se ha enfrentado una vez —el 10 de marzo de 2009, como parte de la ronda clasificatoria del Grupo B en el II Clásico—, y resulto en triunfo para los caribeños de 5-4.

Con semejantes precedentes se podría pensar que ubicarse entre los dos primeros lugares del actual grupo y avanzar a la segunda ronda está en el rango de lo posible. A fin de cuentas, en el pasado ya Cuba derrotó a estos rivales en la primera ronda.

Sin embargo, de aquellas nóminas que consiguieron avanzar, a este equipo Cuba apenas le queda el uniforme. Baste señalar que en esta ocasión, de la preselección de 50 jugadores anunciada por Cuba en diciembre pasado, solo seis nombres repiten.

De un Clásico a otro, la selección nacional ha tenido que reinventarse. De los 28 hombres que llegaron a Fukuoka en 2013 apenas 13 siguen jugando en Cuba, y siete de ellos no fueron tenidos en cuenta para conformar el equipo en 2016 (Frederich Cepeda, Eriel Sánchez, Norberto González, Yulieski González, Danny Betancourt, y Vicyoandry Odelín).

De aquellos que vuelven a ser convocados en los jardines solo se encuentra Alfredo Despaigne, en la receptoría Frank Camilo Morejón y Yulexis La Rosa, y entre los lanzadores Freddy Asiel Álvarez, Vladimir García y Alexander Rodríguez. Ningún jugador de cuadro repite.

Esto representa que casi el 80% de la plantilla cubana debutará en un Clásico Mundial el próximo 7 de marzo, cuando pisen el terreno sintético del Tokyo Dome para enfrentar a Japón. Sin duda un debut que recordarán por siempre.

Si los registros históricos aliviaban la inquietud, la marcada inexperiencia en estas lides de nuestros actuales representantes no hace más que sembrar dudas. ¿Serán capaces de sobreponerse estos jugadores a un escenario imponente y a rivales de elevadísimo nivel para conseguir los triunfos que tanto precisa el deprimido béisbol cubano?

Para saberlo habrá que esperar. Renovar una plantilla casi en su totalidad de un evento a otro no es saludable, y ello —desgraciadamente— no me permite soñar. Ojalá me equivoque, pero todo apunta a que el Tokyo Dome será, para Cuba en 2016, una inmensa cripta y no un sitio de festejo.

¿La solución…?

Aunque sin dudas el panorama no es halagüeño para Cuba, las cosas podrían cambiar de manera radical. Es cierto que el presente equipo nacional no es ni la sombra de lo que fueron sus antecesores, pero eso no significa que Cuba, como país, no tenga talento suficiente para dar una pelea fuerte en los Clásicos Mundiales.

Basta con revisar solo los nombres de los atletas que en 2016 incursionaron en las Grandes Ligas (MLB) y sabremos cuál es, realmente, el poder que tendría una selección cubana que pudiese contar con sus verdaderas estrellas, algo que no se ha conseguido a pesar de la extensas conversaciones entre la Federación Cubana de Béisbol y la máxima dirección de la MLB.

En la temporada que finalizó pisaron los terrenos de la Gran Carpa un total de 30 hombres nacidos en Cuba. De ellos, apenas escogeremos la mitad, aquellos que más aportarían al equipo nacional de ser convocados. Veamos.

Los jardines cubanos serían sin duda un bastión temible —tanto en el fildeo como en la ofensiva— de contar con peloteros del calibre de Yoennis Céspedes, Jorge Soler, Yasiel Puig, Yasmany Tomás y Kendry Morales. A este quinteto podría sumarse Despaigne, único hombre de los convocados por Cuba que puede emular con sus compatriotas de la MLB.

En el cuadro la historia se repite. Nada tendrían que hacer los actuales preseleccionados ante Alexei Ramírez, Yulieski Gurriel, José Iglesias, José Dariel Abreu, Rusney Castillo, Héctor Olivera y Yoan Moncada.

Y para rematar, al menguado cuerpo de lanzadores cubanos podrían unirse, sin contratiempos, Dalier Hinojosa, Raisel Iglesias y Ariel Miranda; la guinda del pastel sería el supersónico Aroldis Chapman, considerado hoy como el mejor matador de la MLB.

Entre los receptores no es grave la diferencia, pero sería una garantía tener a un Bryan Peña que se ha mantenido en la MLB por los últimos 12 años.

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