Hasta comunicados oficiales de Cuba y Estados Unidos terminaron por llamar “política de pies secos-pies mojados” al cóctel de normas que Washington aplicó durante 22 años a la emigración cubana.

No hay ley o disposición oficial con ese nombre, aunque existe una interpretación legal de 1999, del entonces Servicio de Inmigración y Naturalización, que llama así al régimen legal aplicable.

En el verano de 1994 estalló la crisis de los balseros, durante la cual cerca de 38 mil cubanos se lanzaron al mar en embarcaciones precarias para alcanzar las costas de Estados Unidos.

El conflicto terminó con un acuerdo migratorio en septiembre de ese año. Entre otros compromisos, Estados Unidos asumió el de entregar al menos 20 mil visas anuales a cubanos y devolver a la isla a los que interceptara en alta mar en travesías ilegales.

Esos eran los pies mojados, los perdedores de la ecuación. Balseros interceptados o rescatados por la Guardia Costera de Estados Unidos en el Estrecho de la Florida, terminaron devueltos a Cuba por el puerto de Cabañas, en el noroeste de la isla.

Los ganadores eran los pies secos. Los cubanos que llegaban a pisar territorio estadounidense al final de una azarosa travesía marina, al cruzar la frontera mexicana o canadiense, al llegar legalmente a un aeropuerto e incluso al final de un episodio de violencia, como el secuestro de una embarcación.

Con uno de los extremos del fenómeno Tom Wolfe armó su divertida Bloody Miami (2013).

Los pies secos al llegar a Estados Unidos recibían un parole o admisión bajo palabra, lo que les daba un subsidio de manutención y seguro médico inmediato, permiso de trabajo meses después. Al año y un día podían pedir la residencia, de acuerdo con la Ley de Ajuste Cubano de 1966.

Durante décadas pareció que todo era un paquete único, cuando en realidad eran dos pasos distintos. Lo que decidió Obama este jueves 12, una semana antes de dejar el cargo, fue eliminar el parole automático. Queda la Ley de Ajuste.

Es decir que un cubano podrá llegar a Estados Unidos por vía legal, quedarse un año de alguna forma, sin subsidios, y después pedir la residencia bajo la Ley de Ajuste.

La Declaración Conjunta Cuba-EE.UU. sobre migración marca otro vuelco en la relación bilateral. El fin de los pies secos-pies mojados es un fuerte golpe a la emigración cubana indocumentada y sus implicaciones delictivas y violentas.

(Tomado de su blog Del Gran Caribe)

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