Cuba es un país de emigrantes… y lo seguirá siendo

CIEGO DE ÁVILA. Después del 17 de diciembre de 2014 (17D), fecha en la que Cuba y Estados Unidos anunciaron su decisión de restablecer las relaciones diplomáticas y avanzar en pos de la normalización, no pocos cubanos en la Isla —que ya amasaban la idea de emigrar— consideraron que había llegado el “ahora o nunca”.

De acuerdo con los datos del Centro de Investigaciones Pew, en Estados Unidos, en el año fiscal 2015 entraron por las fronteras de ese país 43 159 cubanos, 78 por ciento más que en 2014, cuando ajustaron su estatus 24 278.

Para el Doctor en Ciencias Antonio Aja Díaz, director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana la explosión de emigrantes no tiene que ver tanto con un cambio específico en la dinámica migratoria, como la conjunción de varios factores que han influido en este fenómeno.

“Esencialmente no se ha producido un cambio sustancial, en primer lugar porque el país receptor, Estados Unidos, dejó claro, antes del 17D —cuando se produjo la reforma migratoria y la entrada en vigor de la Ley 302— que su posición continuaría inalterable. Hablamos de los acuerdos migratorios y la aplicación de la Ley de Ajuste Cubano y la política de Pies Secos – Pies Mojados.

“El gobierno norteamericano lo ha reiterado, en la figura de su secretario de estado John Kerry cuando estuvo en La Habana, y también el presidente Barack Obama. Evidentemente, hay una intención por parte de los Estados Unidos de no modificar, en el escenario actual más perentorio, su política inmigratoria hacia Cuba.

“Esto puede tener diferentes lecturas, relacionadas con desalentar una posible explosión migratoria ante la incertidumbre de si se mantendrá el tratamiento preferencial, refrendado por la Ley de Ajuste. De ahí que ese sea el primer elemento que indica que no ha habido una gran diferencia en estos asuntos.

Antonio Aja Díaz, director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana.

“Por otra parte, ya venía aumentando el otorgamiento de visados de salida definitiva, resultado de los acuerdos migratorios, así como también el visado para visitas temporales, y esos dos factores mantienen un flujo de emigración y de visitas que va en detrimento de una explosión migratoria”.

—Sin embargo los números hablan por sí solos: 43 000 cubanos entrando por las fronteras norteamericanas, en solo un año, es una cifra inquietante. Es significativo que no estamos hablando de balseros, sino de ciudadanos que salen legalmente del país y, en muchos casos, emprenden una travesía azarosa por tierra.

—Estos fenómenos migratorios venían dándose desde finales de la década del ’90, con la utilización de la ruta del sur para llegar a los Estados Unidos, que es algo que no inventaron los cubanos, sino los centroamericanos. Esa, que ha sido la ruta de los latinoamericanos rumbo al Norte, incluso, de asiáticos, ya desde finales de los ’90 comenzó a ser utilizada por los cubanos, con el objetivo de ajustar su estatus al llegar a la frontera.

“Ese camino está muy ligado al tráfico de personas, y que en el caso de los cubanos, tiene un origen en las familias y sus redes sociales asentadas particularmente en Miami, que comenzaron a pagar cifras considerables para el traslado de sus familiares. A su vez, es un gran negocio que estaba sucediendo en los límites fronterizos a la callada, nadie hablaba de eso. Esa es la realidad. Lo que pasa es que eran cifras de menor consideración.

“Después del 17 de diciembre, ante la expectativa de que en algún momento, obviamente, va a modificarse la política migratoria de Estados Unidos hacia Cuba, aunque no se sepa cuándo, se fue dando un movimiento explosivo de emigración.

Se producen entonces los hechos de Costa Rica y Panamá. Más de 7 000 personas varadas. Ese sí ha sido un hecho distinto a lo que venía sucediendo, porque realmente, aunque con pequeñas fluctuaciones, la migración indocumentada y el tráfico fueron elementos de baja significación desde finales de los ’90 hasta hace unos dos años.

La llamada Ruta del Sur no fue “inventada” por los cubanos, pero a finales de 2015 se produjo una crisis migratoria con más de 7 000 nacionales varados en Costa Rica y Panamá.

—Pero, ¿por qué a pesar de que no ha cambiado la política y el discurso oficial norteamericano asegura que no habrá modificaciones, la percepción de los individuos es que deben irse ahora porque luego podría ser “tarde”?

—Primero vamos a reconocer en el potencial migratorio externo de Cuba una capacidad de comunicación y un nivel de conocimientos e información altos, que no tenían hace 20 años. Esto implica que el migrante, cuando toma esa decisión, lo hace con conocimiento de causa. En segundo lugar, y a partir de lo dicho, pues sencillamente se conoce bien la política, Cuba la divulga, los académicos la explican. Se sabe que Pies Secos- Pies Mojados no es ley, sino una política que fue implementada por una administración y que puede ser eliminada por la actual en cualquier momento, sin necesidad de ir al Congreso.

“Desde el lado de allá, en el principal asentamiento de cubanos en Estados Unidos, Miami, donde se estima viva casi un millón de personas, existe una población que se informa y sigue el asunto. La proximidad geográfica da la posibilidad de seguir al detalle lo que está pasando. Sabemos quién es Marco Rubio, lo que está diciendo en el Congreso. Hay información suficiente para saber que estas circunstancias van a cambiar.

“Además, la lógica de cualquiera que tenga intenciones de emigrar le indica que si se habla de normalización, si Cuba ya no está en la lista de países que patrocinan el terrorismo, entonces en algún momento se normalizará la situación migratoria. De ahí que el pensamiento es “hay que aprovecharlo ahora”.

“No obstante, hay un elemento fundamental: existe un potencial migratorio. Y va a seguir existiéndolo. Cuba es un país de emigración y lo seguirá siendo. Nuestras leyes pueden favorecer la circularidad y el retorno temporal. Ir, regresar, vivir allá, acá. Pero no se producirá, en mi opinión, un factor que detenga la emigración.

—Si Barack Obama, haciendo uso de sus prerrogativas, eliminara la Política de Pies Secos – Pies Mojados, ¿qué cambiaría?

—Se cortaría, casi en su totalidad, la trata de personas. No necesariamente dejarían de entrar cubanos por la frontera y continuarían ajustándose, porque eso está a tenor de la Ley de Ajuste. Pero si se elimina, y se vuelve a aplicar lo que se hacía en los años 90, cuando se le exigía al emigrante dar fe de que es perseguido político (que es la esencia de la Ley de Ajuste), entonces bajaría extraordinariamente la cifra. Porque lo que pasa hoy es que el cubano que llega a las fronteras mexicanas o canadienses, enseña su pasaporte y no le preguntan nada más. Lo que pudiera ocurrir es que disminuya el flujo, y se encauce por las vías legales.

“Si eso va unido a que se mantengan los acuerdos migratorios y la emisión de visas de salida definitiva, disminuiría el número de ciudadanos que se exponen a los riesgos y peligros de la emigración indocumentada e irregular. Hay otra parte del tema, que tiene que ver con los beneficios aparejados a la Ley de Ajuste, dígase residencia al año y un día, ayuda federal, rápida inserción en la sociedad; este es un grupo de factores que, a la larga, va a ir desmontándose.

—De hecho es a lo que, ahora mismo, está apostando el senador por la Florida Marco Rubio…

—Exacto. Está tratando de desmontar esa parte del asunto, porque supuestamente eso provoca circularidad, aumenta la cantidad de remesas, los viajes. Pero ese no es el asunto fundamental. Lo importante es frenar el tráfico, evitar que las personas se jueguen la vida, porque no pensemos que se trata de montarse en un avión y tomar otro y ya. Estamos viendo la complejidad de la situación en Costa Rica y Panamá.

—La emigración tiene impactos a nivel individual, grupal, pero, también, en el plano nacional. En las fotos de los cubanos varados en Costa Rica y Panamá se veían muchos rostros jóvenes. ¿Cómo afecta esta circunstancia la dinámica demográfica en Cuba?

—Una de las tres variables que inciden en las dinámicas demográficas de cualquier país, además de la fecundidad y la mortalidad, es la migración. En el caso de Cuba salen, mayoritariamente, los jóvenes, en edad laboral, altamente calificados y en gran número las mujeres.

“De manera que estos son factores que van contra la dinámica demográfica en un país envejecido. El envejecimiento está dado, en primer lugar por el aumento del grupo etáreo de 60 años y más, y la disminución de los otros, que está marcada por la disminución de los nacimientos y la pérdida de los jóvenes.

En ese escenario, la migración se convierte en un factor negativo, al que hay que buscarle soluciones. Los países de alta tasa de envejecimiento, por lo general, reciben población. Esto les rejuvenece la población, sobre todo la económicamente activa. Por tanto, Cuba tiene ese elemento disfuncional, esa disyuntiva, y es una alteración importante, ahora, y más aún en los próximos años cuando el envejecimiento aumente, si no se hace un proceso de reversión y si no crece el número de nacimientos.

Todavía en Costa Rica quedan miles de cubanos.

“Hay otros escenarios. Si Cuba logra una mayor circularidad de la migración, un retorno temporal de sus migrantes jóvenes, si se aprecian cambios favorables en el escenario económico para que esa migración participe en los procesos productivos, se podría revertir el envejecimiento.

“Todos los países como el nuestro, que tienen un saldo migratorio negativo (casi un 11 por ciento de su población fuera), tratan de hacer funcional ese proceso, lo que significa darles participación en la sociedad.

“Por supuesto, en el caso de Cuba hay un factor importante, pues buena parte de esa migración reside en el país que es el principal antagónico político, ideológico e histórico de la Revolución cubana. Ese factor se mantiene, pero cada vez más se va modificando y hay que aprovechar ese contexto.”

—¿Cuánto más habría que hacer para que ese saldo migratorio conciba a Cuba como una posibilidad para regresar, para no irse del todo? En mi opinión todavía no lo somos…

—Entonces el tema no está en la imagen hacia la emigración, sino en nuestra viabilidad como proyecto económico social. No se trata de ser viable para que regresen los cubanos que viven en el extranjero. Debe ser viable porque sí, en lo económico, en lo productivo, en la participación, para garantizar que los logros en materia de salud, seguridad ciudadana, educación, no se pierdan, para que no perdamos todos estos años vividos. En la misma medida que nuestro proyecto, los Lineamientos, lo que se apruebe en el futuro cercano, vaya cambiando la sociedad cubana en pos de hacerla autosostenible, más participativa, entonces se integrará el factor de la emigración. No al revés.

(Tomado de El Invasor)

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