LA HABANA. Se confirmaron los pronósticos más pesimistas. El crecimiento económico entró en territorio negativo en 2016. No se debe subestimar, la reducción del PIB real en un 0.9% es un resultado desfavorable. Y es la primera caída desde 1993, cuando la economía cubana tocó fondo durante la crisis que sobrevino a partir de 1990.

No obstante, es imprescindible ponerlo en contexto. En el plano interno, ni su magnitud ni las circunstancias actuales lo ubican siquiera cercano a la debacle de la década de los noventa. Este -0,9% luce pálido frente al -16% de aquel año, que por demás fue el último de cuatro años consecutivos de caídas (1990-1993). Ahora la economía es más diversificada y las familias tienen otras fuentes de ingresos.

Este tampoco es un desempeño excepcional en el contexto regional, aunque América Latina no sea un referente muy exigente a los efectos de la comparación. De acuerdo con el reporte preliminar publicado por la CEPAL, otros siete países de la región vieron números rojos al cierre del 2016. Entre ellos destacan algunas de las economías más grandes del continente como Brasil (-3.6) y Argentina (-2.0). Venezuela (-9.6) y Suriname (-10.4) sufrieron los mayores descalabros. La región en su conjunto cae un 1.1%. Junto a factores específicos de cada país, un elemento común que incidió negativamente en el endurecimiento de las condiciones externas.

Durante el año, se apreciaron comportamientos diferentes en el primer y segundo semestres. Durante el primer período, el comportamiento de algunos sectores estuvo por debajo de lo esperado. Debido a eventos climatológicos adversos y otros problemas de largo recorrido, la producción de azúcar se estimó en alrededor de 1.6 millones de toneladas métricas, una caída de más del 15%. Esto ocurre en un momento en que las cotizaciones del azúcar crudo son las más favorables en casi dos años, por lo menos un 40% superior a los niveles de agosto de 2014. La otra rama que viene experimentando problemas desde hace algún tiempo es la fabricación de níquel. El sector está siendo afectado por una combinación de precios muy deprimidos en el mercado internacional junto a tropiezos en la producción doméstica, que este año decayó un 5%. En medio de fuertes tensiones en las finanzas externas y la reducción de los envíos de crudo venezolano, el PIB en el período solo avanzó un 1%.

El panorama se tornó aún más adverso en el segundo semestre. Este estuvo marcado por el impacto de las medidas de austeridad anunciadas por el gobierno en julio y la debilidad de la actividad económica general, con la excepción del turismo internacional. El racionamiento energético, si bien discrecionalmente administrado para evitar impactos en actividades estratégicas y los molestos apagones, conlleva efectos recesivos. La contención planificada de las importaciones y las inversiones agudizaron esta espiral desfavorable. El resultado fue una contracción de la economía a fines de año.

Se carece de datos para hacer un análisis detallado de la situación a nivel de los distintos sectores. Aunque la producción agrícola y pecuaria crece, queda por debajo de lo esperado y de la demanda interna. Se obtienen aumentos apreciables en el acopio de leche fresca y carne de cerdo, además de mejoras discretas en viandas y hortalizas. La insuficiente producción se refleja en el comportamiento de las ventas en el mercado agropecuario.Estas aumentan solo marginalmente (1,9%) resultado fundamentalmente de la elevación de los precios, en tanto las cantidades físicas comercializadas se reducen respecto al año anterior.

En medio de este escenario, el turismo internacional debe haber sido el único gran sector generador de divisas que le dio impulso a la economía en 2016. Hasta octubre, la dinámica se mantenía muy sólida, con un aumento de 12% en los arribos. Se alcanzaban comportamientos muy favorables en Estados Unidos (americanos y cubanoamericanos), la mayoría de los mercados en Europa y América Latina. Sin embargo, Canadá (el principal emisor) decrecía un 6,7%. Esto debido a una combinación de factores entre los que destaca la depreciación del dólar canadiense frente al dólar americano, al cual está anclado el peso cubano convertible (CUC). Los ingresos turísticos aumentan más rápido que los arribos, aunque principalmente como consecuencia del incremento de las tarifas.

Las cotizaciones se han disparado en los últimos dos años, reflejando esencialmente la tensión existente entre la demanda y la oferta. Estas decisiones deben ser analizadas con mayor profundidad. El último incremento a inicios de la temporada alta en noviembre se decidió obviando varios elementos del contexto externo que gravitan negativamente sobre la demanda. La depreciación de las divisas de Canadá y Europa, que en su conjunto aportan más del 60% de los visitantes, hace menos atractivo el destino Cuba en esos mercados. El dólar canadiense y el euro han perdido el 11 y 13% respectivamente de su valor en los últimos dos años. Teniendo en cuenta la situación económica en ambos mercados, y el incremento pronosticado en la tasas de interés en Estados Unidos, esta situación debe mantenerse en el futuro cercano. A esto habría que añadir aspectos de tipo geopolíticos. La próxima administración norteamericana ha generado incertidumbre y sus posiciones iniciales respecto a Cuba han propiciado una mayor acautela en hombres de negocio y visitantes ocasionales. Todas las aerolíneas autorizadas desde Estados Unidos ya han inaugurado sus servicios, pero en diciembre American y Silver Airlines anunciaron que reducirían sus frecuencias en algunas rutas.

Sin contrapesos, esta coyuntura supone un revés para una economía que necesita el crecimiento económico desesperadamente. Un elemento que llama la atención es el escaso margen de maniobra de los decisores para poner en práctica algunas medidas anticíclicas que permitieran amortiguar el impacto en la actividad productiva. Todas las medidas anunciadas en julio ante la Asamblea Nacional son eminentemente reactivas con un carácter marcadamente procíclico.

Además del ya comentado racionamiento energético selectivo, se decidió manejar muy conservadoramente la toma de nuevos créditos, con el objetivo de preservar un umbral de endeudamiento que no desborde la capacidad de pago de la nación. Esto tiene un costo económico inmediato elevado, en tanto hace depender la capacidad importadora de la disponibilidad corriente de divisas. La retención temporal de pagos a proveedores también tiene su costo, en tanto afecta la credibilidad y la confianza en la nación, lo que entre otras cosas, se traduce en tasas de interés más elevadas.

En el plano doméstico, ha habido problemas en la implementación ágil de reformas ya acordadas. El ritmo de aprobación de nuevos proyectos con capital extranjero marcha muy despacio. Esto ha impedido acceder a recursos frescos en el corto plazo, y lo que es más importante, expandir la capacidad productiva para asegurar un mayor dinamismo de la economía en los años venideros. Cabe preguntarse si no se podría haber actuado con la misma resolución para destrabar la aprobación de proyectos con capital extranjero, problema denunciado por el propio presidente Raúl Castro en su discurso ante la Asamblea Nacional.

Asimismo, se podría contemplar un esquema más flexible en el comercio exterior, para facilitar operaciones comerciales sobre la base de una tasa de cambio de mercado. En este esquema deberían participar todas las formas de propiedad. Adicionalmente, se debería expandir el rol de los créditos domésticos hacia los distintos agentes económicos. Aunque el efecto movilizador en el aparato productivo es limitado habida cuenta de la dependencia importadora, el hecho de que el propio sector público financia una parte del déficit con ahorro interno reconoce la posibilidad de que estos son recursos que pueden hacer una contribución positiva. Por otra parte, la pujante actividad del sector privado comienza a ralentizarse debido al retraso en la actualización de las regulaciones existentes y la falta de acceso a insumos y financiamiento. El sector despegó a partir de niveles muy bajos, pero los “mangos bajitos” se están terminando. El siguiente nivel requiere reformas de fondo que no acaban de implementarse.

El resultado y el impacto en las familias cubanas

Una recesión económica ineludiblemente tiene efectos negativos sobre los niveles de vida de la población, pero cabe destacar que la afectación está mediada por diferentes factores. En primer lugar, dado que las economías se componen de actividades diversas, el resultado final condensa comportamientos dispares en muchas de ellas. Lamentablemente, los datos desagregados para hacer este tipo de análisis no están disponibles. Algunas actividades de gran importancia para las familias como la agricultura (por la disponibilidad de alimentos), el turismo (por los numerosos derrames que produce), las remesas (porque implican una entrada de ingresos directos a las familias cubanas) no tienen necesariamente que seguir la misma tendencia del PIB, por lo que el impacto llega amortiguado. En el mismo sentido va la decisión de evitar los apagones o preservar niveles similares en los servicios sociales.

Sin embargo, se proyectó que el salario medio decrecería en el sistema empresarial estatal, lo que sí incide en los ingresos de muchos hogares. A lo que habría que añadir que en el segundo semestre se decidió extender el cobro de tributos personales a un segmento no despreciable de asalariados. Un tributo reduce el ingreso disponible para consumo o ahorro. Por otra parte, se conoce poco sobre el transporte público o la construcción de viviendas, áreas de alta sensibilidad pública.

El otro factor a tomar en cuenta es la distribución del ingreso. Aunque no existen datos recientes, se acepta que la desigualdad de ingresos es hoy mayor que hace 25 años atrás. Esto implica que el retroceso no incide de forma simétrica sobre los distintos hogares. A lo que habría que añadir el papel de la economía informal, cuya dimensión ha crecido y proporciona no pocos ingresos y productos a muchas familias.

Tomados en su conjunto, los elementos anteriores implican que una mayoría de hogares cubanos están hoy en mejores condiciones para sortear las dificultades actuales. No obstante, el efecto simbólico no puede ser subestimado. Una recesión a estas alturas, luego de décadas de estrechez económica, es en todo caso un golpe sicológico notable.Este es un elemento que deberá recibir la mayor atención en la toma de decisiones, en tanto puede agravar tendencias desfavorables, como la emigración de personal joven con alta calificación.

Perspectivas para 2017

Las perspectivas a corto plazo se han ensombrecido para Cuba. La meta de crecimiento establecida por el gobierno para 2017 en un 2% es alcanzable, pero sigue siendo optimista. El escenario internacional se ha vuelto mucho menos favorable. El abandono de la posición común en la Unión Europea es un logro apreciable. Pero soplan otros vientos en América Latina y Estados Unidos.

Cuba tiene que trabajar seria y audazmente en su agenda de transformación doméstica. La Isla tiene que aprovechar el capital diplomático que posee en varios aliados y regiones cercanas. Si Cuba muestra que está decidida a avanzar resueltamente en la búsqueda de un modelo de progreso, es muy probable que vaya a encontrar resortes en instituciones, gobiernos y empresas extranjeras dispuestos a tomar un riesgo calculado, cada uno por motivos diferentes. Además, esto tendría el valor adicional incalculable de sepultar definitivamente el embargo norteamericano.

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