Las reflexiones y comentarios que expondré esta vez están motivados por hechos que recientemente han ocupado la palestra pública en varios medios cubanos y foráneos. Primero fue la noticia, replicada por el diario oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) Granma, de que una empresa francesa encargada de la construcción de un hotel en la capital del país había contratado trabajadores provenientes de la India. Quizá el aspecto más destacable al respecto, y que incluso a algunos llamó la atención, fue el expreso reconocimiento de que aquellos son más productivos y eficientes que los nacionales.

El segundo periódico de mayor tirada en el país Juventud Rebelde citó a un directivo de una empresa cubana quien afirmó que el rendimiento de los trabajadores de la India en las obras es tres o cuatro veces superior al registrado como media en el país.

Pero lo que no se dijo en la prensa cubana es que a nuestros constructores, y en sentido general cualquier trabajador (profesional o no), les resulta imposible ser contratados de manera directa por las empresas extranjeras que operan en el país, aunque esta lo deseen y aquellos estén de acuerdo con las condiciones contractuales.

Creo que deberíamos preguntarnos cuál sería el rendimiento de un obrero cubano, si pudiera ganar salarios similares o hasta un por ciento menor a los que cobran los trabajadores extranjeros que laboran dentro del territorio nacional. Habría que ver cómo serían los niveles de eficiencia y productividad de un compatriota si pudiera cobrar, por ejemplo, 1500 CUC al mes, que es lo que devengan los hindúes o tal vez solamente 500 CUCs. No puede existir comparación por la sencilla razón de que no se aplican los mismos parámetros para situaciones análogas.

Más cercano en el tiempo me llamó la atención que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) puso en vigor una resolución (GOC-2016-978-EX40), que permite a los concesionarios y usuarios establecidos en la Zona Especial de Desarrollo de Mariel la contratación, hasta el 15% del total de sus trabajadores, de personas naturales extranjeras no residentes en Cuba. La disposición normativa aclara que debe tratarse de personal que desempeñe cargos de dirección (por ejemplo gerentes de determinadas áreas) o algunos puestos de trabajo de carácter técnico. En este último supuesto podríamos pensar en especialistas con conocimiento y experiencia en los procesos productivos o de servicios, que brinden las empresas establecidas en Mariel. La prensa nacional también se hizo eco de esta noticia; motivando los más diversos comentarios.

Desde que comenzó a hablarse del proyecto del Mariel, tanto en el discurso oficial como en el de la prensa oficial y los expertos, se dijo que entre sus bondades estaría la posibilidad de crear nuevos y variados empleos. No dudo que eso pueda lograrse. Sin embargo, me pregunto si entre los mecanismos que existen hoy para la contratación de los trabajadores nacionales, que todos sabemos debe ser solamente mediante agencias empleadoras, y la posibilidad de contratar a extranjeros, ¿no estaremos colocando en un plano de inferioridad a la mano de obra nacional? Nadie puede esperar competitividad laboral entre personas que no pueden percibir los mismos ingresos, aun cuando realicen el mismo trabajo.

Además, creo que detrás de este panorama puede subyacer una realidad más compleja para el presente y el futuro del país. Mientras damos la posibilidad de que las entidades de Mariel contraten directamente a extranjeros, tenemos en Cuba jóvenes profesionales tan capaces como cualquiera; y lo peor de todos es que día a día emigran a donde los lleven sus ansias de bienestar personal. Ansias que no pueden satisfacer, entre otros muchos factores, porque para la mayoría de ellos es imposible acceder al sector privado extranjero de nuestra economía. Muchos no saben cómo; otros no son confiables para formar parte de las denominadas bolsas de las agencias empleadoras; y otros tienen que cargar con el hándicap de que sus especialidades no son necesarias para las empresas que se establecen en Cuba.

Resulta fácil criticar a quien decide abandonar el país detrás de un futuro mejor. Es más cómodo aún llamar desertores a los que emigran habiendo logrado de antemano asegurarse trabajo y superación en determinada área del conocimiento, a fin con sus estudios. Pero a nadie se le ha ocurrido eliminar cuanta barrera política, administrativa y mental (la peor de todas) existe sobre la posibilidad de que los cubanos exclusivamente puedan ser contratados sin mediaciones por entidades de otros países asentadas aquí. Y entre los que se quedan hay que considerar los miles que con un título universitario bien ganado trabajan en las más diversas actividades privadas; lo mismo de chofer de alquiler en uno de nuestros almendrones que de camarero en un restaurante.

Ante este panorama ¿No es mejor que las empresas extranjeras especialicen mediante la correspondiente capacitación a nuestros profesionales para que trabajen con ellas? Incluso les sería más beneficioso salarialmente pues pagarían alto precio al entrenador foráneo por un una estancia breve y al cubano contratado posiblemente no le retribuirían la misma cantidad mensual que aquél.  ¿No es preferible dejar que cada uno cobre de acuerdo a lo que esas empresas estén dispuestas a pagarle, y de esa forma quizás evitemos que se marchen?

De conformidad con el artículo 45 del texto constitucional el trabajo en la sociedad socialista es un derecho, un deber y un motivo de honor para cada ciudadano. Este es remunerado conforme a su calidad y cantidad; al proporcionarlo se atienden las exigencias de la economía y la sociedad, la elección del trabajador y su aptitud y calificación. Sin pretender realizar un análisis exhaustivo del citado artículo, y asumiendo que hoy se dan muchos fenómenos que atentan contra la virtualidad de su contenido; pienso que las acciones de actualización de nuestra economía deberían orientarse más en función de cumplir con sus postulados.

Por último, si hay que considerar la elección del trabajador, sus aptitudes y calificación, pues entonces eliminemos los mecanismos que obstaculizan esas elecciones para que las capacidades y el conocimiento alcancen su máxima expresión. Quizás el día que logremos hacer estos ajustes no tendremos obreros de la India levantando hoteles en La Habana, ni juristas e ingenieros de boteros y camareros.

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One Response to ¿Y los nacionales qué?

  1. Artículo claro y objetivo. Es repugnante que la dirección del país priorice la incoporación de extranjeros a la actividad productiva en detrimento de la masa trabajadora nacional, tan necesitada de bien remunerados empleos. Deberia denunciarse esta situación ante la Organización Internacional del Trabajo. Todas las grandes obras existexistents aún en Cuba, levantadas ant de 59, lo fueron por manos cubanas y tanto la arquitectura como la construcción gozaban de respeto cubanas gozaban de respeto en los propios Estados Unidos.

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