Dos vivas para el voto de Obama en la ONU acerca de los asentamientos israelíes

MIAMI. Al igual que su ruptura con décadas de política de hostilidad y aislamiento estadounidenses hacia Cuba, el gobierno de Obama, con su reciente voto en las Naciones Unidas, rompió con otro elemento indebido de larga data de la política exterior estadounidense: la protección diplomática incondicional y automática de Israel en la ONU.

Al abstenerse en una resolución del Consejo de Seguridad para censurar a Israel por sus asentamientos cada vez más extensos en territorio palestino, Obama mostró un mejor juicio y más valor que cualquier otro presidente en más de medio siglo.

En décadas pasadas, Estados Unidos bloqueó todas las resoluciones de la ONU que condenaban a Israel, independientemente de los ultrajes cometidos por ese país: apoderarse ilegalmente de más y más porciones de tierra palestina; salvajes bombardeos contra el Líbano, los cuales mataron a muchos civiles y destruyeron una parte significativa de la infraestructura del país; un ataque contra una flotilla civil turca por comandos israelíes que mató a varios turcos y a un estadounidense; y varias invasiones y un bloqueo continuo a Gaza, que han provocado un terrible costo humanitario. Y esa es una lista corta.

Pero la pregunta es si el cambio en la política es demasiado pequeño y llega demasiado tarde a la administración Obama para ser sostenible. Aquí también se podrían establecer paralelismos con Cuba, pero no es mi tema hoy.

La abstención de Estados Unidos acerca de la resolución que censura a Israel por establecer asentamientos que no tienen “validez legal” y están en violación flagrante del derecho internacional, equivale efectivamente a un voto de “sí” y, por lo tanto, permite que la medida sea aprobada.

A excepción de los israelíes, prácticamente nadie en el mundo cuestiona que estos asentamientos son flagrantemente ilegales. Estados Unidos finalmente optó por la verdad en vez de por la “relación especial”. Esa es una buena noticia. Una alianza basada en una mentira sólo puede ser una conspiración de delincuentes.

Sin embargo, al abstenerse en vez de aprobar la resolución, a diferencia de los otros 14 miembros del Consejo de Seguridad, Estados Unidos muestra su continua reverencia a Israel y al lobby pro-Israel en Estados Unidos (que incluye no sólo a judíos –y probablemente a sólo una minoría de judíos–, sino también a muchos evangélicos, algunos halcones en política exterior y a muchos otros grupos de interés).

Y las acciones hablan más que las palabras. En septiembre, Estados Unidos aprobó un paquete de ayuda militar récord de $38 mil millones de dólares para Israel. Esta gigantesca subvención eclipsa el presupuesto anual de ayuda externa de Estados Unidos para el mundo entero, que es de alrededor de $25 mil millones.

Hay decenas de países en el mundo que realmente necesitan $38 mil millones de dólares para el desarrollo y, en algunos casos, para su mera supervivencia. Israel, por el contrario, es un país desarrollado con una economía de alta tecnología donde nadie se muere de hambre. Tiene más de lo que necesita para defenderse: un arsenal nuclear estimado en 200 bombas y un formidable ejército.

Decenas de miles de vidas, especialmente en África subsahariana, podrían salvarse si este dinero se usara para combatir la pobreza y las enfermedades, en lugar de entregarlo a Israel para que pueda usar temibles armas de guerra en áreas pobladas por un alto número de civiles buscando la posibilidad de matar a algunos terroristas.

A pesar de la generosidad estadounidense y la protección diplomática durante décadas, hubo una furiosa reacción ante el voto de la ONU por parte de todos los probables sospechosos. Benjamín Netanyahu estaba apoplético. Eso me divirtió mucho. Netanyahu no es el peor líder del mundo. El presidente Duterte, de Filipinas, y una serie de otros gobernantes sanguinarios son peores. Pero Netanyahu es sin duda un contendiente de primera línea entre los candidatos al líder más desagradable y arrogante. Él muerde repetidamente la mano –la única mano– que lo alimenta. Él siente una animadversión especial por el presidente Obama, y ha tenido la audacia de sermonear al presidente siendo un invitado en la Casa Blanca.

Los republicanos en el Congreso, el presidente Donald Trump y la coalición pro-Israel en Estados Unidos también estaban furiosos. Trump dice que él “arreglará” las cosas con Israel cuando tome el poder. Sin duda, hay mucho que puede hacer para mostrar un grado aún mayor de favoritismo de Estados Unidos hacia Israel, como se ha demostrado en los últimos cincuenta años. Estados Unidos también mostrará su enojo al castigar a la ONU por medio de recortar el financiamiento (total o parcial). Incluso la amenaza de la retirada estadounidense de la ONU ha sido considerada por algunos miembros de la clase política dominante en Estados Unidos.

Eso es decir que si no hago las reglas voy a tomar mi pelota y mi bate e irme a mi casa. ¿Cómo pueden millones de estadounidenses estar desconcertados con la respuesta a la pregunta “¿por qué nos odian ‘ellos’?” A nadie le gusta un matón o un incomprensivo.

La buena noticia es que no se puede desromper un huevo, y deshacer esta resolución de la ONU será casi igualmente difícil, ya que no habría apoyo para tal acción. Esta resolución será una prueba de un momento en que el mundo habló con una sola voz acerca del elemento central –aunque no es el único– del tratamiento vergonzoso de Israel hacia los palestinos: robar sus tierras para impedirles tener una nación.

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