Trump enmudece cuando copresidente de campaña lanza diatriba racista contra la primera familia

Alguien me preguntó el otro día por qué admiro a Barack Obama. Comencé a pensar cómo explicaría las razones en la columna que escribiré más adelante este mes. Pero no hoy. Su presidencia no ha terminado todavía.  Algo más, este fin de semana, como gritaría el Canal 7 de Miami, “hay una noticia sensacional”.

Pensando en la pregunta acerca de mi juicio sobre Obama –y de sus enemigos– comprendo que una de las razones más viscerales implica lo que Martin Luther King llamó “la cualidad del carácter [de una persona]”. Durante ocho años, Obama se ha desempeñado como presidente, esposo, padre. Hay una decencia a toda prueba en sus actitudes y acciones, y detecto nobleza y amabilidad también.

Sus adversarios políticos han mostrado una abundancia de todos los rasgos opuestos. Parece que no hay lugar demasiado bajo hasta el que algunos de ellos no se abstengan de caer. Los más constantes y censurables han sido los racistas y otros odiadores. Este fin de semana, uno de esos (tanto racista como odiador) abrió la boca y fijó un nuevo estándar.

Hay racistas. Y además hay RACISTAS. Hay gente mezquina. Y además hay gente realmente MEZQUINA. Y hay un Carl Paladino, que [la semana pasada] se situó en un plano totalmente aparte en lo que respecta a estas cualidades.

¿Quién es Paladino, dicen ustedes? Paladino en sí es obviamente un hombre torcido, enfermo y cruel cuya personalidad puede interesar a un psiquiatra y su carácter a un filósofo moral. Sin embargo, la cuestión principal aquí es qué papel social y político desempeña. Lo que importa es quiénes son sus amigos. Lo que importa es lo que revelan sus recientes comentarios en los medios acerca de hasta donde el propio ejemplo de Donald Trump ha abierto una caja de Pandora que contiene el lado más feo del carácter nacional estadounidense.

Paladino es un magnate de Nueva York, un republicano íntimo amigo de Donald Trump que copresidió su campaña y es miembro de la Junta Escolar de la ciudad de Buffalo. ¿La lista de deseos de Paladino para 2017? Él desea que Obama “se contamine con la enfermedad de las vacas locas después de ser atrapado teniendo relaciones con una Herford”.

Desempaquemos por un segundo los elementos de esta fantasía antes de llegar a lo que desea Paladino para la primera dama. La enfermedad de las vacas locas es una enfermedad horrible que en corto tiempo destruye  el cerebro y mata al 100 por ciento de sus víctimas. Lo que Paladino desea para Obama en 2017 es que él sufra mucho, se convierta en un vegetal y muera. Pero eso no es suficiente. Él quiere que la imagen de Obama y su recuerdo sea mancillado para siempre al ser descubierto cometiendo bestialismo, por cierto, dejando convenientemente en claro que Obama no merece ninguna simpatía porque él mismo ha provocado ese castigo.

¿Cuánta maledicencia se puede condensar en pocas palabras? Un deseo de muerte. Un deseo de intenso sufrimiento y decadencia hacia un agujero negro mental. Deshonra pública. Un estigma indeleble para los libros de historia y el obituario.

¿Cuánta maldad puede  contener un corazón?

Los deseos de Paladino para la primera dama son ofensivos en extremo, pero se destacan aún más por ser totalmente grotescos:

“Quisiera que volviera a ser un varón y la soltaran en el outback de Zimbabue, donde ella vive confortablemente en una cueva con Maxie, el gorila.”

Vuelva a ser un varón. ¿Pero qué es lo que pasa? ¿Por qué Zimbabue? Ah, Michelle es negra y Zimbabue está en África. Es un absurdo perfecto. El hecho de que Paladino confunda los continentes que empiezan con “A” –el outback está en Australia, estúpido– me hace recordar la creencia del gran Albert Camus de que “gran parte del mal que existe en el mundo proviene de la ignorancia.”

El asunto de Michelle viviendo confortablemente en una cueva con Maxie, el gorila, repite el más viejo insulto de la larga historia del racismo occidental contra los negros. Igualar a seres humanos con animales no es exclusivo de la comparación negros-simios. Los nazis representaron a los judíos como ratas en su propaganda visual. La deshumanización es una de las principales partículas del núcleo racista. Y está lo de Maxie el gorila, y de nuevo la sugerencia de bestialismo.

La única persona en esta historia que se pueda comparar con una bestia es Paladino. Él realmente necesita tratar de recuperar su humanidad. Quizás él, como su nombre sugiere, sea católico. En ese caso, una charla con el papa puede hacerle mucho bien.

Esa es la forma de pensar que se escucha de los sociópatas, de los asesinos en serie y de su calaña. Estamos hablando de un enfermo. Un verdadero demente. Fantasías extremadamente crueles. También estamos hablando acerca de un amigo personal y de un antiguo copresidente  de la campaña de nuestro presidente electo, Miembro de una junta escolar.

Dios libre a los niños. Dios libre al país. Dios nos libre a todos.

Mientras tanto, Paladino ha rechazado retirar cualquier cosa que haya dicho y no le parece haber dicho algo incorrecto.

¿Y Donald Trump? A diferencia de muchas otras personas, él no denunció inmediatamente la diatriba de Paladino. En su lugar, se aisló al usar a un testaferro que calificó la diatriba de Paladino de “censurable”.

De esa forma, los odiadores pueden todavía creer que Trump piensa igual que Paladino pero solo quiere limitar el daño político y las críticas de los medios. Dios los cría y ellos se juntan.

Foto de portada: Carl Paladino y Donald Trump.

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