LA HABANA. Según la tradición, hoy, hace 2016 años, nació en Belén de Judea, un niño al que llamaron Jesús, descendiente del famoso rey David. Nació pobre y en un establo o algo parecido que encontraron en el camino, según cuentan. Su padre adoptivo se llamaba José, un simple carpintero, y su madre, María, una de las tantas bellas mujeres judías que poblaban y pueblan su país, que entonces estaba bajo el dominio del imperio romano.

De su infancia conocemos poco, sin embargo, de cuando maduró tenemos numerosos textos escritos por sus seguidores, los Evangelistas. Estos narran milagros realizados por Jesús; cuentan que habló en el Templo, que detuvo las piedras lanzadas contra una mujer adúltera o que, en un día de furia, expulsó a latigazos a los mercaderes del templo. Que caminó sobre las aguas o devolvió la vista a un ciego (¿simbólico acto?) o que resucitó a un tal Lázaro y que de unos cuantos panes y peces dio comida a centenares que le seguían para escuchar sus discursos cargados de limpias y puras enseñanzas de cómo ser humanos. (Me permito reiterar que el gran milagro de Jesús fue el de repartir entre todos lo que cada uno poseía.) Pero hizo más.

Resumió todos los mandamientos a lo esencial, a la semilla del fruto: amar a los demás, al otro, a cada uno de los otros como a ti mismo y a Yahvé (Dios) sobre todas las cosas. Lo proclamó donde quiera convirtiéndose así en el heterodoxo más famoso del universo de su tiempo. Por esta razón encontró la enemistad de las autoridades religiosas y también de aquellos judíos que le hacían la guerra de guerrillas a Roma, a los cuales no se sumó por ¿cuestión de método o de principios? En suma, recibió la hostilidad y el vilipendio por todos los flancos posibles.

Muchos veían en él al libertador en términos políticos. Él apostaba por más: la liberación desde el interior de cada persona, la renovación de cada uno. Quizás, posible especular, que lo demás vendría por añadidura.

En su tiempo ni soñar con internet, PC, laptops, tabletas, por lo que Jesús, según se dice, tomando un gajo de árbol escribió una sola vez en su vida sobre la tierra suave. Cuentan que de inmediato lo borró. ¿Qué razón lo indujo a deshacer lo escrito? ¿Miedo al texto, a las palabras? Lo dudo pues bastante había predicado levantando fervor, adhesión, así como la hostilidad de todos los poderosos y de quienes aguardaban otra dimensión de él. Me permito pensar que para Jesús el heterodoxo, el acto es más importante que la escritura. Y si además, acto y  palabra oral carecen de fisuras, logran la unicidad perfecta, ¿qué más?

2016 años después de su natalicio, ¿se consolaría Jesús con Twitter u otro servicio en la red? ¿Permanecería satisfecho con la realidad virtual aquél nacido para cambiar la realidad real partiendo de la intimidad de cada uno? ¿Acaso basta con subir protestas a la red para cambiar el mundo autodefinido cristiano mientras fabrican artefactos de muerte, originan guerras, fraccionan países, aumenta el hambre concentrando en unos pocos los peces y los panes y se empuja a migrar y morir a la orilla de una playa?

Jesús, llevándolo a nuestro tiempo, ¿hubiese borrado lo publicado en la red aquello que escribió sobre la tierra en único momento? Las palabras sin el compromiso activo las barre el tiempo, se convierten en polvo. Y resulta que el “polvo enamorado” sobrevive con la apuesta del todo, podría haber dicho aquél “loco” heterodoxo que amó al otro como a sí mismo y los convocó no a una institucionalidad, sino a una relación cualitativamente distinta: la vida en comunidad.

Aquél nacimiento que hoy festejamos, muchos engordando panza y bolsillos, poder, y otros en la intimidad más profunda, muy probablemente lo crucificaríamos nuevamente (¿no lo habremos ejecutado ya infinidad de veces?), primero mediáticamente acusándolo de heterodoxo, diversionista ideológico, enemigo del Imperio de nuestro tiempo, terrorista proveniente del Medio Oriente, agente de algún país o proveniente ilegal de ese México donde cada día es asesinado por ser estudiante, periodista o mujer; después, si insuficiente el método, lo desapareceríamos, cuando mejor, en el rincón de una cárcel oscura o asesinado, como a cualquier de los otros a los que amó en cualquier esquina de las cuatro calles de nuestro mundo real.

Deseo que su mensaje de amor para todos renazca fiel en actos.

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