Republicanos: La insoportable levedad del ser

MIAMI. Durante una generación, el Partido Republicano ha prosperado a pesar de, o debido a, dos clases de levedades: la falta de peso de sus ideas y la total pureza de sus líderes y seguidores.

El GOP tiene una perspectiva mundial con casi cero peso intelectual u objetivo. Creen que todos esos glaciares que se derriten, la subida constante del nivel del mar, el hecho de que en Miami se celebrará la Navidad  con una  temperatura de 27 grados no significan nada. El cambio climático global es una patraña, a pesar de las pruebas ante nuestros propios ojos, y no importa que discrepe el 99 por ciento de los científicos del clima.

Sostienen que la manera de ayudar a la clase media es prodigar reducciones de impuestos fabulosas a los muy ricos. Afirman que la seguridad económica del estadounidense promedio no será dañada por los recortes drásticos a la Seguridad Social y a Medicare y al desmonte de la Ley de Atención Médica Asequible (ACA u Obamacare).

El Obamacare ha reducido el número de personas sin seguro médico hasta niveles de récord. Ellos tienen en sus planes sustituir la ACA por algo que llaman “acceso universal”. Si hubiera habido alguna vez acceso universal a la atención médica, como en la mayoría de los países avanzados en el mundo, nunca habríamos necesitado la ACA. Obama tuvo éxito en la inversión de una tendencia muy perversa, el crecimiento constante de estadounidenses sin seguro médico. La falta de seguro médico puede matarlo a uno o inhabilitarle innecesariamente.

El plan republicano de reemplazo, acceso universal, es tan solo un eufemismo para un sálvese quien pueda en el mercado de la atención sanitaria. Pero la historia reciente muestra que ese acercamiento no funciona, dado el alto nivel de desigualdad económica y debido a la naturaleza depredadora de las compañías de seguros, los enormes consorcios farmacéuticos y otros grandes participantes en la atención médica.

Las ideas e ideales políticos republicanos tienen el sabor de la opinión de consenso de la realidad antes de Galileo, Copérnico, Newton, Darwin y Einstein. El GOP, como la Iglesia Católica en tiempos de Galileo, define la realidad para que se adapte a su propia teología, ideología e intereses. El dogma reina sobre todo.

En definitiva, resultó que la tierra gira alrededor del sol, no a la inversa, y que los seres humanos son animales, aunque con inteligencia única. Pero en el camino hacia un nuevo consenso, mucha gente fue quemada en la hoguera, silenciada, o abusada de otras maneras. –De forma semejante, para cuando los estadounidenses lleguen a un consenso factual y ético más claro, mucha gente habrá sufrido daño.

No, Donald Trump, Paul Ryan y compañía, el mundo no gira alrededor de Estados Unidos- No, ustedes no hacen grande de nuevo a Estados Unidos logrando que lo odien. Ustedes no reconstruyen a la clase media satisfaciendo a los asquerosamente  ricos.

Estas vetustas ideas están tan en bancarrota que es sorprendente que mucha gente en realidad las apoye con sus votos. Parece que el modo de pensar de demasiados estadounidenses es lo contrario de un agujero negro. Ninguna luz puede escaparse de un agujero negro. Para los muchos millones que votaron por Donald Trump, ninguna luz puede entrar a sus mentes. Llamen a este fenómeno un agujero blanco.

Me he preguntado a menudo acerca de la clase de gente que cree no sólo las noticias falsas vomitadas constantemente  por los medios sociales y el propio Trump, sino también las falsas ideas  inventadas por la derecha y adoptadas con gusto por el GOP, como la “economía del lado de la oferta”, o la “curva de Laffer”, que resultó ser nada más que la vieja economía del goteo, excepto que nada jamás goteó hacia abajo.

Esta levedad, esta falta de peso, es insoportable para gente como yo con consciencia social y respeto por los hechos, la lógica, y la ciencia. Es una lástima que no fuimos suficientes para aplastar a Donald Trump.

Desde las elecciones, me he preguntado quién puede tragarse tales mentiras y soporta una ideología tan inhumana. Entonces mi vecino –firme defensor de Trump– vino a sentarse en el portal para conversar mientras yo me fumaba un puro. Fui partícipe toda la gama de delirios, teorías de la conspiración, de desinformación y pura ignorancia que puede llevar a una persona de razonable inteligencia a creer el montón de sinsentidos abrazados por Trump y compañía.

¿No creía yo que Clinton ganó el voto popular porque 11 millones de “ilegales” votaron por ella? No. Como el resto de las creencias que él expresó, ésta desafiaba tanto los hechos como el sentido común. Googleé la pregunta y encontré múltiples estudios que mostraron que el fraude electoral es extremadamente raro en Estados Unidos. Se los mostré.

Toda su información estaba equivocada y su lógica era del mismo tipo. ¿Por qué los inmigrantes indocumentados iban a darse a conocer a  las autoridades apareciendo sin documentos válidos en un colegio electoral, a riesgo que ser puestos en el carril rápido de la deportación y, al mismo tiempo, cometer un delito federal (fraude electoral) que podría llevarlos a la cárcel? Él quedó impertérrito. Yo me había topado  con el agujero blanco.

Esto refuerza mi opinión de que estas elecciones no tuvieron que ver con los hechos o con la lógica, sino que fueron decididas por fuerzas políticas más fundamentales: miedo y aversión. Trump ganó porque una enorme mayoría de blancos, que todavía significa una mayoría fuerte del electorado, votó por él. Él no ganó solo basándose en blancos económicamente afectados. De hecho, él ganó entre blancos con rentas por encima de $50 000. Y la gente que consideró que la economía era su asunto más importante votó por Hillary.

La razón principal por la que Trump ganó fue que demasiados blancos echaron una mirada a su alrededor y se alarmaron del color de piel que el país estaba adoptando. La palabra clave que los hizo agruparse fue “inmigración”. Pero no fue realmente acerca de la inmigración como tal. Era más acerca del sentido de que, con minorías que excederán el número de blancos en pocas décadas, tener consciencia  de cuál raza sería automáticamente la principal –cultural y políticamente– por primera vez se ve como una cuestión vital. Tenemos ya un presidente negro. ¿Qué viene después? ¿Una presidenta latina? ¿Una nación multilingüe?

Los blancos observaron esa perspectiva y dijeron: De ninguna manera. El resto de nosotros tenemos que vivir con eso, y luchar contra sus consecuencias durante los próximos cuatro años.

Traducción de Germán Piniella.

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