La posible política de Trump no promete nada bueno

MIAMI. Donald Trump quiere contratar a un racista conocido para dirigir la oficina del procurador general; alguien que niega la existencia del cambio climático para dirigir la Agencia de Protección Ambiental; un cirujano para dirigir la vivienda; una mujer que desdeña la enseñanza pública para dirigir el Departamento de Educación; un multimillonario que hizo su dinero explotando a los trabajadores para dirigir el Departamento del Trabajo; un exmagnate de Goldman Sachs para arreglar la catástrofe creada por Wall Street; y una gobernadora con conocimiento cero de los asuntos internacionales para representarnos en las Naciones Unidas. ¿Y esperamos que él lo haga mejor cuando se trate de Cuba?

Los cubanoamericanos en su equipo de transición vienen todos de “La Industria del Mal”, como mi fallecido amigo  Francisco Aruca acostumbraba a llamarlos. Cuando nos refiramos a ellos, sugiero que le quitemos la palabra “cubano” al término cubanoamericanos.

El hecho es que los observadores de Cuba no tienen mucha idea de lo que sucederá cuando el presidente electo Donald Trump tome posesión el 20 de enero de 2017. Yo, al menos, me estremezco de solo pensar en las posibilidades. Seguimos viendo cómo nombra a extremistas para el equipo Trump de transición. Y no olvidemos que el propio Trump advirtió a los cubanos de Miami de lo que iba a hacer.

“Todas las concesiones que Barack Obama ha hecho al régimen de Castro fueron hechas por medio de órdenes ejecutivas, lo que significa que el próximo presidente puede darles marcha atrás”, dijo Trump a una entusiasmada muchedumbre en el Centro James L. Knight antes de su elección en septiembre. “Y eso haré, a menos que el régimen de Castro satisfaga nuestras demandas. No mis demandas. Nuestras demandas.

“Esas demandas son libertad religiosa y política para el pueblo cubano. Y la liberación de los presos políticos”, dijo Trump.

Con el nombramiento de cubanoamericanos para su equipo de transición, parece que Trump no ha aprendido todavía  que a los cubanos no les gusta que les digan lo que tienen que hacer. Y, señor Trump, ellos no reaccionan bien ante las amenazas.

Cuando Trump nombró a Mauricio Claver-Carone para su equipo de transición reaccioné escribiendo. Seguramente no era una opción feliz para las personas interesadas en ver una continuación de tendencias positivas con la relación de Cuba-EE.UU. Pero añadí que pudiera ser un gesto vacío para aplacar a “esos cubanos extremistas de derecha que defendieron, ayudaron financieramente y en última instancia votaron por Donald Trump”.

Mi optimismo pudo haber sido optimista. ¿Por qué tantos cubanoamericanos en su grupo de transición? Y todos al parecer del mismo equipo… y en puestos importantes. Primero nombró al cubanoamericano Carlos E. Díaz-Rosillo, profesor de Harvard y conferencista, que  ahora es el “Asesor de Autoridad Ejecutiva [de Trump] para la Implementación de Política”.  OK.

Fue Claver-Carone, el segundo cubanoamericano nombrado, quien provocó la atención: ¡Cuidado!

En 2003 él trabajó en el Departamento del Tesoro bajo el presidente George W. Bush. Un año más tarde, fue contratado por dos destacados anticubanos residentes en Miami, Remedios Díaz-Oliverio y Gus Machado, para que encabezara su PAC Democracia EE.UU.-Cuba. Claver-Carone también fue nombrado director ejecutivo de la fundación privada Cuba Democracy Advocates (Defensores de la Democracia en Cuba). Sus benefactores, Machado, un magnate de la venta de autos, y Díaz-Oliverio, quien se declaró culpable de fraude y evasión fiscal a finales de la década de 1990, son ejemplos típicos de “La Industria del Mal” de Miami.

Poco después, Claver-Carone comenzó a publicar  un blog en contra de Cuba, meses antes de que Obama se convirtiera en presidente. Se centra en Cuba, pero se extiende a otros países como Irán y Venezuela. Nunca se ha escrito una palabra positiva acerca de Cuba, lugar en donde nunca ha puesto un pie. A menudo sus mensajes se basan en rumores y mentiras.

El nombramiento de Claver-Carone en el equipo de transición para el Departamento del Tesoro, el cual supervisa la aplicación de sanciones financieras y regula los viajes a Cuba, solo puede describirse como una mala noticia.

También ha sido nombrado para el equipo de transición a la doctora Yleem Poblete, una exasesor principal de la representante Ileana Ros-Lehtinen y una extremista en lo que se refiere a Cuba e Irán. Ella está considerada como una experta en política exterior y de seguridad nacional, y ha trabajado durante casi dos décadas en el Comité  de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EE.UU.

El nombramiento más reciente es el del abogado John Barsa, nacido en Miami y también de ascendencia cubana, y nombrado en el Departamento de Seguridad Nacional. Barsa sirvió en una oportunidad como ayudante de Lincoln Díaz-Balart en el Congreso de EE.UU. Ha trabajado con los secretarios Tom Ridge y Michael Chertoff en Seguridad Nacional.

¿Qué podemos esperar?

Basándonos en los individuos mencionados y en la actitud extremista de Trump en relación con Cuba justo antes de las elecciones, no se puede esperar nada bueno. Y como puede suceder con los asuntos que tienen que ver con nuestro medio ambiente, atención médica, temas de derechos para todos los ciudadanos, el tema de Cuba, que adelantó tremendamente bajo Obama, puede que se vea dando marcha atrás bajo un presidente Trump.

En pocas palabras, las noticias no son muy buenas.

Traducción de Germán Piniella.

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