LA HABANA. Antes de hablar de la censura en particular deseo expresar que estas líneas son motivadas por la polémica desatada en varios medios digitales, sobre la no exhibición de Santa y Andrés en el venidero Festival de Cine Latinoamericano. Confesaré también que no he visto la película aún, ni conozco, por la sencilla razón de que no me toca participar en esos espacios ni mucho menos, qué se debatió entre el ICAIC, el Ministerio de Cultura y los realizadores sobre el filme en cuestión. He leído varios trabajos en OnCuba y otros espacios donde se exponen los argumentos de voces muy prestigiosas respecto a la decisión de no exhibir el filme.

Algunos de esos argumentos defienden su no exposición y otros se emplean para predicar la necesidad de que se muestre al público en los cines. Sobre los que han arrojado para aquí y para allá ofensas personales y comentarios burdos no diré nada, por la sencilla razón de que no es menester. No vale la pena tenerlos en cuenta.

Mi criterio sobre esta porfía viene por otro lado. No ponderaré la falacia de que en el capitalismo la libertad de expresión es absoluta y se exhibe cualquier producto cultural. Ejemplos hay a montones sobre que no opera de esa forma. Tampoco comparto la visión, a mi juicio reduccionista, de que una película por la temática abordada, puede ser problemática a partir de lo que muestra sobre la Revolución. Sencillamente todos tenemos que entender que hay muchas formas de ver y analizar la Revolución como proceso histórico, y eso también puede y creo que hasta debe ser llevado al cine. Soy de los que piensa que una visión plural y crítica de nuestros aciertos y desaciertos lejos de desunir, puede fomentar más la unión si se emplea para generar debate a nivel social y no solo entre algunos sabios.

A lo que me quiero referir en especial es a la efectividad de la censura. ¿Vale la pena censurar hoy una película en Cuba sacándola del festival? ¿Alguien duda que millones de cubanos veremos Santa y Andrés? ¿Quien ganó y quien perdió realmente con la no exhibición de este filme en el festival? Creo que son preguntas muy interesantes cuyas respuestas deberían repensar quienes tomaron la decisión de no exhibir la película.

En la época de mis padres fueron censurados, por ejemplo, The Rolling Stones. No obstante, cuando un grupo de adolescentes y jóvenes cubanos querían oír su música lo lograban aunque con muchos esfuerzos. Y a pesar de eso más de cuarenta años después estaban, ya tembas, coreando a gritos esas mismas canciones en los terrenos de la Ciudad Deportiva.

Por suerte para mi generación la realidad es otra. Cada vez es más fácil acceder a los productos audiovisuales que cualquiera desee ver; ya sean clásicos del cine o bodrios espantosos. El paquete, como cotidianamente se le denomina, continuará siendo un valioso recurso en este sentido… y créanme que la gente verá Santa y Andrés aunque a la postre no les guste.

En muchos operará ese efecto psicológico de verla por el solo hecho de que fue censurada. “Si no la pusieron en el festival es porque algo dice”: y esa idea muy elemental la hará más atractiva incluso para los que son incapaces de captar algún mensaje crítico en su contenido.

Entonces pienso que cada vez se hace más obsoleto censurar películas, porque a algunos no les agrada la interpretación que hacen sus creadores de una determinada realidad. Puede que en la Cuba de 2016 censurar noticias en nuestros medios de prensa tenga cierta efectividad. El tímido incremento del acceso a internet todavía no propicia, por circunstancias objetivas y subjetivas, que los cubanos en mayoría consultemos medios de prensa foráneos. Pero está claro que la censura sobre filmes, documentales o música es cada vez menos efectiva; y de esta forma también se adquiere información. Por tanto, creo que si hay un perdedor en el caso de Santa y Andrés son los censores.

Desde que se adoptó el actual texto constitucional en 1976, y luego de su reforma en 1992, se remitió a una ley la regulación de las libertades de palabra y prensa. Estas fueron reconocidas constitucionalmente de acuerdo a los “fines de la sociedad socialista”, y se destaca que las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social. Pero a cuarenta años todavía no hay una ley que establezca el marco legal sobre este tema, y esto, no lo dude nadie, influye en qué se censura y qué no.

Sencillamente cuando no hay reglas del juego preestablecidas y de público conocimiento, se está a merced de que los censores hagan las reglas y además las interpreten de acuerdo a sus criterios o los de sus superiores; criterios que incluso la historia ha demostrado son moldeables según las circunstancias.

Hoy se está censurando Santa y Andrés por lo que muestra sobre la Cuba de los ochenta y la forma en que lo hace. Pero Conducta se ha puesto ya varias veces en la televisión a pesar de ser, al menos que yo recuerde, el primer filme donde se muestra a un personaje cuestionando el tiempo que llevan en el poder algunos de nuestros principales dirigentes. ¿O es qué ahora nadie recuerda el célebre bocadillo de Carmela al respecto?

Me encanta leer a los cineastas del país clamando por una Ley de Cine. Yo también defiendo su necesidad por una razón muy sencilla: clarificaría cuáles son los criterios para censurar un producto cinematográfico; establecería las autoridades facultadas para ello, así como el procedimiento para hacerlo. Eso se llama en el argot legal más pedestre seguridad jurídica.

Sin embargo, la solución no es solo esa. A menudo algunos piensan que regulando algo en una ley o escribiendo tal o más cual cosa en la Constitución los problemas se resuelven. Más allá de la norma hace falta un compromiso estatal y una práctica social que valore en su justa medida la censura, los resultados que esta genera, y cuan efectiva es para lograr su cometido.

Nuestras instituciones tienen que entender que la Cuba de hoy no es la misma de hace cincuenta años, aunque para muchos el compromiso de defender nuestro proyecto socialista sigue en pie como el primer día. Lo que ocurre que algunos hemos asumido como válida la idea de que criticando; llamando las cosas por su nombre, así como mostrando y contraponiendo puntos de vista, es la mejor manera de defenderlo. Conocer nuestros errores actuales y pasados permite que seamos nosotros los que evitemos repetirlos y le busquemos soluciones; y no que otros nos las vendan en algún momento. La solución es el debate, no la censura. El arte en general y el cine en particular deben ser herramientas para ello.

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2 Responses to ¿Para qué sirve la censura hoy?

  1. El régimen cubano, por definición, no puede admitir ciertas cosas abiertamente aunque hipócritamente, sepa que se hacen. La cesnura, en prncipio, no debiera exisitr porque nadie es quien para dictarle el gusto a nadie. Eso es propio de sociedades autocráticas y despóticas como la cubana. en un país democrático, los productos están ahí y usted los consume si quiere. Internet está lleno de pornografía, pero no representa ni el 1 por ciento de todo el contenido de la red, además de que muchos ciudadanos ni se acercan a esas páginas.

  2. es de todos conocido, pues sobre eso se ha escrito y llevado al cine, etc…innumerables trabajos hay al respecto que ,como en toda tirania totalitaria, la repression de las ideas contrarias, forma parte consustancial del Sistema que padecemos en Cuba hoy ?? Para que tantas disquisiciones al respecto ? Ustedes mismos saben que, de traspasar ciertos limites, seran censurados mas o menos fuertemente, segun la distancia traspasada,…dejemosnos de posturas cinicas y simuladoras…enfrentemos la realidad !!! Quien puede opinar en Cubadebate, Granma, etc, etc…Cuando han llevado a Farinas u otro disidente a la Mesa Redonda, producida con el dinero de todos y usadas por unos cuantos ??? Vamos, seamos serios…..

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