LA HABANA. Que la Cuba de hoy, en su composición, actitudes, esfuerzos y expectativas se distingue por mucho a la de tiempos pasados, no es descubrimiento, al menos para todo buen observador.

Ese fue el tema de conversación con varios amigos en una de las tantas cafeterías privadas que hay en La Habana. Durante las pausas entre buche y buche de café busqué la opinión de la atenta y joven camarera, venía bien para el tema de la conversación. Le pregunté por qué trabajaba allí y qué nivel de estudios tenía.

No meditó ni un segundo: “Estudié hasta tercer año de Biología y lo dejé porque tengo que ganar para poder vivir. Aquí, cada día de trabajo salgo con 8 o 10 CUC (Pesos Convertibles) en propina”. Sonrió y continuó en sus menesteres.

“La vida se impone”, señaló uno de mis amigos mientras daba vueltas a la cucharilla en la taza de café.

Cierto, la vida se impone y ese cambio de ruta y de actitud en las personas que los cubanos constatamos hoy viene desde tiempo atrás. Esa joven dio pie para mi “muela”, que comparto con Uds.; a la que añado datos que no llevo en la memoria, menos aún para un diálogo con amigos.

Los cambios en las actitudes de las personas, en sus expectativas y vías para lograr estas, no vinieron con el nuevo siglo, como tampoco con el despegue mediante el proyecto de Actualización económica —que sí los estudia y canaliza—, este, a todas luces, enlentecido.

Todo comenzó en los años 90 del pasado siglo: derrumbe del campo socialista —previsto con lúcida antelación por Fidel Castro— y su impacto en la economía, la ideología, los valores, así como en el comportamiento en el ámbito de las relaciones humanas donde trastocó planes de vida, las vías para subsistir y el estreno de nuevos canales de ascenso social. Si antes de los 90 el destino y mejoría individual resultaba del esfuerzo común, la crisis de la última decena del pasado siglo abrió las puertas para que los canales de ascenso cambiaran del nivel de adhesión ideológica por la capacidad individual para abrirse camino. A pesar de ello, Fidel Castro, partiendo de su innegable capacidad política y de interactuar con las realidades reafirmó su afirmación, reflejo de la voluntad que siempre le acompañó: “Sí se podía” superar la crisis.

Más tarde, la clara percepción de la crítica encrucijada fue definida por el presidente Raúl Castro Ruz cuando aseveró que estábamos al borde del precipicio, por lo que había que cambiar. El cambio, lógico, consecuente, que resultaba de un análisis de la realidad, partía y parte del socialismo y para el socialismo, así lo definió el Presidente.

Un reto, sin dudas, porque la construcción del socialismo —como cualquier proyecto radicalmente humanista— no tiene expertos ni doctorados en el pase de la teoría a la práctica. Pero en el caso cubano sí dispone de su propio instrumento de análisis: el marxismo aplicándolo al contexto específico nuestro. El análisis concluyó: cambiar Actualizando.

Y aquí andamos hoy, no con fotos gastadas, sino con el retrato de la realidad palpable, vivible, que se los muestro en cifras publicadas por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en su reporte del año 2015.

Cuba Población:                                                      11’ 239, 004

Población laboral Activa:                                          4’ 979,500

Cooperativistas Agropecuarios:                                   214,600

Cooperativistas No Agropecuarios:                                7, 700

*Privados:                                                                     1’ 185,800

Cuentapropistas:                                                             499,000

El lector puede interactuar con estas cifras, relacionarlas, extraer por cientos.  Por mi parte tomo solo una, la de los Cuentapropistas (499,000) que representan ya el 10, 02 % de la fuerza laboral Activa del país. No cuento los otros sectores señalados por la ONEI.

Pero en los datos hay otro ángulo, muy llamativo, elocuente, y que toca a la célula fundamental de la sociedad: la familia, cuya composición ha variado desde los años precedentes por lo que no tengo más remedio que hacer algún estimado. Si nuestros núcleos oscilaran entre 3 y 5 personas entonces asumo como una media la de cuatro integrantes, lo cual me lleva a concluir que esta actividad afecta directamente a 1’996,000 ciudadanos, cifra que representa el 17, 7 % del total de habitantes. ¿Es despreciable? Suicida desconocer lo que aporta este sector a la economía de su núcleo. (*Recuerde el lector que no incluyo la alta cifra de Privados porque no he encontrado quién explique con rigor a quiénes incluye. Si la sumara —hágalo el lector si le place— su impacto resultaría tan impresionante como chocar de frente contra una puerta de cristales no vista).

Ningún proyecto renovador que en su formulación identifique a la persona como actor primario y objetivo indiscutible, puede desconocer la importancia de estos sectores afanados en hacer sus vidas y contribuir al conjunto de la sociedad mediante diversas formas de propiedad y de gestión. Añoranzas irrepetibles del pasado no hacen país y mucho menos nos alejan del borde del precipicio. La variedad existente en nuestra sociedad —una muestra de ellas son los datos expuestos— nos conduce  al concepto original de unidad, que reconoce e integra la diversidad existente, no inventada. La unanimidad es otra cosa, que de no reservarse a los principios, excluye, margina y condena.

Este reporte de la ONEI no es más que un fotograma de nuestro país, pues hay más con otros primeros actores, como la imprescindible juventud —pienso en la eficiente camarera—. Ella es solo una muestra de un aspecto de la realidad real, valga la redundancia.

Durante la conversación recordé que en abril de 2012, Esteban Lazo, miembro del Buró Político declaró a la TV nacional que “dentro de cuatro o cinco años, el 40 o el 45 por ciento será producido por diferentes formas de producción no estatales”. Ya en marzo, durante la visita del papa Benedicto XVI, Marino Murillo, quien en la fecha que cito era el principal operador de la Actualización del Modelo Económico Cubano, expresó que para el año 2015 calculaba que el sector no estatal contribuiría al Producto Interno Bruto (PIB) con un 40 %. Desconozco el resultado. ¿Se ha publicado? No obstante tal declaración valía por una apuesta firme al papel que estos nuevos actores jugaban (y desempeñan) en el plan económico y en el diseño de país.

Durante el intercambio, ya con otro café solicitado, uno de ellos lanzó la pregunta de si tal aspiración inclusiva habría sido echada de lado relacionando la disminuida velocidad en la implementación de acuerdos con la ideología para especular si no habría un intento de “asfixiar a ese sector por motivos ideológicos”.

Tema complejo debido a que la velocidad y profundidad de los cambios pasan, entre otras meditaciones y valoraciones, por el necesario consenso y la subsiguiente implementación de acuerdos. Ambos dependen de varios factores, unos endógenos, otros no. Entre los primeros factores, la resistencia al cambio de mentalidad en distintos niveles parece ostentar la primicia.

Aunque ralentizado el proceso, no espero  “asfixia”. ¿Por qué? La vida se impone, recordé la casi sentencia expresada por otro a propósito de la camarera. Y sí, es posible interactuar y armonizar la realidad innegable. Este es el reto del arte político de Actualizar y cambiar todo lo que sea necesario empezando por todo aquello que depende de nosotros.

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