LA HABANA. Desde remotos tiempos, tal vez cuando apareció aquel primitivo licor que llamaron tafia y, además,  por pura idiosincrasia, una botella del actual ron ha tenido la dualidad de beberse ante una desgracia o una celebración.

Lo debió saber a la perfección el Consejo de Estado y la Comisión Organizadora de las honras fúnebres, cuando, como parte de los nueve días de Duelo Nacional,  la venta de bebidas alcohólicas y su consumo en público quedó totalmente prohibido y por demás, sancionable.

La razón, los motivos, eran obvios: garantizar la más absoluta tranquilidad en la población durante las jornadas luctuosas habida cuenta de que para no pocos mortales, el alcohol en vena ha sido el causante de más de un problema familiar y social. Sabido es que para algunos, el exceso los convierte en nostálgicos llorones y a otros en insuperables y violentos lengüisueltos “supermanes” dispuestos a cualquier tarea sobrehumana.

De ahí que cuando se decretó el Duelo desde las 6:00 am del pasado sábado 26 de noviembre, quien no tuviera una botella a buen resguardo, debió someterse a una prolongada abstinencia. Los avispados comerciantes de lo ilegal, esa legión que desde hace tiempo se dedica a tales menesteres en el mercado negro, hicieron otra zafra. Una caja de cervezas alcanzó el precio récord de 60 cuc al menos en el capitalino municipio de La Lisa, mientras que una botella de ron Santiago que facturaba unos 8 convertibles ascendió a entre 16 y 20 en la referida moneda.

Por suerte para todos, y hasta donde conocemos, las jornadas transcurrieron sin la menor alteración del orden en campos, edificios, calles y avenidas de la isla por la causante de empinar el codo en demasía y no por falta de deseos de meter par de cubos de hielo en un vaso y reflexionar en familia o junto a los amigos.

Mientras la gran mayoría de restaurantes y cafeterías privados suspendieron la venta de bebidas alcohólicas hasta la luz verde a partir de este lunes, veinticuatro horas antes muchos centros estatales y algunos particulares dieron rienda suelta a la venta de cervezas y rones.

No se habían completado los nueve días y ya el domingo en la tarde noche sitios como la carpa de la Playita de 16 y el Infotur de la calle 26, en el municipio de Playa, eran lo más parecido a esas filas de hambrientos que reclamaban una ración de comida. Entretanto, los devotos de Santa Bárbara festejaban en silencio, difícil celebración, en sus casas, con baja música y bebidas, con vino tinto que, según los creyentes, es la preferida de la Santa. Por cierto, el vino no estaba prohibido, al menos en el supermercado del FOCSA  porque, según el dependiente, “esa bebida no tiene alcohol”.

Unos minutos en el ya mencionado Infotur de 26, donde no tomé ron porque por prohibición médica me es imposible, sino tomando color como se dice en el argot, y el ambiente era tranquilo. Hasta familias estaban a la mesa en apacibles charlas. Con toda seguridad repasando lo sucedido con la muerte del líder y vaticinando cómo será una Cuba sin su presencia física.

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One Response to Bebedores a sus puestos

  1. Ley seca absurda…estoy seguro que el de verdad queria tomarse una cerveza o un ronazo, por las razones que fuera, lo iba a sacar debajo de la tierra.

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