Inversión extranjera en Cuba: urgencia frente a la espera

LA HABANA. Desde hace más de dos años Cuba redobló la apuesta por atraer mayor flujo de capital extranjero. Y ya no lo concibe como un “mal necesario”, ni un “complemento”, sino un aspecto esencial para su desarrollo. Sin embargo, en los negocios con los foráneos pareciera primar la filosofía de dejar para mañana lo que se puede hacer hoy; como si los mañanas fueran perennes para una economía que —según expertos— precisa de uno 2, 000  3, 000 millones de USD anuales para un crecimiento sostenido del 3 al 4 %.

“Uno de los problemas que tenemos es la lentitud en las negociaciones. Las empresas extranjeras a veces se quejan, con razón, de que se demoran en recibir respuestas. Tenemos que trabajar por imprimirle mayor velocidad a estos procesos”, reconoció el propio titular cubano del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), Rodrigo Malmierca, en la reciente Feria Internacional de La Habana.

El dato, tan custodiado por los directivos del MINCEX, fue hecho público en esa cita comercial. Desde la aprobación de la Ley 118 de la Inversión Extranjera (marzo de 2014), se han concretado 14 reinversiones, 15 nuevos proyectos en la Zona Especial de Desarrollo Mariel y 54 fuera de ese enclave, para un total de 83 emprendimientos, valorados en más de 1 300 millones de dólares.

Tal comportamiento —confesó Malmierca— está “por debajo de las expectativas, de las necesidades del país”, urgido de acceder a fuentes financieras externas para crecer y promover su desarrollo.

Y así lo reafirma el economista Omar Everleny Pérez Villanueva: si nos adentramos en ese número y lo empezamos a desmenuzar, los resultados no son tan alentadores, de acuerdo a la aspiración de atraer un volumen anual de 2 500 millones de dólares.

“Por ejemplo, ahí se encuentran los contratos de administración hotelera, de hoteles propiedad 100 por ciento del estado cubano, donde son más de 35 negocios. Ese capital es dinero comprometido, aún sin invertir, por lo tanto todavía no da resultados tangibles a esta economía”.

Detalla que, además, se incluyen proyectos de ampliación de empresas que ya estaban operando en el mercado local, es decir, lo que están es expandiendo capacidades, como Brascuba y Unilever, en Mariel.

“En concreto, hay pocas nuevas compañías extranjeras, la cantidad de negocios es insuficiente para obtener frutos económicos en los próximos años que permitan que la economía cubana crezca a tasas superiores al 5 por ciento, y se generen empleos que le mejoren la vida a un grupo significativo de trabajadores”.

El investigador Juan Triana Cordoví dice en uno de sus ensayos que para alcanzar las metas de mejoramiento social los países requieren no solo crecer, sino hacerlo a tasas que les posibiliten alcanzar resultados palpables en un período no exageradamente largo. La cuenta es casi asimétrica: un país que crece a una tasa promedio anual del 1 por ciento requerirá 64 años para duplicar su producto, mientras que si su tasa fuese 6 por ciento, entonces para obtener el mismo resultado necesitará unos 11 años.

En Cuba para revertir los bajos incrementos del PIB los índices de inversión foránea deben ser superiores al 20 o 25 por ciento. En la actualidad es de alrededor del 10 por ciento.

¿Por qué si hoy tenemos definiciones bastantes claras de cuáles son nuestros ejes estratégicos seguimos tomando el tiempo que no tenemos para decidir sobre asuntos que no admiten esa demora? ¿Cuántos son, en términos de crecimiento del PIB, los costos de la espera? ¿Cuántos en puestos de trabajo calificado dejados de crear?, se cuestiona Triana Cordoví.

Advierte Pérez Villanueva que la economía nacional, con sus problemas financieros en este 2016, 2017 y que posiblemente continúen en el 2018, necesita a gritos un proceso inversionista fuerte, que frene la descapitalización de la industria y la agricultura en primer lugar, y a la par mejore los problemas de infraestructura física del país y también el nivel de vida de la población, la cual después del año 1990 no ha sentido el bienestar de la pre crisis, excepto en ciertos logros sociales, que se han mantenido.

Favorable es el contexto para impulsar alianzas con los extranjeros. “Sin duda el cuerpo legislativo existente en la Isla es muy atractivo para los negocios, y Cuba a partir de la normalización que empezó con Estados Unidos, más las ventajas de las condonaciones de las deudas y el acercamiento con la Unión Europea, se convierte en una plaza de las más atractivas de la región”, aduce el experto.

Pero poco vale ese escenario si aquí las propuestas se diluyen entre tanto papeleo. A juicio del investigador la selección se ha ralentizado por la falta de capacidad de los involucrados en las decisiones con respecto a los capitales externos; que todas las inversiones se aprueban en un mismo nivel; que el tema de la ventanilla única no ha funcionado en todos los casos, que hay instituciones que participan en el aval de un criterio —exigido en la documentación— que se han demorado en demasía, entre ellos el avalúo de los terrenos.

Sin obviar el obstáculo del bloqueo, el profesor de la Facultad de Contabilidad y Finanzas de la Universidad de La Habana, Oscar Fernández Estrada, añade la política de apostar a grandes proyectos y la excesiva burocracia. “Hay que darles facultades a los Gobiernos locales para que firmen negocios de menor envergadura. La aprobación no necesariamente debe salir de la mano de un ministro”.

A esos elementos que restan deseos en los inversionistas para establecerse en la Mayor de las Antillas, se suma el clima macroeconómico cubano, donde se crece a tasas por debajo del 1 por ciento. Asimismo hay otros males endémicos: doble moneda, restricciones en la contratación directa y un mercado interno muy pequeño, enumera Pérez Villanueva.

Seducidos por la industria del ocio

La nueva cartera de oportunidades de Cuba posee 395 propuestas, de ellas 111 se promueven en el sector del turismo, actualmente el de mayor dinamismo de la economía nacional y su segunda fuente de divisas.

Según se refiere en la renovada carpeta, en el 2015 la llamada industria del ocio fue la rama más atractiva para los inversionistas extranjeros, mientras que los contratos de administración hotelera ocuparon un lugar importante entre las modalidades preferidas para el establecimiento de los proyectos.

De acuerdo con Yuslenia Saumell, directora de Negocios del Ministerio de Turismo (MINTUR), desde la puesta en vigor de la Ley 118 se han aprobado 40 convenios de administración y comercialización hotelera, y dos empresas mixtas para la construcción de inmobiliarias asociados a campos de golf.

“Es muy esperanzador que exista tanto interés en el turismo, y eso sucede porque hay más garantías de la rápida recuperación del monto invertido, con la excepción de los campos de golf, que es a muy largo plazo”, valora Pérez Villanueva.

Por ejemplo —argumenta— un parque de atracciones que se construya por la necesidad de incrementar los negocios extrahoteleros, enseguida que se termina comienza a dar ingresos.

Y si ventajoso es invertir en este sector cuando el país es visitado ya por más de tres millones de vacacionistas al año, quizá influya también el hecho de que los proyectos se autorizan sin transitar a altos niveles, como lo recuerda el entrevistado.

El régimen de aprobación de la inversión extranjera se establece en la Ley y recae en los órganos siguientes: Consejo de Estado, de Ministros y los Ministros del MINCEX y del MINTUR, de acuerdo con aclaraciones ofrecidas por funcionarios en un foro online.

La realidad confirma que no basta con promover un moderno marco legal, ni reiterar discursos de buena voluntad. Hace falta construir un camino realmente viable para los inversionistas, porque la atracción de capital extranjero en Cuba “no es un mal necesario, requerimos propiciar su desarrollo”, como sentenció el titular del MINCEX.

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One Response to Inversión extranjera en Cuba: urgencia frente a la espera

  1. Todo eso pasa porque el modelo centralizado de gestión de la economía que además está fuertemente politizado, ve fantasmas donde querrá y pretende jugar al capitalismo vestido de miliciano. Así no van a lograr nunca nada. Las necesidades del desarrollo industrial son tan grandes que no se fue pretender controlarlo todo. Si se abriera la inversión extranjera considerando no solo a compañías foráneas sino también al ciudadano cubano que quiera y pueda invertir en la economía del país reconociéndole su derecho a la propiedad, las cosas cambiarían rápidamente, pero como eso no se quiere, seguirá el país empantanado, atascado el el lodazal del inmovilismo que, al final, solo genera miseria moral y material.

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