Qué podría significar la presidencia de Donald Trump para Cuba

MIAMI, Florida. Para Chad Olin parecía la oportunidad perfecta: las décadas de animadversión entre Estados Unidos y Cuba se desmoronaban, abriendo por fin una frontera en el Caribe para los estadounidenses con dólares.

Olin, un graduado de la Escuela de Negocios de Harvard, de 30 años, dejó su carrera en patrimonios privados para incursionar en el mercado turístico de Cuba. Inició una empresa que organiza viajes legales a Cuba para millennials: un negocio que se hizo posible porque el presidente Obama amplió los viajes a la isla y extendió las licencias para que los estadounidenses hagan negocios en la isla.

¿Y ahora qué?, se pregunta Olin.

Durante su campaña, el presidente electo Donald Trump prometió dar marcha atrás a la distensión hacia Cuba, arremetiendo contra las “concesiones” hechas a su gobierno comunista y sugiriendo la posibilidad de que una de las iniciativas de política exterior más distintivas de Obama pudiera derrumbarse.

“Sigo tratando de pensar en lo que esto significa para el negocio al que le dediqué los dos últimos años, construyendo algo que sería perfecto en un mercado abierto”, dijo Olin desde Miami. “Si regresamos a como eran las cosas antes, no sé si seguiré teniendo un negocio. Es un gran golpe”.

Cientos de miles de personas han aprovechado la decisión de Obama de ampliar los permisos para los viajes y disminuir otras restricciones relativas a Cuba. Ahora hay más estadounidenses y migrantes cubanos que viajan a la isla, con lo que han ayudado a que la cantidad de visitantes extranjeros en el país haya aumentado casi un 12 por ciento en la primera mitad de 2016, según informó este mes el gobierno cubano.

Más cubanos reciben paquetes y transferencias de dinero. Hay un Four Points Sheraton en La Habana, y tres hoteles más están por abrir. Airbnb renta habitaciones privadas, y American Airlines está por comenzar sus vuelos directos a la Habana.

Para ellos (como para Olin) la pregunta crucial sigue siendo si Trump, un magnate de los bienes raíces y desarrollador hotelero, será en el fondo un hombre de negocios que permitirá que las medidas de Obama sigan adelante, o si mantendrá la promesa que hizo a un importante sector de votantes del sur de Florida y dé marcha atrás a todo, desde las relaciones diplomáticas hasta el ron y los puros ilimitados que Obama recientemente permitió que lleguen desde Cuba.

Una casa en La Habana. Durante la campaña presidencial, Donald Trump anunció que daría marcha atrás a algunas iniciativas que promueven los negocios con la isla. Foto: Ramón Espinosa/Associated Press.
Una casa en La Habana. Durante la campaña presidencial, Donald Trump anunció que daría marcha atrás a algunas iniciativas que promueven los negocios con la isla. Foto: Ramón Espinosa/Associated Press.

Una movida así por parte de Trump subrayaría la naturaleza cambiante de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, que durante mucho tiempo han dependido de quien ocupe la Oficina Oval.

“Muchos grupos importantes de inversionistas europeos me han pedido que lleve la ‘Magia de Trump’ a Cuba”, escribió Trump en un editorial de 1999 en el Miami Herald, que apoyaba el embargo comercial contra Cuba.

“Mi inversión en Cuba subsidiaría directamente la opresión del pueblo cubano”, dijo entonces. “Pero primero pierdo esos millones que el respeto por mí mismo”.

En otras ocasiones Trump ha sido un tanto impreciso frente al asunto. Durante las primarias, una y otra vez dijo que pensaba que retomar las relaciones diplomáticas con Cuba estaba “bien”, pero añadió que los estadounidenses y los cubanos no obtenían lo suficiente a cambio de ello.

Sin embargo, conforme las elecciones se acercaban, Trump fue siendo menos equívoco.

En marzo, dijo a CNN que “probablemente” mantendría las relaciones diplomáticas con Cuba, pero que querría “mucho mejores tratos de los que hemos hecho”.

Luego, este otoño, Trump adoptó una postura más dura.

“Todas las concesiones que Barack Obama ha otorgado al régimen de Castro fueron por orden ejecutiva, lo que significa que el próximo presidente puede revertirlas, y es lo que haré a menos que el régimen de Castro satisfaga nuestras demandas”, afirmó Trump en un evento de campaña en Miami. “No mis demandas. Nuestras demandas”.

Su vicepresidente electo, el gobernador de Indiana, Mike Pence, reafirmó esa aseveración en Twitter, al señalar que Trump repelería las órdenes ejecutivas de Obama a menos que haya “verdadera libertad política y religiosa”.

Cuando un reportero le preguntó si sus comentarios significaban que rompería las relaciones diplomáticas con Cuba, Trump sugirió que podría hacerlo, y señaló que quizá no nombraría a un embajador para Cuba.

“El acuerdo que firmó el presidente Obama es muy débil”, afirmó. “No obtenemos nada. Los cubanos no obtienen nada, y yo haría lo que fuera necesario para conseguir un buen acuerdo”.

Robert L. Muse, un abogado de Washington especializado en la ley de comercio entre Estados Unidos y Cuba, dijo que Trump parecía creer que Washington únicamente ha establecido un solo trato con Cuba, cuando en realidad hay varios acuerdos, que van desde el correo directo hasta el manejo de derrames petroleros.

Trump podría tomarlos uno a uno, eliminar los que le disgusten y mantener los otros. Sin embargo, Muse dijo que el gobierno estadounidense podría ser responsable en términos financieros si afectara a las empresas que han actuado de buena fe.

“Rescindir el mayor margen para viajar que Obama introdujo sería lo más trágico que Trump podría hacer, pero no creo que lo haga”, sostuvo Muse. “Ha invertido toda una vida en viajes, centros turísticos y servicios hoteleros, y se trata de una empresa mundial. Parece ir contra el sentido común.”

Algunos cubanos ven el discurso de derrota de Hillary Clinton desde una tienda de cigarros en el barrio Little Havana de Miami. Foto: Lynne Sladky/Associated Press.
Algunos cubanos ven el discurso de derrota de Hillary Clinton desde una tienda de cigarros en el barrio Little Havana de Miami. Foto: Lynne Sladky/Associated Press.

¿Qué más podría hacer Trump?

Cambiar las reglas para los viajes: El turismo hacia Cuba todavía es ilegal como parte del embargo, pero el presidente Bill Clinton fue el primero en permitir excursiones de “persona a persona” que dejaban a los viajeros ir si, por ejemplo, tenían propósitos educativos o religiosos. El presidente George W. Bush las echó por tierra, y luego Obama las amplió de manera que los viajeros ya no necesitaban un permiso especial primero.

Con Bush, un cubano-estadounidense podía visitar Cuba una vez cada tres años. Ahora es ilimitado.

Terminar con los viajes comerciales programados regularmente a Cuba: Cuba y Estados Unidos acordaron permitir hasta 90 viajes redondos diarios entre los dos países, según el Departamento de Transporte.

Southwest lanzó su servicio apenas el domingo pasado, y American Airlines tiene programado iniciar sus vuelos a La Habana el 28 de noviembre.

“Vamos muy adelantados y no podemos especular sobre posibles cambios a futuro”, dijo Martha Pantin, una vocera de American Airlines.

Echar por tierra la política “Pies mojados, pies secos”: Cuando decenas de miles de cubanos se lanzaron al mar en 1994, Clinton cambió la política para que cualquiera que fuera atrapado en el océano fuera regresado. Sin embargo, decenas de miles de cubanos siguen emigrando de todas formas a Estados Unidos, pues si tocan tierra ya pueden quedarse. Muchos han recorrido a pie el continente americano para alcanzar la frontera sur.

“Una de las maneras principales en que Trump considera la política exterior es a través del asunto de la migración”, dijo Phil Peters, experto en Cuba que ahora trabaja como consultor para empresas estadounidenses que buscan hacer negocios allá. “Cuando se trate de Cuba, verá un país de donde viene mucha migración ilegal hacia Estados Unidos”.

Cambiar las reglas que permiten a empresas como Airbnb y Marriott trabajar en Cuba: Puede hacerlo. Sin embargo, si es un desarrollador de corazón, ¿lo hará?

John. S. Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial de EE. UU.–Cuba, afirmó que en la década de los noventa la empresa de Trump lo consultó acerca de la logística de los negocios en Cuba. Newsweek informó que los hoteles y casinos de Trump pagaron por lo menos 68.000 dólares a una empresa de consultoría a finales de 1998 para que fuera a Cuba en nombre de la compañía, violando el embargo comercial de Estados Unidos.

Mauricio Claver-Carone, fundador de un comité de acción política que apoya el embargo comercial, afirmó que Trump parecía realmente conmovido por algunas historias de violaciones a los derechos humanos en Cuba, por lo que “hizo un compromiso” con la comunidad cubano-estadounidense que quizá cumpla.

Lo más seguro es que rechace las órdenes “en franca falta de coincidencia con las leyes de EE. UU.”, señaló Claver-Caron, como permitir inversiones con empresas que dirige el ejército cubano (la industria hotelera cubana es operada por las fuerzas armadas).

Trump también podría anular una iniciativa realizada a finales de octubre que amplió el grupo de autoridades cubanas que pueden recibir efectivo y realizar transacciones bancarias con estadounidenses, dijo.

El equipo de transición de Trump y sus voceros de campaña no respondieron a una solicitud de comentarios.

Sin embargo, en Cuba muchas personas entrevistadas dijeron que los cambios que hizo Obama no habían llegado aún a las personas. Algunas sintieron que la expansión de oportunidades comerciales había ayudado al gobierno de Castro, no al pueblo, por lo que en general estaban contentos con la idea de que Trump sea presidente.

Roberto Peñalber, de 34 años, dijo que muchos cubanos se sentían forzados a huir durante el gobierno de Obama, pues temían que rescindiera el trato preferencial de migración para los cubanos.

“Ahora ya no tenemos que preocuparnos por eso”, dijo. “Quizá Trump pueda hacer mejores tratos que Hillary. Ella es más comunista que él. Esa puede ser la razón por la que Estados Unidos votó por Trump”.

Foto de portada: El malecón de La Habana la semana pasada. Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba han sido cambiantes durante décadas, pues suelen depender de quién está en la Casa Blanca / Ramón Espinosa/Associated Press.

(*) Hannah Berkeley Cohen colaboró con este reportaje desde La Habana.

(Tomado de The New York Times)

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