SANCTI SPÍRITUS. Si el artista de la plástica Wilfredo Prieto, uno de los más reconocidos talentos cubanos del arte contemporáneo, lleva cuatro años intentando emplazar una pieza en su comunidad natal, Zaza del Medio, no es por el mito de que nadie es profeta en su tierra, sino por la propia naturaleza de la obra: una carretera de más de 2 000 metros y cuatro vías de circulación que, sin embargo, no conecta a ningún pueblo ni lleva a ninguna parte.

Viaje infinito se llama la escultura ambiental, inscrita en la corriente mundialmente conocida como Land Art y que, según el autor, viene funcionando como una autopista a escala real que no tiene principio ni fin.

“Si bien una carretera es una vía de dominio y uso público, proyectada y construida para la  circulación de vehículos de transporte, Viaje infinito invierte su tradicional sentido —argumenta Prieto en la fundamentación teórica de la obra—. Más que un emplazamiento espacial, este vial denota un ciclo, enuncia esos sucesos periódicos, habituales, recurrentes en las relaciones de la sociedad contemporánea. En un participar casi performático, el espectador asume un paseo enajenante, abstraído por un contorno vicioso. De algún modo, alude al retorno inconsciente del individuo, sumiéndolo al mismo tiempo en el absurdo y la inverosimilitud”.

Como obra de arte, los más reconocidos críticos y curadores han dado su visto bueno a esta especie de ocho monumental cuyos referentes más cercanos están emplazados en Estados Unidos y Europa. Pero —en el arte contemporáneo siempre hay un pero—, no es lo mismo plantar una isla en forma de cruz en un embalse de Holanda, que una autopista insólita en un matorral del centro de la isla, donde no es precisamente asfalto lo que sobra.

“El artista corre con todos los gastos”, ha venido repitiendo Yoel Pérez González, representante de Wilfredo Prieto para este proyecto en específico, frente a cada una de las puertas que ha tocado: gobierno municipal de Taguasco, gobierno provincial de Sancti Spíritus, direcciones de Cultura…

Sin embargo, no se trata solo de que el artista pague de su bolsillo los costos de la pieza; se trata —y en ese punto eclosiona la polémica— de que con los recursos destinados a ejecutar la obra se podrían mejorar algunas de las carreteras, no todas en buen estado, emplazadas en varios kilómetros a la redonda.

Al principio, la vox populi manejó un amplio espectro de opiniones que iban desde el apoyo incondicional por haber visto corretear en el barrio a Wilfredo Prieto, hasta la negación de barricada porque “cómo vamos a gastar lo poco que tenemos en satisfacerle un capricho a ese muchachito”. De todo como en botica.

Al estira y encoge que se armó en aquel momento y a la mediación de las autoridades locales, que insistieron en el uso social de la obra, se debe en buena medida el rumbo que tomó Viaje infinito poco tiempo después, al punto en que la escultura ambiental dejó de ser una prueba de fuerza y excentricidad para convertirse en el eje de un proyecto de desarrollo local que, gestado en la comunidad, terminara por favorecerla.

En ello insiste Yaumara Cardoso, vicepresidenta de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Taguasco, quien defiende con vehemencia la posibilidad de que el territorio cuente con una pieza de arte contemporáneo y, a la vez, con un espacio polifuncional que contribuya a aliviar otras necesidades de recreación, fomento de una cultura ambiental, de apreciación artística y, por supuesto, que genere ingresos.

“Está concebido como un gran parque al que la gente irá a ver la obra, a recorrerla, y también a disfrutar de la vegetación, de los servicios de un ranchón-cafetería, expo-venta de plantas y obras de los artistas del Fondo Cubano de Bienes Culturales, así como las opciones que puedan ir surgiendo —acota Yoel Pérez—; todo ello con una plantilla de apenas dos personas y los demás servicios serán gestionados por el sector no estatal, con lo cual se generarán oportunidades de empleo”.

El nuevo enfoque, más atemperado a las necesidades reales de Zaza del Medio —aunque tampoco a las más perentorias—, ya ha saltado las talanqueras de conformidad más importantes: las del gobierno municipal de Taguasco y las del Consejo de la Administración Provincial de Sancti Spíritus, que por acuerdo No. 71 de 2015 decidió “aprobar el proyecto de iniciativa municipal para el desarrollo local Viaje infinito”.

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Maqueta de la obra Viaje infinito.

Sin embargo, ni la constancia expresa del gobierno provincial ni el apoyo permanente del Ministerio de Cultura, que envía cartas, resoluciones y tras bambalinas intenta abrir puertas, han conseguido agilizar las gestiones, básicamente, según Pérez González, por la falta de una legislación específica que norme cómo deben proceder los proyectos de esta índole.

“Nosotros hemos tenido que buscar referentes empíricos, documentarnos con experiencias que ya están funcionando con buenos resultados como la Casa de la Guayabera —ilustra—, porque solo contamos con una metodología que deja muchos cabos sueltos y, como es lógico, los funcionarios lo piensan mucho cuando tienen que lidiar con lo nuevo”.

En este momento, por ejemplo, Viaje infinito aguarda por los terrenos, 52 hectáreas cundidas de marabú que hoy se encuentran bajo la jurisdicción de Azcuba y deberán pasar al patronato de Cultura municipal; entonces y solo entonces podrá comenzar a moverse el primer centímetro de tierra.

Que el proyecto de desarrollo local de interés sociocultural, agroecológico y forestal, como tuvieron a bien nombrarlo, consiga generar ingresos para la comunidad, articular lógicas de creación de riquezas al interior de Zaza del Medio y demostrar la factibilidad que le han augurado en papeles, dependerá en buena medida —y el artista lo sabe mejor que nadie— del acabado de la obra y la posterior promoción, sobre todo fuera de fronteras.

De lo contrario, tamaña inversión pudiera quedarse en una simple cafetería al costado de la autopista, una más, que no es ni remotamente lo que necesita Zaza del Medio, ni lo que persigue Wilfredo Prieto.

De hecho, sus propósitos él los ha plasmado siempre en blanco y negro: “El proyecto concibe la creación de un espacio cultural de referencia en Cuba (…). El área donde se ubicará la obra se cualificará como parque natural a partir del cual se promoverán proyectos artísticos y, en consecuencia, favorecerá el aumento del turismo cultural hacia Cuba y, más concretamente, hacia la provincia espirituana”.

Lo cierto es que, cuando ya el artista lo creía terminado, su viaje al infinito ahora es que comienza.

Imagen de portada: Viaje infinito en el lienzo de José Perdomo, paisajista y hermano de Wilfredo Prieto.

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