LAS TUNAS. Hace 40 años el problema de producir azúcar en Cuba pareció ser una limitada capacidad industrial, a juzgar por las opiniones de algunos analistas sobre el fracaso de la Zafra de los 10 millones en 1970. Hoy la ecuación se habría invertido porque no hay caña para aprovechar los precios atractivos del dulce y las oportunidades adicionales de ingresos de una planta de la cual puede aprovecharse prácticamente todo.

De lo sublime a lo ridículo

Antes de 1959 la caña crecía en Cuba en 2,6 millones de hectáreas pero, advierte el economista Armando Nova, era por regla general bajo métodos extensivos pues anualmente se dejaban de cortar entre 335 mil y 400 mil hectáreas.

En las décadas posteriores el Gobierno Revolucionario potenció la agroindustria azucarera incentivado por la inserción del país en el mercado de los antiguos países socialistas. Aunque la tierra dedicada a ese cultivo  se mantuvo por debajo de las cifras de la primera mitad del siglo sí se elevaron significativamente los rendimientos: o sea la cantidad de caña obtenida en una hectárea. El máximo ocurrió en 1989 cuando se alcanzaron las 60 toneladas por la mencionada unidad de superficie.

Muchos recuerdan esa etapa como los años dorados. Según los datos de la CEPAL  el empeño por humanizar uno de los trabajos más duros en la agricultura resultó en que  a finales de la década de los 80 Cuba tuviera los más altos niveles de mecanización en la actividad cañera y significativos grados de utilización de agroquímicos en las labores de cultivo: alrededor de 200 kilogramos (kg) de nutrientes equivalentes a 400 kg de fertilizantes por hectárea.

Sin embargo de golpe y porrazo la agricultura azucarera cubana cayó en la más aguda crisis de su historia al esfumarse su principal mercado de exportación y de fuente de piezas de repuestos, combustible y otros insumos no menos importantes como fertilizantes y pesticidas. Todo gracias a la abrupta implosión de los regímenes socialistas del Este de Europa; a lo que se unió el recrudecimiento de las medidas de cerco económico que mantenían los Estados Unidos desde mediados de los 60 combinado con un descenso de los precios del azúcar en el mercado internacional. De hecho entre 1990 y 2001, la superficie sembrada de caña en Cuba  descendió en un 28 por ciento y los rendimientos más todavía: 39 por ciento.

rendimientos_cana_actulizadaEsas condiciones comprometieron al extremo la capacidad productiva de los centrales y sobrevinieron los recortes. El cierre definitivo de varias industrias se acompañó con que 62 de cada 100 hectáreas otrora reservadas a la caña serían ahora dedicadas a otros cultivos o la ganadería, mientras se establecía como una prioridad que en el área restante el rendimiento agrícola, como mínimo debía ser de 54 toneladas por hectárea (ton/ha).

Desde el punto de vista organizativo el Estado tomó nota de que históricamente el sector no estatal había tenido mejores resultados productivos y la mayoría de las granjas estatales se transformaron en Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) con el propósito de incentivar a los trabajadores con mayores salarios pues estos estarían ligados a sus resultados productivos.

Dos décadas después las UBPC, que continuaban sin hacer total honor a su nombre, y otras como las de créditos y servicios (CCS) y las de producción agropecuaria (CPA) son hoy la fuente abastecedora de los centrales cubanos aseguró Federico Sulroca Domínguez, especialista principal del grupo empresarial Azcuba. No obstante Sulroca admitió que estas se han desenvuelto en un entorno desfavorable.

Especialmente en medio de precios de compra de la caña por las empresas azucareras que hacían a este un cultivo irrentable. Entonces el Estado colocó esas cotizaciones en un mínimo de 95 pesos (CUP) la tonelada equivalente a 3,8 dólares (USD)-; pero si el azúcar en el mercado internacional supera los 0.20 dólares por libra, como ahora, esa misma tonelada se paga a 104 pesos (CUP), unos 4,16 USD.

Objeta  Armando Nova que aún los productores no reciben lo suficiente a sabiendas de que la parte agrícola es el 70 por ciento del costo de producción del azúcar; y “si no hay caña no se puede producir los productos finales e intermedios”, dice.

“Frecuentemente los productores (cañeros) registran costos elevados injustificadamente, como resultado de una combinación no adecuada de los factores productivos, así como gastos en exceso de materias primas. También, esto se debe a la falta de aprovechamiento de la jornada laboral, de la maquinaría agrícola, a bajos rendimientos industriales, en ocasiones por causas o decisiones ajenas al productor”, indica Nova.

Contradicción latente

Tanto el discurso político oficial como el tecnocrático coinciden en las amplias posibilidades económicas de la caña de azúcar para una isla como Cuba, de suelos de baja fertilidad y sometida a eventos climatológicos extremos.

50_ha_de_canaPero todas esas aspiraciones pasan por un asunto crítico: mientras no se eleven los actuales rendimientos cañeros muy poco se podrá hacer. Curiosamente varios estudios realizados en los centros de investigación domésticos corroboran que incluso en las condiciones cubanas es posible alcanzar el promedio mundial en el rendimiento que ronda las 65 toneladas de caña por hectárea; sin embargo en las zafras anteriores la media nacional todavía dista de esos números.

Después del VI Congreso del Partido, Cuba se trazó metas claras en este sentido y a la mencionada alza de los precios de compra de la caña, agregó  incentivos crediticios para las cooperativas cañeras y la paulatina modernización del parque automotor destinado a las labores de siembra y cultivo, de manera que estas mantengan su propia dinámica de trabajo independientemente de los requerimientos de la zafra.

Paralelamente se extendió el uso de novedosas sustancias como el Fitomás, de producción nacional con probadas cualidades estimuladoras del crecimiento de la caña y mucho más barato que sus homólogos importados. Por otro lado la renovación del parque de maquinarias está permitiendo el regreso de técnicas de cultivo profundo y la aplicación de otras como la siembra de base ancha que duplican los rendimientos. Empero no acaba de ocurrir el añorado despegue de los rendimientos que haga valer las inversiones en la agricultura cañera y mucho menos en la industria.

Camagüey, la provincia con el mayor volumen de caña a sembrar este año no llegará a plantar todas las áreas planificadas, aunque el ingeniero Jorge Batueca Martínez, director de caña de Azcuba en ese territorio mostrara su mejor cara asegurando que en el 2016 alcanzarían un promedio de 43 toneladas por hectárea.

Mientras, estudios en el terreno dan cuenta de las deficiencias en la preparación de la fuerza de trabajo y enfáticamente de los directivos. La directora de una cooperativa en la provincia de Mayabeque lo planteaba en términos sencillos: “Hay que ser disciplinados con la preparación de los suelos, la siembra y escoger la semilla que se dé en nuestras tierras, acorde a sus condiciones”, dijo con la autoridad de quien había logrado ¡92,6 toneladas por hectárea!, números que suenan a ciencia ficción frente a las aspiraciones nacionales de llegar a las 60 toneladas en el 2020.

Contrario a la mayoría de las voces que sugieren un énfasis en el uso intensivo de las tierras en este minuto dedicadas a la caña, Federico Sulroca Domínguez considera que es muy temprano todavía. Él sugiere que, “tener un área con caña mucho mayor que la planificada por el modelo actual facilitaría enfrentar la caída de los rendimientos por los fenómenos climáticos extremos y garantizaría, cuando sea necesario, aumentar el área a cosechar para estabilizar los niveles de producción, práctica que tradicionalmente se realizaba en Cuba”

La caña dicen todos los que saben puede darle mucho dinero a Cuba sin embargo mientras no crezcan las suficientes en los campos ese propósito continuará siendo una ocasión en espera, nada más que eso.

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