Llamativo cambio: Latin Builders Association apoya a Hillary

LA HABANA. Al parecer, la expresión “cosas veredes amigo Sancho”, es apócrifa, porque Cervantes nunca la menciona en El Quijote. Sin embargo, para el caso es lo mismo, ya que en buen cubano quiere decir ¡lo que hay que ver!, y esa es la sensación que despierta el reciente respaldo de la Latin Builders Association (LBA) a Hillary Clinton.

El surgimiento de esta “asociación de constructores latinos”, más bien cubanos, está relacionada con la consolidación del mercado étnico de Miami y el lógico interés de los empresarios cubanoamericanos en la política local.

En particular la rama de la construcción depende de permisos, regulaciones y  contratos que deciden las autoridades administrativas de cada localidad, por lo que influir en su elección y funcionamiento es una “necesidad” de estas empresas. La LBA ha sido pródiga en contribuciones y presiones para alcanzar este objetivo.

Sin pretender absurdas generalizaciones, es un dato histórico que el origen de muchos de estos negocios se vincula con las inversiones que realizó la CIA en el área durante la década de 1960 y, posteriormente, con el lavado de dinero resultante del tráfico de drogas. También que fueron una fuente de financiamiento para los grupos terroristas cubanos y buena parte de ellos estuvieron entre los fundadores de la Fundación Nacional Cubano Americana en 1981.

El propio Jorge Mas Canosa era uno de sus miembros y algunos de sus negocios locales resultaron motivo de escándalo público. No obstante, gracias a su gestión y sus vínculos con el gobierno norteamericano, la influencia de esta asociación, y del empresariado cubanoamericano en general, llegó a alcanzar un protagonismo político inusitado a escala local y nacional.

Se puede afirmar que la LBA se encuentra entre las principales bases de la maquinaria política de la extrema derecha cubanoamericana y ha sido exponente de uno de los sectores más recalcitrantes de la política contra Cuba, no solo por la ideología de sus miembros, sino porque la hostilidad era funcional a los sectores de poder norteamericanos. Esto precisamente es lo que cambiado.

El apoyo a Clinton, que cambia la matriz republicana histórica de esta organización, sin duda refleja el equilibrio político norteamericano y las perspectivas respecto a las próximas elecciones. Pero más importante aún para estas personas, son los cambios que se aprecian en la base electoral cubanoamericana, donde reviste una importancia especial la política hacia Cuba.

Difícilmente en las elecciones que se avecinan se producirán cambios en la representación del electorado cubanoamericano a diversos niveles, esto se debe a la tendencia a la abstención como resultado del desprestigio generalizado de los políticos; a las festinadas estructuras diseñadas para los distritos congresionales; a la aún más escasa participación de los votantes para cargos a escala municipal y regional, así como a que los cambios de actitudes políticas en la comunidad cubanoamericana que reflejan las encuestas, aún no cuentan con estructuras políticas que las representen.

Pero las señales están ahí y el empresariado cubanoamericano las percibe claramente.

Ya la mayoría de los grandes capitales, cuyos intereses trascienden el espacio del enclave y se vinculan con las principales empresas norteamericanas, abandonaron el barco de la confrontación, para sumarse a la búsqueda de opciones de negocios con Cuba.

A escala nacional el famoso “lobby cubanoamericano” pierde espacio y relevancia, mientras sus contrarios, muchos de los cuales otrora fueron sus aliados, se suman a los esfuerzos encaminados a apoyar la nueva política hacia Cuba.

Salvo los más vociferantes que no tienen otra alternativa, el tema de la hostilidad contra Cuba, que antes encabezaba el discurso electoral para aspirar a cualquier cargo en Miami, ha perdido protagonismo y no debemos extrañarnos si pronto vemos a algunos políticos locales hablando a favor de la normalización de las relaciones y la “concordia entre cubanos”.

Quizás la LBA no llegue a tanto y su apoyo a Clinton incluya la “salvedad” de su no respaldo a sus posiciones respecto a Cuba. Pero entonces se impone la pregunta de por qué la apoya, toda vez que su agenda liberal se contradice con todo lo que han respaldado hasta ahora.

La respuesta está en Miami, algunos dicen que su apoyo será determinante para que Clinton logre el voto cubanoamericano y quizás ella se lo crea, pero la ecuación hay que plantearla al revés, el objetivo es evitar enajenarse una base política que ahora avanza hacia otro lado.

También los inspira el interés de montarse en el carro de los potenciales negocios con Cuba, por lo que entre las “cosas que veremos” no se descarta que quieran invertir en Cuba, si ya algunos no lo están haciendo a través de familiares y amigos.

Todo indica que el apoyo a Clinton es un primer paso hacia la “conversión” que les impone las circunstancias. En definitiva, “business is business”, y la Latin Builders Association sabe bien de eso.

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