“La actualización del modelo económico también pasa por poner sobre sus pies a la aritmética”: así se publicó en el diario Juventud Rebelde al informar a inicios de 2011 que los estados financieros de las unidades presupuestas cubanas, primero y después de las entidades empresariales, serían incluidos en el sistema estadístico nacional.

“Se tiene la impresión de que en Cuba se sabe todo. Que si un alpiste se mueve de un saco a otro, se está al tanto. Pero a veces te pueden mudar un elefante rosado de la Punta de Maisí al Cabo de San Antonio y pocos saben por qué se hizo y mucho menos cuánto costó”, comentó el rotativo.

En el último quinquenio la mayor de las Antillas se esforzó por compatibilizar sus engranajes de recolección de datos estadísticos. Hoy, por ejemplo, en los modelos de balances financieros 5924 y 5926 las unidades productivas y de servicios testimonian sobre su productividad y el salario medio de sus trabajadores; datos que son suministrados a la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en el modelo 5202. Pero ¿están al alcance de la ciudadanía esas cifras?

Más, y menos…

En 2011 las transformaciones legislativas en lo concerniente al sistema estadístico eran  ya impostergables, tal como admitieron las propias autoridades de la Isla, pues, afirmando que tanto la complejización de los procesos de dirección y, especialmente, el impacto de las nuevas tecnologías de la infocomunicación aconsejaban “revisar las concepciones en torno a la gestión de la información, e integrar los correspondientes sistemas informativos del Gobierno”.

El Decreto Ley 281 le reiteró a la ahora llamada Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) la función de “centralizar, emitir y proteger la estadística oficial del país, garantizando la unicidad e incluyendo los sectores estatal, mixto, cooperativo y privado, así como la información de interés nacional”.

Cuatro años después la investigadora Sulema Rodríguez Roche advertía que “el acceso abierto a las estadísticas oficiales proporciona a la ciudadanía algo más que una fotografía de la sociedad, solamente”. “Le ofrece, indicaba, una ventana sobre el trabajo y desempeño del gobierno, a la vez que muestra el nivel de actividad de este en las áreas de atención pública, permite calcular el impacto de las políticas y de acciones de la administración”.

Sin embargo en su análisis la profesora de la Universidad de La Habana concluyó que el principal mecanismo de acceso de los cubanos a las estadísticas oficiales: la página web de la ONEI no estaba a la altura de los requerimientos del público. Desde su punto de vista el mayor problema, por las consecuencias, era el ritmo de su actualización.

Rodríguez Roche observó que para las estadísticas generales del año anterior los meses donde las mismas suelen publicarse son abril y mayo; mientras que las sectoriales, generalmente ven la luz en septiembre y octubre. “Esto, explicó, tiene un impacto no necesariamente positivo porque si bien mantiene la precisión, se pierde el sentido de la oportunidad. Además, se generan discrepancias entre las informaciones publicadas por la institución y las publicadas en los medios de comunicación, porque la actualización del servicio en el sitio web es bastante más espaciada que la frecuencia de uso en informaciones periodísticas”.

Serían los profesores Marilé Lemus Martínez, Yordanis García Leiva, Camilo Fonseca Camejo y Bárbara Almarales Lara quienes señalarían las causas de las demoras advertidas por su colega de la UH. Al evaluar cómo se publica los documentos más amplios que la ONEI coloca en su sitio web, los Anuarios Estadísticos, consideraron extenso el tiempo de confección, edición y visualización de este porque “se deben copiar uno a uno los archivos que contienen la información de cada capítulo en un directorio FTP (Protocolo de Transferencia de Archivos, por sus siglas en inglés) hasta que concluya el año y quede lista para su divulgación”.

El equipo de la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) explicó que para la visualización de los Anuarios en su totalidad o de algunos de sus capítulos, es preciso descargar los archivos, práctica que “puede resultar tediosa en la mayoría de los casos, pues no existe una vía para obtener todas las tablas estadísticas a la vez”. Además, señalaron, la ONEI no ofrece un mecanismo de búsqueda  expedito para llegar a los contenidos deseados debido a que, a menudo estos desconocen la estructura y/o los datos en este recogidos.

Tampoco la Oficina tiene una base de datos con los Anuarios, apenas los  archivos digitales de estos correspondientes a los últimos tres años. Eso, indicaron, imposibilita “atender, de cierta forma, las demandas de los usuarios cuando solicitan una información publicada en fechas anteriores”. Otro requerimiento imposible de satisfacer con la plataforma actual, apuntaron, era el relacionado con mostrar a quien así lo necesite el comportamiento ya bien a nacional o de zonas específicas de indicadores previamente definidos.

La oportunidad sigue a la espera

Las evaluaciones hechas por los expertos de la UCI se hicieron como parte de un esfuerzo del Centro de Gobierno Electrónico de la institución universitaria para mejorar la deficiente gestión de los Anuarios Estadísticos de la ONEI y por consiguiente mejorar “la integridad de los datos, la usabilidad del servicio y la agilidad en el desarrollo del proceso”.

En su ponencia ellos afirman haber creado un Sistema para la Informatización de la Gestión de Anuarios Estadísticos en la ONEI que solucionaría los problemas señalados aunque reconocieron que su labor estaría incompleta si no se agregaban “nuevas funcionalidades al sistema de forma tal que permitan la confección de las tablas estadísticas sin hacer uso de Microsoft Excel para ello; así como adicionar otras funcionalidades al módulo reportes estadísticos, permitiendo, de esta forma, graficar la comparación establecida entre diferentes Anuarios”. Sin embargo hasta el momento no hay evidencias de que algunas de esas mejoras se hayan puesto en práctica.

Víctor Cosca Domínguez, jefe del Departamento de difusión nacional de la ONEI tras  insistir en el carácter público de la información colectada por la institución, aclaró que la plataforma web no era la única vía a través de la cual la ciudadanía podía consultar la información disponible.

También pueden hacerlo, dijo, desde la sala interactiva existente en la sede central o en los centros de atención de las oficinas territoriales. Igualmente adelantó que se agregarían otras opciones para lograr mayor interacción con la población. En las bibliotecas públicas  ya pueden consultarse las publicaciones de la Oficina, pero no puede decirse lo mismo del anunciado acceso directo desde los Joven Club de Computación, inmuebles adscritos al Ministerio de Comunicaciones y que desde todos los municipios del país promueven el uso y cocimiento populares sobre la informática.

¿Y que si alguien quiere una información no incluida en las publicaciones o peor, digamos un indicador “no seleccionado”?

Al respecto los funcionarios de la ONEI, aseguraron que para lo primero la espera no deberá ser tan larga. Si el requerimiento implica captar nuevos indicadores, Vania Latour Morales al frente del centro de documentación de la ONEI explicó que el solicitante debe  “llenar una planilla, con el fin de que la Oficina consulte si la información solicitada está o no disponible. En caso negativo nos encargamos de encauzar al solicitante, de informarle hacia dónde puede dirigirse para acceder a su solicitud”. No obstante no dieron detalles de qué datos debe plasmar el solicitante en la planilla o el lapso mínimo o máximo que tomará la espera o de sí hay garantía de que el requerimiento será satisfecho.

A pesar de las acciones concretas el sistema estadístico cubano parecer estar enfocado más en las necesidades del Estado, que son muchas por el rol preponderante en la economía nacional, pero sigue dejando a investigadores y a población en general como un clientes de segundo orden.

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