Producir azúcar tiene mucho en común con hacer un buen doble play en el béisbol. Si un par de jugadores tienen que coordinar sus movimientos para dejar “out” a dos corredores contrarios en una misma jugada, similar sincronización se requiere entre agricultura e industria para extraerle toda la sacarosa a la gramínea. En la temporada azucarera 2015-2016 solo dos provincias cubanas, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila, lograron concretar sus propias jugadas de doble play azucarero que, venido el caso, sería cumplir sus respectivos planes de producción del dulce.

El pasado 26 de julio el vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, José Ramón Machado Ventura, indicó que éxitos similares a los de espirituanos y avileños no abundan en el país. Él ha recorrido varias provincias enfocado específicamente en los asuntos azucareros. Durante sus intercambios con agricultores, técnicos y dirigentes empresariales del sector el vicepresidente cubano ha dicho que continuará la modernización de los ingenios (las fábricas moledoras de la caña) y del equipamiento de cultivo y riego de las plantaciones. “Es preciso crear el compromiso de que esto impactará en el incremento del rendimiento cañero, en el aumento de las áreas sembradas y en el aprovechamiento industrial de los centrales”, indicaba en enero de 2015 desde el oriente de la Isla.

Responsabilidades compartidas, culpas también

En la zafra 2015-2016 Cuba se quedó un 20 por ciento por debajo del azúcar programado a obtener. En primera instancia los directivos de Grupo Empresarial AZCUBA, responsabilizaron a quien le toca el primer paso de la jugada: la parte agrícola. Los 50 centrales que molieron lo hicieron con el 95 por ciento de la materia prima estimada inicialmente. La sequía, cuando se suponía que debía llover, y las precipitaciones, cuando lo natural era el frío y seco invierno, dijeron, causaron el 71 por ciento de las pérdidas al afectar al contenido de azúcar de la caña y por ende a la eficiencia de los centrales.

Sin embargo los casos de Sancti Spíritus y Ciego de Ávila son ilustrativos de que todos los análisis no pueden terminar mirando a las nubes, pues ambas provincias llevan varios años completando sus cotas productivas que per cápita siempre superan las 100 mil toneladas.

Ambos territorios sufrieron similares adversidades climáticas que el resto del país pero, como valoró la prensa local espirituana al resumir la zafra allí, hubo “materia prima suficiente para moler sin mayores sobresaltos y una infraestructura admirada a lo largo y ancho de la Isla, capaz de reducir a menos del 10 por ciento el tiempo industrial perdido”. Desde Ciego de Ávila, el ingeniero Miguel Lima Villar, especialista de la Empresa Azucarera local, hacía notar que la cohesión de los agroazucareros hizo posible que tres de los cuatro centrales avileños se mantuvieran a la cabeza a nivel nacional en términos de eficiencia fabril.

No ha ocurrido igual con otros bateadores de poder dentro del equipo azucarero cubano: las provincias de Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Las Tunas y Granma, sobre cuyos hombros descansa la responsabilidad extraer cantidades significativas de azúcar. Todas han tenido desempeños erráticos de una temporada a otra, la 2015-2016 no fue la excepción. Los villaclareños planificaron hacer 250 mil toneladas y no superaron siquiera lo alcanzado en la cosecha 2014–2015; y Las Tunas, que venía de detener una larga racha adversa de incumplimientos, esta vez no llegó a las 185 mil toneladas previstas.

De fuente mayor a minoritaria

La ruptura de las relaciones comerciales preferenciales con Europa Oriental hasta 1991, dejaron a Cuba sin los compradores tradicionales de su azúcar; al mismo tiempo las cotizaciones en el mercado abierto cayeron a niveles mínimos (en 2002 hasta los 5,75 centavos la libra). El dulce perdió protagonismo como fuente de ingresos en moneda dura en favor del turismo y los servicios de los profesionales cubanos en el exterior.

Ante esa realidad el Estado cubano reestructuró completamente la agroindustria azucarera que entonces acaparaba dos millones de hectáreas de la tierra cultivable y 450 mil trabajadores. La política definida en 2002 colocó en primer orden la eficiencia frente a la idea de producir a cualquier costo que caracterizó la década de los 90.

Se redujo a un potencial máximo de cuatro millones de toneladas la producción anual bajo parámetros de rendimientos y costos inamovibles. También 71 de los 156 centrales azucareros existentes fueron desmantelados completamente con repercusiones culturales y sociales sin precedentes, a pesar de los esfuerzos gubernamentales por mitigar en lo posible el impacto. Otras 70 fábricas sí se mantuvieron como productoras de azúcar y 14 se dedicaron a los derivados.

Más tarde los precios comenzaron a recuperarse, incluso en 2009 llegaron a subir un 90 por ciento en tan solo cuatro meses. Ese año la industria cubana del azúcar tocó fondo al registrar su peor cosecha en un siglo: 1,1 millones de toneladas. De hecho de 2005 a la fecha Cuba no ha sobrepasado la barrera de los dos millones.

zafras-cubanasLa recuperación de las cotizaciones le hizo ganar opciones al azúcar como aportadora de ingresos para el país, además de satisfacer un consumo interno que ronda las 700 mil toneladas anuales. En consecuencia, a partir de 2011 el gobierno cubano incentivó tanto el cultivo de la caña como la producción de azúcar.

El precio de compra de la tonelada de caña por las industrias se situó en 104 pesos (4.25 dólares) con el propósito de estimular a las cooperativas y los nuevos usufructuarios a cultivarla, al tiempo que se renegoció las deudas de los cultivadores. Paralelamente se aplicaron sistemas de pago por resultados que elevaron los salarios de los trabajadores y continuaron las inversiones para la modernización de la tecnología de transporte y producción a sabiendas de que ya el 93 por ciento del corte de caña es mecanizado.

El sector se abrió cautelosamente a la inversión extranjera. En 2012 el grupo Odebrecht firmó un contrato para administrar de manera conjunta por 13 años el central 5 de septiembre de Cienfuegos. AZCUBA, también pactó con inglesa Havana Energy, la creación de una planta generadora de electricidad alimentada con biomasa, en áreas del central Ciro Redondo, en Ciego de Ávila.

Analistas como Armando Nova González, están convencidos de que la agroindustria cañera cubana se ha ido recuperando tras la reestructuración masiva de 2002. Él señala que las mayores potencialidades de esta sobrepasan la producción tradicional de azúcar cuyos precios son favorables en el mercado mundial. La agroindustria cañera, dice, potencialmente puede proporcionar (a Cuba) ingresos brutos superiores a los 4.1 mil millones de dólares y cubrir alrededor del 38 por cuento del consumo actual de energía.

Según el profesor Nova, entre los principales retos que actualmente afronta este sector figuran la falta de incentivos económicos para los productores agrícolas, los relativamente altos costos de producción, la baja productividad laboral, y la desconexión entre los precios nacionales e internacionales que reciben los productores de caña de azúcar.

Hay que seguir practicando

El béisbol moderno se vale mucho de la sabermetría, ciencia que prioriza la eficacia de cada jugada por encima de las estadísticas tradicionales. Una práctica análoga hará el Grupo Azucarero AZCUBA en la próxima zafra. En la parte agrícola “la eficiencia será el indicador esencial para la evaluación del estimado de la materia prima por procesar, que en adelante no será más por su cumplimiento”, anticipó Noel Casañas, vicepresidente de la entidad.

En los ingenios, agregó, habrá reglas más estrictas de control de la calidad de las reparaciones y se planifica que todos estén en operaciones a más tardar en enero, a fin de evitar las lluvias primaverales de mayo. La estrategia corrobora que en asuntos de azúcar, como en el béisbol, la sincronización sigue pesando más que el clima.

Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.

Leave a reply

Progreso Semanal, fundado por Francisco G. Aruca, es una publicación independiente con carácter progresista.
Editor: Álvaro Fernández
1602 Alton Road, Suite 28 Miami Beach, FL 33139.
Copyright © 2016 Progreso Weekly, Inc. Todos los derechos reservados